Enfermedad de Ménière

Especialidad de Otorrinolaringología

¿Qué es el síndrome de Ménière?

El síndrome de Ménière, que debe su nombre al médico francés que lo descubrió en 1861, es una enfermedad que afecta al oído, generalmente a uno solo cada vez, y se manifiesta con síntomas como silbidos (acúfenos), zumbidos, palpitaciones, sordera («oídos taponados») y progresivamente náuseas y vómitos, vértigos y pérdida de audición (hipoacusia). Los episodios pueden repetirse a intervalos más largos o más cortos. Los ataques de vértigo, en particular, pueden llegar a ser tan graves como para provocar la pérdida de equilibrio y caídas.

¿Cuáles son las causas del síndrome de Ménière?

Aunque todavía no se ha establecido un origen determinado de la enfermedad, según algunas investigaciones, el síndrome de Ménière lo provoca una vasoconstricción cuyo origen se encuentra a menudo en infecciones virales previas, reacciones autoinmunes, alergias o en algunos casos por herencia. Los síntomas que presenta la enfermedad de Ménière se deben a una acumulación anormal de líquido en el conducto auditivo interno, el laberinto. La función de mantener el equilibrio la llevan a cabo los canales semicirculares y los otolitos, pequeños órganos que se encuentran en el interior del laberinto. Además, el laberinto se divide en dos partes: el laberinto óseo y el laberinto membranoso. En este último se encuentran los órganos del equilibrio y en él se produce el desequilibrio del líquido endolinfático. En una situación normal, los órganos del equilibrio estimulan los receptores sumergidos en este líquido y a su vez envían información al cerebro sobre el movimiento y la posición, mientras que en presencia de la enfermedad de Ménière la acumulación es tal que impide el trabajo normal de los receptores y produce los síntomas ya mencionados. Aunque puede desarrollarse a cualquier edad, el grupo más afectado sigue siendo el de personas de 40 a 60 años. Además, las personas con trastornos inmunológicosenfermedades autoinmunes, infecciones virales, desequilibrios químicos de los electrolitos en el oído, enfermedades relacionadas con la circulación o casos en la familia tienen un riesgo mayor.

El síndrome de Ménière lo provoca una vasoconstricción cuyo origen se encuentra a menudo en infecciones virales previas
 

Diagnóstico del síndrome de Ménière

El primer paso para el diagnóstico del síndrome de Ménière comienza con la historia clínica del paciente y un reconocimiento del otorrinolaringólogo. El diagnóstico se basa principalmente en la presencia de los síntomas descritos anteriormente que tienen una duración superior a 20 minutos por episodio. En algunos casos, durante el reconocimiento, el médico también intentará evaluar la pérdida de audición, ya que se considera el síntoma más importante de la enfermedad. El reconocimiento puede utilizarse para determinar si la pérdida auditiva se originó en el oído interno, es decir, se trata de audición sensorial, o en el nervio acústico, es decir, se habla de audición neutral. Esto se hace con una electrococleografía, que registra la respuesta eléctrica del oído al sonido. Además, para comprobar el estado del sistema vestibular, que es el responsable del equilibrio, el especialista también puede recurrir al nistagmo o al procedimiento por el cual se introduce agua o aire en el oído hasta que provoca movimientos involuntarios de los ojos, a partir de los cuales se puede detectar el problema con el equilibrio. Para excluir el diagnóstico de cáncer, cuya fase aguda presenta síntomas similares a los de la enfermedad de Ménière, también es aconsejable realizar pruebas de TAC resonancia magnética.

Tratamientos para el síndrome de Ménière

Hasta la fecha, no existe un tratamiento específico para la enfermedad de Ménière, pero se utiliza una mezcla de diferentes tratamientos para mejorar los síntomas. El tratamiento farmacológico a base de psicofármacos y antihistamínicos de primera generación que actúan sobre los síntomas del mareo es el primer método utilizado. En casos más complejos, también se pueden utilizar medicamentos antieméticos para combatir los vómitos, antiinflamatorios e inmunosupresores. También se ha demostrado que algunos cambios en la dieta pueden ser beneficiosos en la lucha contra esta enfermedad. Entre ellos se incluyen: reducción de la sal, para reducir la retención de agua y, por lo tanto, del líquido acumulado en el oído; eliminación del tabaco, el alcohol, el chocolate y la cafeína, que empeoran los síntomas generales. El tratamiento psicológico para ayudar a la persona a sobrellevar mejor los episodios de ataques de vértigos y así mejorar su calidad de vida es otra de las herramientas. Por último, en los casos en que ninguno de los tratamientos anteriores ha producido mejoras, se puede utilizar la cirugía para descomprimir el saco endolinfático, la parte final del laberinto membranoso, o cortar el nervio vestibular.

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