Ligamentoplastia

Especialidad de Traumatología

¿Qué es la ligamentoplastia?

La ligamentoplastia es una operación endoscópica con la que se opera el ligamento cruzado anterior para sustituirlo por uno sano, donado por el mismo paciente y procedente de otra zona. Esto es necesario si se ha producido un traumatismo articular que ha provocado la rotura del ligamento en cuestión. La enfermedad se presenta con dolor intenso acompañado de hinchazón en la rodilla y derrame de líquido dentro de la misma.

¿Por qué se realiza?

La ligamentoplastia se realiza en casos de rotura del ligamento cruzado anterior. Estos se localizan en la parte central de la rodilla y tienen la función de estabilizar la articulación en el sentido anteroposterior. El trauma generalmente ocurre como resultado de un esguince o hipertensión en la rodilla durante una caída o un movimiento demasiado arriesgado. La intervención no solo restaura la estabilidad de la articulación, sino que también previene posibles daños adicionales al cartílago y al menisco.

La ligamentoplastia se realiza en casos de rotura del ligamento cruzado anterior

¿En qué consiste?

Esta operación restaura la estabilidad de la rodilla al retirar y luego trasplantar un ligamento del mismo paciente. En una primera fase se extrae un ligamento sano que luego se coloca en la zona del ligamento dañado. La duración del procedimiento no suele superar los 45 minutos y se recurre a la artroscopia, un tipo de cirugía endoscópica con la mínima invasividad y la posibilidad de intervenir en otros trastornos al mismo tiempo.

Preparación para la ligamentoplastia

La preparación para la operación de ligamentoplastia consiste en extraer una parte de un ligamento sano a través de una incisión quirúrgica. Los tendones donantes generalmente son los flexores de rodilla, el tendón rotuliano y el tendón del cuádriceps. Por lo general, solo se recomienda el uso de materiales sintéticos en caso de una nueva rotura del ligamento.

Recuperación postoperatoria

La recuperación después de una operación no suele durar más de tres días y es bastante sencilla. La extirpación del tendón no parece ocasionar problemas de movilidad desde el principio. El paciente ya puede mover la extremidad y colocarla con la condición de que se utilice un aparato ortopédico o muletas, cuyo uso debe durar al menos tres semanas. En las dos primeras semanas, dependiendo de la valoración del especialista, también pueden ser necesarias inyecciones de medicación para evitar la posibilidad de trombosis venosa. En unas seis semanas el paciente podrá volver a sus actividades cotidianas, aunque tendrá que esperar más para reanudar cualquier deporte. Es bueno aclarar que durante la recuperación el ligamento se va estabilizando gradualmente a través de un proceso bioquímico complejo, por lo que es bueno no sobrecargarlo, para que no aparezcan fisuras y seguir un programa de rehabilitación adecuado. Para más información consulte con un especialista en Traumatología.

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