Cardiología intervencionista en patología estructural y congénita

 ¿Qué es la Cardiología intervencionista en patología estructural y congénita?

La cardiología intervencionista en patología estructural y congénita, también conocida como «intervencionismo cardiaco estructural no coronario» aglutina un conjunto de procedimientos que tienen en común el acceso percutáneo (punción a través de un vaso sanguíneo, generalmente una arteria) para llegar al corazón y la utilización de dispositivos de diferente tipo y grado de complejidad.

Su denominación se debe al Dr. Martin León, cardiólogo intervencionista que agrupó las indicaciones y técnicas bajo ese nombre en 1998. Se podría definir como el conjunto de procedimientos terapéuticos percutáneos sobre patologías menos prevalentes que la patología coronaria (congénitas o adquiridas).

El objetivo inicial de este abordaje fue el diagnóstico y tratamiento de lesiones de las arterias coronarias, pero hacia los años 80 del siglo pasado, la cardiología intervencionista dio un salto hacia patologías no coronarias y comenzó a tratar mediante dilataciones con catéter lesiones de las válvulas aórtica y pulmonar (valvulotomías), coartación de aorta o tratamiento de la estenosis reumática de la válvula mitral, entre otras.

¿Por qué se realiza?

Fundamentalmente, los procedimientos que abarca el intervencionismo cardiaco estructural no coronario están destinados a: a) dilatar válvulas y vasos; b) ocluir defectos septales, vasos, orejuelas o comunicaciones anormales, tanto intra como extra cardíacos. Estos procedimientos, clásicamente realizados mediante una cirugía abierta, evitan la apertura del tórax y sus consecuencias.

En procesos congénitos, realizados generalmente sobre una población joven, la cirugía genera procesos de cicatrización y fibrosis que pueden condicionar o limitar intervenciones futuras.


En el caso de procesos adquiridos o degenerativos, la cirugía abierta supone una intervención con un riesgo elevado para la situación del paciente. Pacientes que no tendrían ninguna opción terapéutica por riesgo quirúrgico elevado o contraindicación, pueden beneficiarse hoy en día de procedimientos de menos riesgo, complicaciones, estancias hospitalarias menores y, por ende, una recuperación funcional más favorable.

¿En qué consiste?

Las dilataciones (válvulas/vasos) se realizan con catéter-balón; según el tipo de lesión, la implantación de endoprótesis (stent) la dilatación previene una posible reestenosis.


Los cierres de defectos septales, vasos, orejuelas o comunicaciones anormales se realizan con diversos tipos de dispositivos adaptados al tipo de lesión y características anatómicas de la zona donde se implantan.

Preparación para la Cardiología intervencionista en patología estructural y congénita

Los tipos de cardiopatía congénita susceptibles de estos procedimientos son diversos, con peculiaridades para cada una de ellas, pero con un esquema común que se puede resumir como sigue:

  • Diagnóstico: generalmente, el diagnóstico de la patología se lleva a cabo por técnicas de imagen, la más frecuente y conocida, el ecocardiograma transtorácico. Pero para la gradación exacta del defecto (leve, moderado, severo), estudio de estructuras anatómicas relevantes y posibles malformaciones asociadas, es frecuente que tengan que realizarse pruebas de imagen adicionales (a veces más de una), como: ecocardiograma transesofágico, cardiorresonancia, angiotac, cateterismo diagnóstico (asocia cateterismo izquierdo, a través de una arteria, para estudio de ventrículo izquierdo, aorta y/o arterias coronarias, y cateterismo derecho, para valorar estado de cavidades derechas y presión de arteria pulmonar).
  • Preoperatorio: aunque algunos de los procedimientos se realizan con anestesia local, el estudio preoperatorio suele ser similar al de una intervención con anestesia general. Así se evita la ansiedad en niños o mayores, favorece la monitorización transesofágica prolongada. El paciente se someterá a electrocardiograma y analítica de sangre, como mínimo; a veces se añade espirometría, radiografía de tórax u otras exploraciones que el anestesista considere oportunas.
  • El día de la intervención: algunos procedimientos pueden realizarse con una estancia hospitalaria corta (hospital de día), mientras que otros requieren pernoctación de al menos una noche (especialmente, si se realizan en horario de tarde). El paciente deberá acudir al hospital en ayunas, y seguir las instrucciones que se le hayan dictado relativas a medicación. Debe de vigilarse con especial atención la pauta de medicación con antiagregantes, anticoagulantes y antidiabéticos, que pueden requerir una modificación temporal en relación con el procedimiento. Además, es posible que se paute algún antibiótico para prevención de endocarditis infecciosa.

Lo recomendable es que el paciente acuda al hospital acompañado de un allegado al que informar de la evolución del procedimiento y que aporte su cercanía en un momento importante/delicado para la salud del individuo.

 Cuidados tras la intervención

Las primeras horas tras la intervención, el paciente permanece en unidad de monitorización para vigilar la aparición de potenciales complicaciones precoces. El acceso femoral de los catéteres hace necesario una incisión inguinal con sutura del vaso sanguíneo y de la piel. Es necesario permanecer tumbado hasta comprobar que no hay sangrado externo del vaso ni sospecha de un sangrado interno. Las complicaciones vasculares son unas de las más frecuentes, por lo que se les ha de prestar especial vigilancia.


La deambulación suele reiniciarse de forma precoz, y se sabe que el encamamiento prolongado no favorece la readaptación funcional del individuo. La comprobación de la eficacia de la intervención suele hacerse con un ecocardiograma antes del alta hospitalaria.


Es importante seguir las recomendaciones de actividad, curas de la herida, revisiones y medicación. Las medicaciones temporales que pueden añadirse tras estas intervenciones incluyen: heparinas de bajo peso molecular, antiagregantes (a veces, durante unos meses), antibióticos, analgésicos.

Alternativas a este tratamiento

Las alternativas a este tratamiento pasan por:

  1.  Ausencia de tratamiento: como se mencionó anteriormente, el motivo de realizar estas intervenciones es, en algunos casos, el alto riesgo o contraindicación quirúrgica. La ausencia de tratamiento implica que la enfermedad a tratar continuará su historia natural. Generalmente, en ausencia de intervención (quirúrgica o programada), estas patologías llevan a una vía final común de insuficiencia cardiaca. Existen fármacos para controlar los síntomas de la insuficiencia cardiaca o enlentecer su progresión, pero no son una terapia curativa. Otras complicaciones en el curso clínico de una patología no reparada incluyen formación de trombos (con riesgo de trombosis, embolias), arritmias o muerte súbita.
  2. Intervención quirúrgica: la intervención quirúrgica puede solucionar muchos de los problemas estructurales mencionados. No obstante, la recuperación funcional suele ser más lenta y las secuelas (fibrosis mediastínica, esternotomía) pueden condicionar intervenciones futuras.

Este artículo ha sido realizado por la Dra. Amelia Carro, especialista en cardiología en el Instituto Corvilud.

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