

La parálisis cerebral infantil (PCI) es un conjunto de alteraciones no progresivas de la postura y el movimiento que limitan la actividad. Esto es debido a una lesión cerebral ocasionada durante el desarrollo cerebral del feto o el niño pequeño, pudiéndose dar durante la gestación, el parto o en los primeros años de vida del niño.
En la actualidad, la PCI es la causa más habitual de discapacidad motórica en niños. Es común que los trastornos motores vengan acompañados de alteraciones perceptivas, sensoriales, cognitivas, de comunicación, epilepsia o musculoesqueléticos secundarios.
Podemos clasificar la PCI en función al momento en el que ocurre el daño cerebral:
Existen diversos tipos de parálisis cerebral infantil, según el tipo de trastorno motor que presente el niño:
Los síntomas de la patología variarán según el grado de afectación que presente el niño, por lo que puede haber una sintomatología más grave o más leve, según el caso.
Algunos de los síntomas que presentan los niños con PCI pueden ser los siguientes:
Según la afectación puede causar otras dificultades como falta de atención, percepción, memoria, razonamiento o lenguaje. Los niños con esta clase de trastornos tienen un mayor riesgo de presentar dificultades en el ámbito social y de padecer problemas relacionados con la salud mental.
La PCI es debida a una alteración o anormalidad en el desarrollo del cerebro, normalmente antes del nacimiento. Algunas de las causas pueden ser:
El pronóstico de la parálisis cerebral infantil dependerá de diversos factores, teniendo en cuenta la severidad y posibles complicaciones.
Los médicos aseguran que el pronóstico puede ser más concreto a partir de los dos años de edad, momento en el que el sistema nervioso está más desarrollado y, por lo tanto, será más claro observar el comportamiento del niño y su desarrollo físico y movilidad.
En casos con una sintomatología más grave, la expectativa de vida del niño o la niña puede verse disminuida, especialmente si afecta funciones básicas como podrían ser la deglución y la respiración.
Si tiene cierta independencia, es decir, es capaz de caminar o realizar otras funciones de manera autónoma, su expectativa de vida será mayor, siendo capaz de desarrollar una vida adulta normal según los cuidados, tratamiento y terapias que haya realizado.
Se calcula que un niño con síntomas severos de PCI puede alcanzar los 30 años de edad y, en el caso de una parálisis cerebral moderada, puede tener una expectativa de vida entre 60 y 80 años de edad.
El diagnostico precoz es fundamental, pero puede resultar muy complicado. En general, incluso en casos con lesiones durante la vida fetal, no se logra diagnosticar hasta meses, o incluso un año tras el nacimiento.
La información que puedan proporcionar los padres sobre antecedentes prenatales, natales y postnatales puede ser de gran importancia para el médico.
Para el diagnóstico se deberá realizar un examen físico detallado, con especial atención al desarrollo psicomotor del menor que se adecue a lo normal para su edad. Además, también se le hará un examen neurológico general. El médico también podrá realizar radiografías, tomografía axial computarizada, electrofisiológicos, análisis metabólicos y genéticos si fuera necesario.
Hay diversos factores de riesgo que se pueden evitar, basados en el cuidado de la madre y el bebé. Hay causas prenatales, natales y postnatales que se deben valorar ya que pueden influir en el desarrollo de la PCI.
Algunas de las recomendaciones a seguir son las siguientes:
Existen diversos tratamientos para que el niño o la niña con parálisis cerebral pueda mantener su calidad de vida. El trastorno se trata por un equipo multidisciplinar de especialistas que pueden trabajar en mejorar los movimientos, estimular el desarrollo intelectual o lograr desarrollar un nivel de comunicación correcto para beneficio de las relaciones sociales.
Algunos de los tratamientos pueden incluir:
La parálisis cerebral infantil se debe tratar por un equipo multidisciplinar entre los que encontraremos especialistas en Pediatría, Neurología, Neurocirugía, Traumatología, Fisioterapia, Logopedia y Psicología.