Third Culture Kid

Especialidad de Psicología

¿Qué es la Third Culture Kid?

La Third Culture Kid (TCK) o niños de tercera cultura son infantes que se han criado con una cultura diferente a la de sus padres o a la que le correspondería por la nacionalidad de su pasaporte. Este hecho, hace que incluso en el país donde legalmente se les considera nativos se sientan extraños. Esto también podría darse en adultos, en lo que se conoce como Adult Third Culture Kid.

Al comienzo, los Third Culture Kid se ven expuestos a un entorno con varias influencias culturales, lo cual les genera una sensación de inseguridad.

Este problema se da en niños que conviven durante periodos cortos con una cultura y antes de llegar a integrarse y hacerla suya se mudan a otro lugar.

Las tres culturas a las que nos referimos son:

  1. La cultura del país de los padres.
  2. La cultura del país donde reside actualmente su familia.
  3. La amalgama de las dos anteriores.

Los movimientos migratorios de estas familias hacen que los niños se vean envueltos en diversas inmersiones lingüísticas, mediante las cuales se vuelven bilingües o multilingües. Estas migraciones les convierten además, en camaleones culturales. No obstante, no poseen una identidad cultural que les identifique y que sientan como suya propia.

Los principales casos en que puede darse el TCK son:

  • Niños que han vivido o estudiado en el extranjero.
  • Niños que han inmigrado de su país.
  • Niños que han sido adoptados por una familia extranjera.
La Third Culture Kid (TCK) o niños de tercera cultura son infantes que se han criado con una cultura diferente a la de sus padres o a la que le correspondería por la nacionalidad de su pasaporte.

¿Por qué se realiza un tratamiento para los Third Culture Kid?

A estos niños les conviene realizar un tratamiento psicológico para poder desarrollar el apego a una cultura y sentir que pertenecen a ella. Gracias a ello lograran aumentar su autoestima y la confianza en ellos mismos. Arraigar les permitirá que no experimenten confusión sobre quién son.

Sin embargo, es altamente recomendable acudir al psicólogo, ya que este puede establecer unas pautas a los padres y unas rutinas al niño que ayuden a normalizar la situación.

Por un lado, estos infantes tienen más dificultades en obtener buenos resultados académicos que los niños sin este trastorno. Por otro lado, perciben como ofensivas algunas situaciones que socialmente aceptadas y experimentan confusión o enfado al mantener conversaciones sobre temas políticos y morales.

¿En qué consiste el tratamiento?

El profesional en Psicología en sus sesiones dotará a su paciente de un espacio donde procesar y ordenar sus pensamientos. El tratamiento consiste en trabajar conjuntamente con los padres para lograr que el niño se sienta parte de la cultura en la que vive. Para ello, es fundamental tener en cuenta los siguientes factores:

  • Hogar: es el lugar donde vivirá, por lo que debe ser un entorno agradable y conciliador en el que crezca feliz.
  • Centro educativo: al igual que en el hogar es un lugar donde permanecerá muchas horas a lo largo de la semana. Por este motivo, se debe prestar especial atención a la hora de escoger el más adecuado.
  • Entorno cercano: la identidad de los niños se construye a partir de las relaciones que estos establecen con otras personas. Los padres deben aconsejarlos para que creen lazos de amistad con gente afín a ellos.
  • Importancia de la despedida: si el niño se ve obligado a cambiar de residencia o escuela, debe tener la oportunidad de despedirse de su círculo de amigos. Debe poder expresar lo que siente y no reprimir sus emociones.
  • Escucha activa: ser el confidente del niño siempre que lo necesite. Es más importante saber escuchar que tener la solución a su problema. Al poder desfogarse se sentirá reconfortado.

¿Cómo afecta cognitivo y emocionalmente al niño?

Los TCK demuestran más madurez que los niños que no tienen este trastorno. Sin embargo, a partir de la edad de 20 años tardan más que sus compañeros en conseguir los objetivos que se proponen.

Estos infantes presentan varios episodios depresivos, además de estrés cada vez que se ven forzados a cambiar de localización. El motivo es que con cada mudanza dejan atrás muchas cosas y al establecerse en el nuevo hogar se sienten desamparados y fuera de lugar.

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