

La leucemia es una enfermedad de la sangre en que la médula ósea produce glóbulos blancos anormales (células blásticas leucémicas o células de leucemia).
Estas células se dividen, reproduciéndose a sí mismas, lo que provoca una proliferación de células alteradas que no mueren cuando envejecen, de manera que se acumulan y desplazan a las células normales. De esta forma se disminuyen las células sanas, con los consecuentes problemas de transporte de oxígeno a los tejidos, en la curación de infecciones o en el control de hemorragias. El hecho de que se proliferen las células inmaduras y anormales a la sangre hace considerar la leucemia un tipo de cáncer de sangre.
Existen diversos tipos de leucemia:
El pronóstico de la leucemia varía en función del tipo de leucemia y la edad del paciente, aunque en general es considerada una enfermedad grave. Así, los niños pequeños diagnosticados de leucemia linfática aguda y los pacientes con leucemia mieloide aguda tienen un buen diagnóstico de recuperación. Los pacientes mayores de 50 años pueden necesitar quimioterapia para dejar atrás la enfermedad.
Por otro lado, la leucemia crónica no puede curarse totalmente, si no que va progresando lentamente y puede tratarse para frenar su avance. El pronóstico en esta enfermedad es peor en pacientes que están muy anémicos, y en muchos casos la única posibilidad de supervivencia es un trasplante de médula ósea.
Los síntomas de la leucemia varían según el tipo de leucemia. Así, los más frecuentes son:
Además, otros síntomas comprenden:
El diagnóstico de la leucemia se puede componer en tres fases, que se realizan en cuanto comienzan los síntomas:
En primer lugar se realiza la exploración física, en la cual el médico valorará la palidez de la piel, la inflamación de los ganglios o el volumen del bazo y el hígado. Si se encuentran irregularidades, se realiza un análisis de sangre para determinar si existen niveles anormales de glóbulos blancos, rojos o plaquetas.
Para acabar de determinar el diagnóstico, se puede realizar un análisis de la médula ósea, que se realiza extrayendo una pequeña muestra del hueso de la cadera con una aguja fina.
Normalmente no se puede establecer una causa concreta para la leucemia. Sin embargo, sí existen una serie de factores de riesgo que pueden considerarse causas:
Actualmente no existe ninguna forma de prevenir la leucemia. En cambio, sí se recomienda llevar una vida saludable sin hábitos tóxicos, que ayudarán en la prevención de otros cánceres y a afrontar mejor el tratamiento que se recomiende.
El tratamiento básico de la leucemia es la quimioterapia, procedimiento mediante el cual se inyectan unos medicamentos destinados a destruir las células cancerosas. El tratamiento tiene 4 fases:
El hematólogo es el especialista encargado de las patologías que afectan a la sangre, como es el caso de la leucemia.