Embolización prostática

Especialidad de Radiología

¿Qué es la embolización prostática?

La embolización prostática es un tratamiento mínimamente invasivo para tratar la hiperplasia benigna de próstata (agrandamiento de la próstata no canceroso), así como de sus síntomas asociados.

La hiperplasia benigna de próstata es una de las enfermedades más frecuentes en el hombre y afecta a un porcentaje importante de varones de más de 60 años, llegando hasta un 80% de pacientes mayores de 80.

Es una intervención que se realiza mediante ingreso de 24h o en hospital de día, con anestesia local, por lo que no es doloroso.

Es una técnica mínimamente invasiva que comenzó a emplearse en el año 2009. Los pioneros de la técnica, tanto el Dr. Pisco, en Portugal, como el Dr. Carnivale, en Brasil, llevan realizados más de 1.000 procedimientos con éxito. Existen ya trabajos publicados con los resultados a medio y largo plazo en una serie amplia de pacientes, con resultados satisfactorios.

En 2018 tanto la agencia americana, Food and Drugs Association (FDA), como la Agencia Pública de Salud Inglesa (NICE), hicieron una recomendación expresa de la utilización de la embolización prostática.


¿Por qué se realiza?

La embolización prostática se realiza para tratar la hiperplasia benigna de próstata y sus síntomas, es decir:  

¿En qué consiste?

A diferencia de los tratamientos clásicos, la embolización prostática es un tratamiento no quirúrgico y, por tanto, exento de los efectos secundarios de la cirugía directa. Mediante anestesia local el especialista en Radiología Intervencionista realiza una pequeña punción en la ingle, para el cateterismo de la arteria y mediante un sofisticado sistema de imagen que, en todo momento, monitoriza su correcta realización. El objetivo final de la técnica es taponar de forma precisa las arterias de la próstata para conseguir su progresiva reducción de tamaño.

El cateterismo arterial se realiza en la sala de angioradiografía, la cual está dotada de un sistema sofisticado de imagen radiológica que permite identificar y taponar de forma precisa las arterias de la próstata mediante la inyección de partículas esféricas de pequeño tamaño.

Las ventajas de esta técnica son múltiples:
  • Se realiza en régimen de hospital de día (sin ingreso hospitalario o con un ingreso de 24h).
  • La recuperación es muy rápida, entre 48-72h.
  • No existen complicaciones clásicas asociadas a la cirugía, ya que no es una cirugía en sí.
  • No se produce disfunción sexual.
 

Preparación para la embolización prostática

Antes de la decisión de realizar este tratamiento es necesaria una revisión previa por parte del especialista en Urología, donde se descartará la posibilidad de cáncer de próstata, que contraindicaría la embolización. Debe realizarse, además de la determinación del antígeno prostático específico (PSA), una ecografía, para ver el estado de la vejiga y una flujometría urinaria, para valorar el grado de obstrucción. También es importante realizar un test de calidad de vida. Hay muy pocas contraindicaciones para realizar esta técnica. Son, básicamente, sufrir enfermedad vascular severa y la alergia conocida al contraste yodado que se utiliza durante la técnica. La existencia de una próstata muy grande, lejos de ser una contraindicación, es una condición favorecedora del éxito de la técnica. Por el contrario, próstatas pequeñas de menos de 30grs., no serían tributarias de dicho tratamiento.

 

Cuidados tras la intervención

Tras la embolización prostática el paciente requerirá únicamente la toma de antiinflamatorios y protección antibiótica durante una semana. El alta al domicilio permite a los pacientes, desde las primeras horas, poder realizar una rápida incorporación a la vida normal.


Alternativas a este tratamiento

En función de lo avanzada que esté la enfermedad prostática y la gravedad de sus síntomas (escala IPPS), podemos diferenciar 3 grandes grupos: pacientes con sintomatología leve, moderada o severa.
  • Los pacientes con síntomas leves o moderados pueden ser tributarios de tratamiento médico con medicamentos del grupo de los inhibidores de la 5 alfa reductasa o los alfa bloqueantes. En general, son medicamentos mal tolerados, por los efectos secundarios que producen. En el caso de la 5 alfa reductasa: disminución del deseo sexualdisfunción eréctil y eyaculación retrógrada. En los alfa bloqueantes son síntomas más generales: dolor de cabeza, cansancio o hipertensión arterial. Además, hay que destacar que estos medicamentos actúan sobre los síntomas pero no consiguen frenar el crecimiento de la próstata.
  • La alternativa quirúrgica en casos de sintomatología severa es la cirugía por vía transuretral, que es la resección transuretral (RTU). En ella solo se elimina parte del tejido que rodea la uretra y condiciona la dificultad o imposibilidad de micción. En estos casos severos puede requerirse la cirugía abierta o prostatectomía, que sí consiste en una resección completa de la próstata. Sin embargo, esta técnica se relaciona con un mayor número de complicaciones.
  • Otras técnicas mínimamente invasivas, como el láser. Estas pueden ser efectivas pero solo en el caso de próstatas de tamaño pequeño.
  • Las complicaciones que se relacionan con estas técnicas son la estenosis de canal o del conducto, incontinencia urinaria, disfunción sexual y, en un porcentaje importante, la eyaculación retrógrada o “eyaculación seca”, donde el semen retrocede a la vejiga y no se expulsa a través del pene.
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