Comunicación en la pareja

Escrito por: Francisco Javier Aparicio Felipe
Publicado:
Editado por: Albert González

Si consideramos que comunicación y conducta son sinónimos, cualquier conducta se entiende como un acto de influencia y tiene efectos sobre las conductas de las dos o más personas que interactúan. Entendiendo siempre la interacción como un proceso de cambio en la influencia recíproca en el que cada individuo modifica su comportamiento como reacción al comportamiento del otro. El individuo social participa en todo momento, de forma involuntaria debido a sus gestos, su mirada, su silencio, etc.

 

La comunicación en general, y en especial en las relaciones de pareja, puede constituir el elemento más importante de una relación, al igual que las discusiones pueden ser el elemento más destructivo.

 

Hay mujeres y hombres que por su sexo se comportan de manera diferente. Esto es así porque aceptan que la diferenciación sexual implica diversas variantes estructurales, químicas y funcionales entre el cerebro del varón y el de la mujer, que afectan a todos los ámbitos del individuo.

 

Parece que una de las mayores diferencias entre hombres y mujeres está en el modo en que hacen frente al estrés de pareja. Los hombres tienden a mostrarse cada vez más concentrados e introvertidos, y las mujeres cada vez más abrumadas y emotivas. La incomprensión e inaceptación de estas diferencias pueden crear roces innecesarios en nuestras relaciones.

 

Por otro lado, hay mujeres y hombres que piensan que este planteamiento de las hormones y el sexo son totalmente incorrectos, pero que su sencillez y simetría nos lleva a él.

 

Al final, debates aparte, es simplemente un marco de referencia para poder ser conscientes de aspectos biológicos, educacionales y sociales. Esto nos ayudará aún más en una comunicación de calidad.

 

Y ahora, ¿qué podemos hacer para ser más constructivos?

Mientras que los desacuerdos y los conflictos son habituales, el modo de encararlos es lo que marcará la diferencia.

 

Cuando interaccionamos con nuestra pareja, ante cualquier demanda, propuesta u opinión suya, básicamente pueden darse tres posibilidades:

  • Que la aceptemos plenamente y coincidamos: “si cariño, taparé al cubo de la basura. Tienes toda la razón”.
  • Que no la aceptemos y suponga contrariedad para ambos: “otra vez con la misma tontería del cubo”.
  • Que sea ambivalente: coincidimos en una parte, pero en otra no: “Si cariño la taparé, pero creo que no es tan importante”.

 

Hombres y mujeres afrontan distinto el estrés de pareja.

 

Tanto en la segunda como en la tercera situación, existe un desacuerdo. Si se decide ocultar la diferencia de criterios puede evitar la expresión del conflicto a corto plazo, pero empeorarlo a la larga, pues el conflicto originario sigue subyacente.

 

Es imposible no comunicar. Y cuando lo hacemos, adoptamos uno de los tres posibles estilos muy relacionados con nuestro grado de autoestima:

  • Pasivo.
  • Agresivo.
  • Asertivo.

 

No toda la relación entre los miembros de una pareja pasa por una comunicación explícita, lo verbal puede estar condicionado de aspectos implícitos (sexo, género, emociones, expectativas, atribuciones, deseos, creencias, etc.) que si no son puestos de manifiesto pueden generar desencuentros.

 

Es en este sentido que se produce un doble diálogo, el que se intercambia con el otro y el que tiene lugar en el mundo interno de cada individuo que interacciona consigo mismo.

 

En la medida en que no exista una coherencia entre lo que se piensa, se sienta y se diga o haga, se estará contribuyendo a obstaculizar el entendimiento y, por lo tanto, también dificultando una comunicación de calidad.

 

La buena comunicación va a ser un elemento indispensable en el mantenimiento, consolidación o reconstrucción de la autoestima propia y mutua.

 

Aumentar la inteligencia y/o formación implica una visión flexible de la vida, fomentar el propio crecimiento y estar abierto para poder observar la evolución del cónyuge y de la relación (sistema dinámico, en constante cambio).

 

La comunicación en la pareja no tiene como objetivo informar, sino entenderse, promover un encuentro entre el tú y el yo para formar un nosotros.

Por Francisco Javier Aparicio Felipe
Psicología

Francisco Javier Aparicio es un reconocido psicólogo clínico sanitario y coach personal de Barcelona. Entre sus especialidades destaca el coaching enfocado al crecimiento personal, terapias de pareja, tratamiento de las adicciones, ansiedad y fobias.

A lo largo de su trayectoria como psicólogo ha seguido formándose en su especialidad a través de cursos, talleres, seminarios y congresos. También es coordinador del Grupo de Trabajo de Psicoterapia Ecléctica, Sección de Psicología Clínica, de la Salud y Psicoterapia y miembro del Grupo de Trabajo de Regulación Emocional, de la Sección de Psicología Coaching del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña.

En la actualidad, dirige y ejerce como psicólogo y coach en su propio centro Xavier Aparicio Felipe.

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