Cómo asegurarnos del diagnóstico de Autismo

Trastorno del Espectro Autista: diagnosticarlo correctamente y con naturalidad

Escrito por: Dr. Victor Casaprima Sagués
Publicado: | Actualizado: 11/08/2018
Editado por: Patricia Fernández Ramos

El Trastorno de Espectro Autista (TEA) es una entidad de difícil abordaje ya desde el diagnóstico.

A modo de introducción, es importante decir que, a lo largo de diferentes periodos, ha sufrido cambios en su clasificación:

  • 1967: CIE-8 Autismo infantil clasificado como subgrupo de la esquizofrenia
  • 1978: CIE-9 Autismo infantil clasificado como una psicosis de la infancia

Finalmente, en 1980 (DSM-III), en 1987 (DSM-III-R) y en 1993 (CIE-10), hubo diversos criterios de investigación y en 1994 (DSM-IV), se clasifican el autismo y otros trastornos autísticos como “Trastornos Generalizados del Desarrollo” (TGD), que ha sido el trastorno seguido hasta que en 2012 el DSM-V (Manual de diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría), modificó el diagnóstico a TEA (Trastorno de Espectro Autista).

Hasta entonces, en los TGD se incluían 5 subgrupos:

  • Trastorno autista
  • Síndrome de Asperger
  • Trastorno desintegrativo de la infancia
  • Trastorno general del desarrollo no especificado
  • Síndrome de Rett

Actualmente en DSM-V se considera que el Síndrome de Rett no pertenece a este grupo y las cuatro categorías restantes se engloban dentro del concepto general de Trastorno de Espectro Autista, que a su vez se sitúa en un contexto más amplio de trastornos del neurodesarrollo.

 

El Trastorno del Espectro Autista, un síndrome de difícil diagnóstico

Estos cambios en la clasificación también se acompañan de cambios en los criterios de diagnóstico que también son difíciles de delimitar por parte del especialista en Medicina Familiar. Todo ello conduce a que la evaluación de un niño que acude a consulta con la sospecha de un trastorno de espectro autista deba ser muy delicada, experta y prudente.

diagnosticar autismo niños

A menudo es fácil y al mismo tiempo peligroso atarse precozmente a los criterios de manual (actualmente DSM-V que, como sabemos, ha ido variando). La observación y valoración de cada paciente debe ser hecha con minuciosidad, analizando diferentes contextos ambientales, evaluando su historia personal (embarazo, parto, salud, desarrollo psicomotor…), antecedentes familiares, circunstancias potencialmente traumáticas, etc.

De acuerdo con la experiencia no debemos emitir un diagnóstico de TEA en niños menores de 4-5 años (aunque el criterio deba ser que los signos surjan antes de los 36 meses). El cerebro infantil es muy plástico e influenciable, pudiendo expresar conductas sospechosas (según criterios diagnósticos de manual) pero con un origen etiológico muy diferente que, a su vez, tienen opciones terapéuticas diferentes y posibilidades de evolución también distintas. Pongamos algunos ejemplos:

  • Niños sin alteraciones objetivas de hipoacusia, pero alteración auditiva en forma de hipersensibilidad, con cierre de la escucha (oye pero no integra), componente de irritabilidad. Es frecuente que esta alteración provoque conductas de defensa en forma de aislamiento, ausencia de atención a las órdenes, mirada perdida.
  • También es importante descartar otitis subagudas (no dan clínica) a temprana edad, responsables de dolor sordo sostenido y alteración de la escucha que pasa desapercibida, afectando a la comunicación y la socialización. A veces se acompaña de irritabilidad e inquietud.
  • Alteración en la integración de reflejos primitivos, especialmente reflejo de moro y reflejo tónico laberíntico. Podemos observar trastornos de la adaptación al entorno en forma irritabilidad y bloqueo, así como con hipotonía y retraso madurativo sensopsicomotor.
  • También hacer mención de muchos casos de niños adoptados, con trastorno de estrés post-traumático (TEPT), por rechazo o abandono, cuyas conductas en las formas disociativas se asemejan a los criterios de TEA.
  • Los casos de estrés postraumático también los podemos ver en otros pacientes no provenientes de adopción. Lo hemos podido apreciar en niños con cerebro hipersensitivo, que hayan vivido circunstancias “traumáticas para su sensibilidad” (como, por ejemplo, en ambiente familiar sobreprotector que han sufrido un bloqueo al asistir al jardín de infancia, con trastorno de ansiedad por separación que, en niños, puede provocar síntomas de TEA).
  • La ansiedad por miedo de cualquier tipo puede resultar muy incapacitante en cerebros predispuestos y desarrollar mecanismos de defensa conductuales de aislamiento.

 

Cómo diagnosticar correctamente un posible caso de Autismo: estudiar con naturalidad las reacciones infantiles

El diagnóstico de TEA suele ser muy angustioso para las familias. No se trata de esconder una realidad diagnóstica, pero sí evitar adelantarnos a emitir un diagnóstico todavía incierto y que puede provocar un componente de angustia que altere el vínculo de relación familiar, agravando las consecuencias.

De acuerdo con los estudios de programación neurolingüística (PNL), el efecto de las palabras sobre la reacción conductual de las personas es muy importante.

En la consulta acuden muchas familias con un diagnóstico de TEA y su conducta hacia el niño es de un examen permanente, comprobando sus respuestas y reacciones a diferentes estímulos… Este estado de ansiedad es captado por el niño, que agrava su conducta.

En nuestra experiencia es fundamental hacer una valoración exhaustiva y analizar con naturalidad las reacciones infantiles, emitir un diagnóstico de “situación” en la curva del desarrollo neurosensopsicomotriz, y estudiar las circunstancias interferentes o posibilidades etiológicas que alteren la reacción conductual normal. A partir de este diagnóstico de situación y posibles causas y desencadenantes, se debe elaborar un tratamiento individualizado.

Es importante, en este sentido, hacer referencia a la psiquiatra británica Lorna Wing (1928 - 2014) y a la Dra. Judith Gould (National Austistic Society States), que dicen en relación al Autismo:

  • Las categorías no han aportado luz a la hora deprescribir el tipo de educación ni el manejo y el tratamiento de la conducta.
  • El cuadro clínico de las personas con trastornos del espectro autista encaja mejor en el concepto de múltiples dimensiones que en el concepto de categorías separadas y definibles.
  • Las necesidades individuales se evalúan de forma más precisa desde un perfil de niveles en distintas dimensiones que con la atribución de un diagnóstico categórico.

Por Dr. Victor Casaprima Sagués
Medicina Familiar

El Dr. Casaprima es un reputado especialista en Medicina Familiar. Cuenta con más de 30 años de experiencia en la profesión y una extensa formación en distintos campos de la especialidad. En 1988 fundó, junto con el Dr. Catalán Balaguer, el Dr. Ferré Veciana y el Dr. Mombiela Sanz, el Instituto Médico del Desarrollo Infantil, con el objetivo de profundizar en el diagnóstico y el tratamiento de los niños con trastornos de desarrollo desde una visión neurofuncional. Así, se encargan de estudiar el desarrollo cerebral, la evolución del aparato psicomotor, los trastornos de lateralidad, la dislexia o los problemas de aprendizaje, entre otras patologías.

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