¿Por qué nos deprimimos?

Escrito por: Enrique de la Torre Martínez
Publicado: | Actualizado: 16/07/2018
Editado por: Anna Raventós Rodríguez

La depresión es un trastorno mental frecuente que afecta a casi trescientos millones de personas en todo el mundo. Es la principal causa mundial de discapacidad, y en proporción, afecta casi al doble de mujeres que de hombres. En España, el tanto por ciento de personas con síntomas depresivos alcanza anualmente el 4%.

Es entre la edad de los catorce y los cuarenta y cinco años donde se da la mayor prevalencia de la enfermedad. Por tanto, produce un gran impacto en los ámbitos de la educación, de la productividad laboral, del funcionamiento y de las relaciones personales. También los síntomas están ligados a la edad de precipitación; por ejemplo, en los jóvenes los síntomas son mayoritariamente comportamentales, mientras que en los adultos el tema somático alcanza niveles frecuentes en sintomatología.

 

La depresión

La depresión es un fenómeno fundamentalmente moderno. Se extiende como una epidemia desde 1970. Una fecha, suele decirse de nacimiento, pero debemos entenderlo como el surgimiento del término "depresión" y no de la “enfermedad” en sí.

En el siglo XIX este término no existía. En 1904, Larousse da un sentido figurado derivado del siglo XVIII: "depreciación". Hay un empleo literario donde el sentido se aplica al alma sin estar vinculada a una patología, y un empleo médico que alude a una disminución de las fuerzas "físicas y morales”.

En lo que va de la Antigüedad hasta 1970, la depresión era un fenómeno o manifestación que podía presentarse en todo individuo y en toda gran patología, sin ser específica de ninguna en particular.

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Sintomatología de la depresión

La depresión se presenta como un conjunto de síntomas de predominio afectivo, esto es, tristeza patológica, anhedonía (falta de deseo), apatía, decaimiento, desesperanza, sensación subjetiva de malestar e impotencia frente a las exigencias de la realidad. De la misma manera, también se manifiestan síntomas de corte cognitivo y somático, por lo que nos permite indicar que se trata de una afectación global tanto psíquica como física, subrayando enfáticamente el ámbito afectivo.

Además, pueden aparecer otros síntomas, como los sentimientos de culpa o de incapacidad, la irritabilidad, el pesimismo ante el futuro, las ideas de muerte o de suicidio, la pérdida de confianza en uno mismo o en los demás, la disminución de la concentración y la memoria, la intranquilidad, los trastornos del sueño y la disminución del apetito y de la libido, entre otros.

 

Melancolía, tristeza y depresión

Para un especialista en Psicología es importante distinguir el porqué de la depresión, si ésta corresponde a algo del orden de carácter neurótico o a un desencadenamiento de carácter psicótico. De ahí que la depresión también esté asociada a estados melancólicos.

La melancolía es un agobio de tristeza, con una especie de dolor intransmisible y que hace a la persona perder el gusto por casi todo.

Lo que llamamos ahora depresión estuvo indicado en su día como tristeza, fue su primera aproximación (cuestión importante porque ella misma nos habla de un desfallecimiento, de algo que ha caído: el deseo). Aquí no se trata de un más o de un menos, algo cuantitativo, sino de algo mucho más profundo que es el desfallecimiento de lo que es el motor del ser humano, el deseo.

El abordaje farmacológico de la depresión deja de lado la cuestión del sujeto, de la subjetividad, reduciendo la problemática a un estado de ánimo, y que desde la ciencia imperante responde a un “desequilibrio” químico. Así, se sostiene que la fluoxetina, que es un medicamento que interviene a nivel intersináptico en la recaptación de la serotonina, y alcanza la idea de que un sujeto que está deprimido es porque se encuentra en un nivel bajo de serotonina, y por tanto creándose un mayor nivel de ella, se invertiría el estado de ánimo.

 

Depresión: impotencia ante la incapacidad de alcanzar un deseo

Los sujetos depresivos no suelen expresar una demanda de tratamiento, y ante ello, responden con algo del tipo “es así, hay pocas cosas que añadir”. A diferencia del sujeto angustiado que anticipa eventos sombríos y catastróficos, el sujeto deprimido habla como si dichos eventos ya se hubieran producido en el pasado. Su estado no produce enigma en él. Cuando viene a consultarnos generalmente es por alguna indicación o algún impulso fuerte dado por otro, pero no por sí mismo.

Si las cosas tienen valor para una persona es debido a cómo se sitúa en relación con su deseo, no porque las cosas tengan un sentido ya dado anticipadamente, sino en la relación que cada sujeto mantiene con aquello que causa su deseo. Por tanto, es fundamental que podamos indagar sobre el estado del deseo del sujeto que se presenta ante nosotros y que el parecer es que le da igual aquello que le suceda.

Así, la predisposición a la depresión está dada por la fijación a experiencias de impotencia/indefensión. De este modo, cada vez que la persona se sienta impotente con relación a sus aspiraciones se reactivarán todas aquellas experiencias, reales e imaginarias, en las que dominó ese sentimiento.

Los elementos que conformarían el estado depresivo en tanto condiciones necesarias que definen su estructura son:

  • Existencia de un deseo que ocupa un lugar central en la economía psíquica del sujeto.
  • Sentimiento de impotencia para realizar un deseo.
  • Impotencia para la realización del deseo que no queda restringido al presente sino que abarque también el futuro; es decir sentimiento de desesperanza.
  • Las consecuencias motivacionales, abulia e inhibición psicomotriz y afectivas, tristeza, del sentimiento de impotencia/desesperanza.

Por Enrique de la Torre Martínez
Psicología

Enrique de la Torre Martínez es un destacado especialista en Psicología. Es director y psicoterapeuta en el centro Apertura Psicológica.

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