¿Por qué es importante aprender a gestionar nuestras emociones?

Escrito por: Lluís Maestre Funtané
Publicado:
Editado por: Cristina Mateo

Las emociones son reacciones involuntarias y automáticas que nos predisponen a actuar de forma eficaz ante las situaciones relevantes para nuestra supervivencia. No obstante, tenemos cierta capacidad de influir en nuestras emociones, así como en su duración, intensidad y consecuencias.

 

Nuestras emociones primarias son la sorpresa, el miedo, la ira, la alegría, la tristeza y el asco. Más allá, encontramos las emociones complejas, como la vergüenza, la culpa o la indignación. Podemos aprender a controlar nuestras emociones y así influir en nuestra experiencia y expresión emocional.

 

La regulación emocional se considera efectiva cuando el grado de control que se tiene sobre ella se adapta a las características de la situación y a los objetivos personales a largo plazo.

 

Más del 50% de los pacientes diagnosticados con depresión también presentan, al menos, un trastorno de ansiedad

 

Mientras que la regulación inefectiva de las emociones se relaciona con el desarrollo y mantenimiento de un 75% de diferentes trastornos mentales.

 

Investigaciones recientes sugieren que la evaluación de la capacidad de regulación emocional de una persona con un trastorno psicológico se puede considerar en sí misma como un proceso de diagnóstico.

 

 

¿Cómo aprendemos a regular nuestras emociones?

 

De niños, nuestros padres, abuelos y allegados suelen contarnos cuentos que evocan en nosotros todo tipo de emociones. La expresión del adulto se convierte en un espejo que nos comunica las emociones que estamos experimentando. A medida que crecemos y gracias a este aprendizaje conseguimos contener nuestras propias emociones.

 

De manera que para conseguir una adecuada capacidad de regulación emocional debemos ser conscientes de la intensidad de nuestro estado emocional y aprender a diferenciar claramente las distintas emociones primarias y complejas, además de ser capaces de controlar conductas impulsivas en situaciones de malestar.

 

No obstante, la ausencia o insuficiencia de estos procesos de contención puede dificultar que la persona aprenda por sí misma a regular y clamar sus propias emociones.

 

El abuso de sustancias, la esquizofrenia y otros trastornos también influyen en la capacidad del individuo para regular sus emociones 

 

Ante situaciones traumáticas o de retraumatización es muy probable que se produzca una desregulación emocional. Lo importante es aprender a controlar esta situación y gestionar las emociones de la manera más adecuada posible, ya que una inadecuada gestión emocional puede conducirnos a estados disfuncionales y desadaptativos.

 

En muchos momentos debemos regular nuestros estados emocionales, ya sean de miedo, ira, tristeza o entusiasmo para adaptarnos a nuestro entorno social y a los retos cotidianos de nuestra vida.

 

 

Las situaciones traumáticas pueden provocar desregularización emocional.

 

¿Qué se puede hacer para mejorar la regulación emocional?

 

Aprender a controlar las emociones no es una tarea sencilla, pero tampoco imposible. Solo depende de uno mismo. Hasta hace poco, en la terapia cognitiva prestaba atención a la primera parte del proceso de gestión de las emociones relacionada con la interpretación que el sujeto hacía de una determinada situación. Sin embargo, esto es insuficiente.

 

Así que más adelante se empezó a aplicar la terapia conductual centrada en el desarrollo de conductas de regulación que promueven experiencias positivas correctoras.

 

El entrenamiento en habilidades de regulación emocional focaliza en cuatro capacidades reguladores a través de procesos basados del modelo cognitivo conductual:

  1. Atención: se trabaja la capacidad de promover habilidades que permitan una mayor conciencia de las emociones. Para ello se utilizan técnicas, que requieren práctica diaria, basadas en ejercicios de concentración de las sensaciones corporales, la respiración diafragmática y la relajación muscular progresiva.
  2. Apertura: en este caso, el entrenamiento va dirigido a explorar y aceptar las emociones a través de ejercicios en imaginación, para contactar con las sensaciones, emociones y pensamientos que aparecen ante las dificultades y retos que se presentan a diario.
  3. Distanciamiento: el entrenamiento en distanciamiento utiliza técnicas de concentración en las sensaciones corporales.
  4. Reformulación: se utiliza la reevaluación realista, la reevaluación positiva y la reevaluación compasiva.

Por Lluís Maestre Funtané
Psicología

El reconocido psicólogo clínico en Girona Lluís Maestre Funtané lleva más de 30 años de trayectoria profesional en equipos de Psiquiatría y Psicología en Barcelona y Girona. Doce años como psicólogo clínico en el Servei de Psiquiatria i Psicologia del Hospital General de Catalunya y ocho en de la Clínica Bofill de Girona.

Abrió su actual consulta privada en Girona en 2007. Psicólogo clínico en la Red Pública de Salud Mental desde 2017. Dispone del titulo oficial de Psicólogo Especialista en Psicología clínica. Es Diplomado Superior en Psiquiatría y Psicología Médica por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona. Tutor de prácticas de alumnos de Psicología de la UAB, la UdG y la UOC y del Máster de Medicina Conductual de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Además, participa habitualmente en congresos y jornadas, y ha colaborado en diversas publicaciones de Psicología clínica y salud mental. Fundador de la Secció de Psicología de l’Agrupació de Ciències Mèdiques de Girona. Es miembro de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes y de la Societat Catalana de Recerca i Teràpia del Comportament.

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