Conoce en profundidad en qué consiste la dependencia emocional

Escrito por: Lluís Maestre Funtané
Publicado: | Actualizado: 15/07/2018
Editado por: Top Doctors®

dependencia emocionalSiendo, como somos, animales sociales, es natural que exista una cierta dependencia emocional en nuestras relaciones, lo que hace que nos necesitemos los unos a los otros. El problema se da cuando una persona es controlada por esa necesidad1, pues eso se traduce en miedo a la pérdida, a la soledad o al abandono, cosa que corrompe el vínculo afectivo hasta hacerlo vulnerable y patológico desde el punto de vista psicológico.

El mito del amor romántico (muy arraigado en nuestra cultura) lleva a muchas personas a esperar la llegada de un príncipe azul o princesa que les convierta, a su vez, en princesas o príncipes, equiparando enamoramiento con amor. Estos anhelos apasionados llevan a olvidar algunas de las condiciones realmente básicas en toda relación: el cumplimiento de los derechos y deberes de cada cual y el respeto mutuo.

El amor no ha de ser control ni compasión, ni entrega sin reservas, ni mucho menos sometimiento. Sin embargo, a través de la dependencia emocional, la persona queda presa de sus fantasías románticas y puede llegar a comportarse como un niño que intenta poseer a sus padres en exclusiva para superar el miedo a la soledad y al abandono.

Los principales factores de protección para evitar caer en la dependencia emocional pasan por realizar una revisión crítica ante la idealización de las relaciones de pareja y por fomentar la fortaleza emocional2.

 

Dependencia emocional: qué es y qué ocasiona

Aunque la dependencia emocional no es propiamente un trastorno psicológico, sí que es fuente de numerosos problemas psicológicos y estrés en las relaciones personales, principalmente en el ámbito de las relaciones afectivas: familiares, de amistad y especialmente, relaciones de pareja. En muchas ocasiones las personas que establecen relaciones basadas en la dependencia emocional no son conscientes de ello, a pesar de los múltiples trastornos que pueden llegar a desarrollar, entre ellos depresión, trastornos psicosomáticos, crisis de angustia u otros cuadros de ansiedad.

Antes de la adolescencia no suele considerarse un problema, excepto en casos extremos, pero en personas adultas que pueden gozar de autonomía, la dependencia emocional es una vinculación insana donde acaban predominando sentimientos negativos como dolor, rabia y miedo, dentro de un ambiente abusivo, posesivo e inaccesible que se basa en el desequilibrio y en la desigualdad3. La dependencia emocional lleva a una persona a someterse a la otra, no solo cuando ésta proporciona afecto y seguridad, sino incluso en casos en que el rechazo y el desprecio resultan habituales. El argumento que emplean es que, en cualquier caso, lo más importante es no perder la compañía del otro4.

Es importante diferenciar entre dependencia instrumental y dependencia emocional. La primera se caracteriza por la falta de autonomía en la vida cotidiana, inseguridad, escasa capacidad para tomar decisiones, asumir responsabilidades y desenvolverse con eficacia. La dependencia emocional, en cambio, viene determinada, sobre todo, por elementos emocionales y motivacionales hacia la persona de quien se depende como fuente de satisfacción y seguridad personal, es decir, para satisfacer necesidades afectivas. Es por este motivo que la dependencia emocional no implica incapacidad ni necesidad de ayuda o protección en otros aspectos de la vida.

Según algunos autores, la dependencia emocional podría definirse como un patrón de demandas afectivas insatisfechas que llevan a la persona a buscar satisfacerlas de forma desesperada con relaciones interpersonales estrechas5.

 

Personas emocionalmente dependientes

La persona no suele establecer una única relación de dependencia emocional, sino que la mayoría de sus relaciones personales están basadas en una fuerte dependencia emocional: con los progenitores, amigos y con sus parejas. En estos casos podemos hablar de personas emocionalmente dependientes.

La madurez psicológica implica, entre otros, el conocimiento y aceptación de las propias capacidades y limitaciones, autonomía en la toma de decisiones y competencia en la gestión de las emociones y de las relaciones interpersonales.

La persona emocionalmente dependiente deja su autoestima en manos de los demás, de la persona/s de quien depende. En lugar de basar su autoevaluación en los propios criterios, lo hace en los de los demás, lo cual da un poder enorme a las personas de quien depende (y, por desgracia, el ser humano tiende a abusar del poder). Las valoraciones y reacciones de los otros generan intensas reacciones emocionales y determinan, en la persona dependiente, que se sienta aceptable o no.

Esto provoca altibajos emocionales que, a su vez, causan problemas en el ámbito individual y alteraciones en el ámbito familiar, por lo que la depresión se convierte en una de las principales expresiones de su intensa tristeza6.

 

Dependencia emocional hacia la pareja y complicaciones

En las relaciones de pareja la dependencia emocional también se ha llamado amor obsesivo, pues el amor se convierte en adicción y se establece una fuerte dependencia de la persona a la que uno ama. Salir de la relación genera miedo, malestar e idealización de los momentos felices del pasado, debido a una incapacidad para gestionar las emociones negativas. El amor patológico se desarrolla como una obsesión, lo que hace que la persona dependiente sienta la obligación de atraer continuamente la atención de la pareja y controlar su libertad7. Diversos estudios han hallado que la privación emocional, la baja autoestima y el estrés emocional pueden ser factores psicológicos importantes en el desarrollo de dependencia emocional, así como los factores familiares de abandono físico o afectivo en la infancia.

Como consecuencia, este tipo de personas pierden su identidad y asumen posiciones de subordinación, con el fin de mantener el afecto y aprobación de su pareja8.

Cuanto más esfuerzo realiza la persona dependiente para recibir afecto y aprobación, o retener a la pareja, más la sobrevalora (las personas damos tanta importancia a nuestros logros, entre ellos, nuestras relaciones personales, de forma proporcional al tiempo y esfuerzo que les hemos destinado), más intenso es el miedo a perderla, más necesita su afecto, mayor poder le confiere y menos se valora a sí misma. Y cuantas más vueltas dé en este círculo vicioso mayor será el sufrimiento y la pérdida de autoestima.

Es importante destacar que, aunque este proceso se da normalmente en personas emocionalmente dependientes, también pueden sufrirlo personas que habitualmente no lo son. Sólo es necesario que las circunstancias lo propicien. Sucede a veces que una persona, sin darse cuenta, va dando a su pareja un papel cada vez más central en su vida y descuida otras relaciones afectivas y actividades que también contribuyen a su realización personal. Si en estas circunstancias la pareja empieza a mostrar menos interés es fácil que esta persona se sienta insegura y empiece a actuar para recuperar el afecto e interés de su pareja. No hace falta mucho más para entrar en el círculo vicioso de la dependencia emocional.

Por otro lado, en la mayoría de los casos de relaciones de pareja basadas en la dependencia emocional, deberíamos hablar de co-dependencia, ya que en el otro lado de la relación también hay dependencia, aunque sea diferente. Así, por ejemplo, es frecuente que la pareja de la persona dependiente también necesite de ésta para tener a alguien a quien cuidar, controlar o someter, pensando que mientras dependa de ella no la perderá. En estas relaciones de pareja las discusiones y desavenencias son habituales: no saben vivir juntos, pero menos aún, separados.

Una complicación de la dependencia emocional y la co-dependencia son los malos tratos. Como hemos visto, la persona de quien se depende emocionalmente recibe un poder sobre la autoestima y el comportamiento de la dependiente. En ciertas ocasiones el abuso de este poder puede llevar a una actitud de superioridad y dominio, sobre todo cuando el poder está en manos de una persona egocéntrica y poco sensible, y a la anulación del otro, que vive pendiente de la aprobación y afecto de su pareja. La desigualdad creciente en la relación propicia los malos tratos psicológicos o físicos. Paradójicamente, cuando la persona maltratada depende fuertemente del maltratador, tiende a minimizar las agresiones y perdonar al agresor, atribuyéndose la culpa de provocar la ira de su pareja, ya que nada es más grave que perderla.

 

Características de las relaciones de dependencia

Está demostrado que la dependencia emocional produce daños físicos y psicológicos, y que las personas dependientes creen que amar es poseer u ofrecerlo todo, justificando las conductas de la persona de quien se depende emocionalmente, de manera idealizada y presentando una intensa angustia ante la posibilidad de perderla. La baja autoestima y el temor al abandono y el rechazo impiden a la persona terminar una relación aun cuando sea claramente insatisfactoria y fuente de sufrimiento.

Se ha comprobado que las distorsiones cognitivas o creencias irracionales son frecuentes entre personas con dependencia emocional. De las numerosas distorsiones que refuerzan los esquemas de dependencia emocional, dos de ellas se mostraron como especialmente comunes: los deberías y la falacia de control.

1) Los deberías. Se consideran una distorsión cognitiva (pensamiento erróneo o creencia irracional) en la medida que genera un procesamiento de la información con expectativas demasiado elevadas, rígidas e inflexibles de las situaciones o acerca de cómo tienen que suceder las cosas, donde cualquier desviación de estas normas se considera insoportable.

Las personas con dependencia emocional tienen características específicas en las relaciones personales para conseguir exclusividad o control del otro, exigiendo atención constante, bajo la fantasía de controlar la vida del otro y de sus relaciones, lo que da lugar a frecuentes demandas afectivas excesivas e irracionales que no se darían en una relación madura5. Esto también puede traducirse en la necesidad de tener constantes expresiones de afecto de su pareja que reafirmen el amor y calmen la sensación de inseguridad9.

2) Falacia de control. Las personas emocionalmente dependientes tienen pensamientos como: “si otros cambiaran su actitud yo me sentiría mejor”, “yo soy responsable del sufrimiento de los que me rodean” o “soy una víctima de mis circunstancias”. Esto les lleva a tomar posiciones victimistas, obviando los propios recursos para cambiar y centrando toda la atención en conseguir el cambio de comportamiento de su pareja, en su afán de encontrar una seguridad que contrarreste la inseguridad de las primeras relaciones emocionales afectivas, en que quizás configuró un apego ansioso resistente10 (con los padres, por ejemplo).

El apego excesivo a la pareja y el hecho de creer que es por el bien de la relación dan lugar a una idea de uno mismo pobre, así como una incapacidad de aceptar al otro como es. Como consecuencia, la pareja de la persona dependiente se satura, por los caprichos que debe consentir y las continuas llamadas, mensajes y comportamientos la búsqueda de amor y aceptación5. Esto también permite comprender los altibajos emocionales de la persona dependiente, al no conseguir controlar del todo la vida de su pareja, lo que le ocasiona ansiedad.

 

Diagnóstico de la dependencia emocional

Para un buen diagnóstico del problema es necesario conocer los esquemas desadaptativos tempranos propios de quienes han desarrollado dependencia emocional. Éstos estarían ligados a sus experiencias infantiles y que permitirían comprender su historia de relaciones y vínculos afectivos. Solo a partir de este conocimiento es posible orientar la intervención en psicología clínica, que deberá dirigirse a:

  • Modificar su forma de interpretar las situaciones interpersonales.
  • Gestionar la duda y el miedo al rechazo.
  • Posicionarse en las relaciones, hasta ser capaz de construir relaciones personales y de pareja saludables.

 

Tratamiento de la dependencia emocional

 

Afortunadamente, con un tratamiento psicológico adecuado, cualquier persona dispuesta a cambiar puede superar su dependencia emocional, empezar a tomar las riendas de su vida, de sus relaciones personales y recuperar un estado de ánimo positivo.

Los objetivos de la terapia deben ir dirigidos a fortalecer los recursos de la persona dependiente en lo referente a su autoestima, asertividad y capacidad de realización personal fuera del ámbito de la relación de pareja.

Antes de establecer el plan terapéutico es necesario explorar la historia de relaciones afectivas y el estilo de vinculación de la persona, bien para comprender cómo ha desarrollado estas estrategias de relación, bien para elaborar y superar experiencias traumáticas, si las hubiera.

Para mejorar la autoestima se orienta a la persona para que mejore el diálogo interno y sustituya el sesgo negativo en su autoevaluación, empiece a atender adecuadamente sus necesidades y valore sus logros.

Por otro lado, la asertividad es la capacidad de defender los propios derechos, respetando los de los demás, expresar opiniones, sentimientos, rechazar demandas inadecuadas, de manera clara, directa y en el momento oportuno. La asertividad estaría en medio de los dos extremos negativos: la pasividad o sumisión, por un lado, y la agresividad, por el otro. Para la persona emocionalmente dependiente, empezar a comportar-se de forma asertiva ante su pareja disparará el temor a perderla y puede generar, en un primer momento, sentimientos irracionales de miedo o de culpa, que deberán ser atendidos y reconducidos en sesiones de terapia.

Animar y orientar a la persona dependiente para reactivar las relaciones familiares y de amistad previas al inicio de la relación de pareja (el aislamiento hace a la persona más dependiente), a recuperar o buscar aficiones y a progresar profesionalmente también son objetivos importantes de la terapia psicológica. Esto amplía las oportunidades de realización personal, apoyo social y seguridad y, en consecuencia, reduce el peso relativo de la pareja (o bien del padre, madre u otra persona de quien dependa emocionalmente) en la vida de la persona atrapada en una relación de dependencia emocional.

 

Referencias:

1. Moral, M. & Sirvent, C. (2009): Dependencia afectiva y género: perfil sintomático diferencial en dependientes afectivos españoles. Interamerican Journal of Psychology, vol.43 no.2.

2. Yela, C. (2003). La otra cara del amor: mitos, paradojas y problemas. Encuentros en la Psicología Social, 1, 2, 263-267.

3. May, D. (2000). Codependencia: la dependencia controladora; la dependencia sumisa. Bilbao: Descleé De Brouwer SA.

4. Sannuti, A. (2006). La dependencia emocional. Revista Criterio. Abril, pag.2.

5. Castelló, J. (2005): Dependencia Emocional características y Tratamiento. Madrid: Alianza.

6. Cano, A. (2006): Depresión y matrimonio. Sitio Web http:// www.diariosur.es.

7. Tavares, H. y Zilberman, M. (2008). Grupo terapéutico para amor patológico. Revista Brasileira de Psiquiatría, 30.

8. Schaeffer, B. (1998): ¿Es amor o es adicción? España: Apóstrofe.

9. Lemos, M. & cols. (2007): Distorsiones cognitivas en personas con dependencia emocional. Informes Psicológicos, Vol. 9, Núm. 9.

10. Norwood, R. (1985). Las mujeres que aman demasiado. Buenos Aires: Javier Vergara.

Por Lluís Maestre Funtané
Psicología

Reconocido psicólogo clínico en Girona, Lluís Maestre Funtané lleva más de 25 años de trayectoria profesional en equipos de Psiquiatría y Psicología en Barcelona i en Girona. Doce años como psicólogo clínico en el Servei de Psiquiatria i Psicologia de l’Hospital General de Catalunya, y ocho en de la Clínica Bofill de Girona. Abrió su actual consulta privada en Girona en 2007. Dispone del titulo oficial de Psicólogo Especialista en Psicología Clínica. Es Diplomado Superior en Psiquiatría y Psicología Médica por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona. Tutor de prácticas de alumnos de Psicología de la UAB, la UdG y la UOC y del Máster de Medicina Conductual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Participa habitualmente en  congresos y jornadas y ha colaborado en diversas publicaciones de psicología clínica y salud mental. Fundador de la Secció de Psicología de l’Agrupació de Ciències Mèdiques de Girona. Es miembro de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes y de la Societat Catalana de Recerca i Teràpia del Comportament.

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