Pautas para la gestión emocional de la pandemia

Escrito por: Jose Luis Torres Cuesta
Publicado:
Editado por: Margarita Marquès

Un clima pandémico, por sus implicaciones sanitarias, económicas, sociales y especialmente humanitarias, no puede provocar en las personas más que una pérdida de la falsa sensación de control y certidumbre con la que vivimos. Ese impacto, inevitablemente afectará más a las personas vulnerables, temerosas, o aprensivas respecto a la importancia que dan a la salud.

 

Aunque desde una perspectiva “racional” no deberíamos ponernos nerviosos ante los acontecimientos que nos provocan incertidumbre, el hecho es que, como especie, manejamos mal las amenazas evidentes contra nuestro bienestar, y un virus ante el cual no tenemos ni tratamiento ni vacuna, es una amenaza evidente para nuestra sensación de seguridad y nuestras fantasías de tener cierto grado de control o certidumbre sobre qué pasará mañana.

 

Tengamos en cuenta que la peste bubónica, más conocida como peste negra, en unos meses dejó Europa en la mitad de su población, pasando de alrededor de 80 millones de personas a entre 40-50 en un breve período de tiempo. En lugares como Cambridge, Florencia o Venecia, las poblaciones perdieron al 75% de su población.

 

Las amenazas víricas son bastante más letales que una guerra, o un régimen totalitario depurando opositores, y sencillamente hay motivos para la preocupación, pues es un asunto grave. Si además no hay una percepción de una gestión coordinada, ordenada, honesta y eficaz, la sensación de incertidumbre aumenta. Consecuentemente es normal que las personas se sientan en general raras, desubicadas e inseguras. No están desconectados de la realidad, neuróticos o hipocondríacos.

 

Llama la atención que después de los cientos de millones de vidas que se han cobrado las amenazas víricas a lo largo de la historia moderna, a estas alturas no haya un plan perfectamente coordinado, meditado y estructurado para gestionar este tipo de problemas que se vienen repitiendo cíclicamente desde hace cientos de años con mayor o menor intensidad, y diferentes formas clínicas. Actualmente a una persona preocupada, asustada, insegura, nerviosa o muy inquieta por la incertidumbre de la situación no se la puede acusar de neurótica con alrededor de 60.000 personas fallecidas hasta la fecha, cifra que va en aumento, y que no parece vaya a frenarse ni a disminuirse, a pesar de haber habido 8 meses para trazar un plan similar al que usan en países donde la pandemia si está más o menos controlada en similares circunstancias demográficas como por ejemplo Corea del Sur, donde únicamente han fallecido alrededor de  600 personas.

 

En la situación actual de pandemia es normal que las
personas se sientan en general raras, desubicadas e inseguras

 

Hay miles y miles de duelos que resolver y no todo el mundo cree que un número de muertos tan alto fuese algo inevitable, al observar las comparativas con otros países del planeta. Eso irrita. Ciertamente el malestar social es frecuente en todas las pandemias y tampoco podemos negar la evidencia de que los seres humanos tendemos a buscar culpables o chivos expiatorios,  cuando las cosas se ponen mal. No avanzaremos nada poniéndonos muy nerviosos ante esta situación, pero no hay motivos tangibles externos a nosotros, que inviten a la calma, y hemos de ser muy comprensivos y respetuosos además de tolerantes, con el malestar de quién no esté gestionando bien la situación. Por supuesto, no todo el mundo lo lleva mal, pero es innegable que es un acontecimiento externo que, excepto a quién esté haciéndose millonario vendiendo mascarillas o test PCR, que después serán vacunas, no le afecta positivamente. La tolerancia y la comprensión a este respecto me parece un factor fundamental.

 

¿Cómo ha afectado a la vida de las personas?

El impacto en las personas ha sido variable, aunque difícilmente para bien. Las personalidades más flexibles y adaptativas sufren menos y llevan la situación con más solvencia. Por supuesto el no verse uno implicado en la muerte o enfermedad de un familiar cercano, o un bache económico-laboral grave, son aspectos de gran ayuda. Pensemos que hay un sobre-fallecimiento estatal de alrededor de 60.000 personas respecto a otros años, (reflexionemos que desde que comenzó la pandemia hasta hoy es como si todos los días se estrellase un avión repleto de pasajeros) y que otros tantos cientos de miles se han visto afectados por el virus y han tenido que pasar por la inquietud de no saber en que iba a derivar su sintomatología clínica ante el proceso vírico.

 

Todas esas personas tienen familiares y todo eso tiene un importante sobrecoste emocional en la población general, sin olvidar el desgaste de las medidas restrictivas sobre nuestras libertades de movimiento o los confinamientos, pues nuestras fuentes de presión permanecen estables o aumentan, mientras nuestras fuentes de evasión se ven seriamente disminuidas.  

 

En la práctica clínica, lo que más he podido observar durante la primera fase han sido problemas de insomnio y no ha habido una especial sobrecarga de demandas de atención clínica. Sin embargo, en esta segunda fase el agotamiento está haciendo mella, pues el cerebro no puede pasar tanto tiempo en estado de alerta ante la alta incertidumbre, y esto está redundando en un altísimo grado de demandas clínicas, que no son tanto por la pandemia, sino porque las personas que ya antes estaban en una situación más complicada a nivel personal, e intentando aguantar, se están viendo desbordadas por la presión sostenida en el tiempo.

 

Los problemas, más allá de la saturación informativa, la frustración por no poder llevar una vida normal o por la percepción de lo descoordinado e ineficaz de la gestión, son los mismos que tenían las personas antes de la pandemia, en ocasiones un tanto atenuadas por el clima social, económico, sanitario y humanitario. No olvidemos que a pesar de que no se pueden desbordar los hospitales y que hay que sostener la economía para que no suceda una catástrofe en forma de depresión, han fallecido 60.000 seres humanos con sus respectivas familias, parejas, hijos, hijas, amigos, amigas, nietas, nietos, abuelos y abuelas.

 

¿Cómo se puede gestionar emocionalmente la incertidumbre generada por la pandemia?

Si bien debemos tener permisividad con nuestras sensaciones de frustración, ira, tristeza o miedo, pues son totalmente normales, dado que la amenaza es real, y la gestión arroja uno de los peores resultados del planeta, si bien no muy diferente del resto de democracias occidentales exceptuando tal vez a Alemania, Grecia o Portugal, el mejor modo de gestionar emocionalmente la incertidumbre, cuando menos ahora mismo, a mi juicio pasa por tres ejes; aguantar, aguantar y aguantar.

 

Lo que sucede es que mientras aguantamos, aguantamos y aguantamos, debemos diferenciar bien lo que está en nuestra mano, de lo que no. Si sale una vacuna o un tratamiento antes o después y si es funcional o no, no está en nuestra mano. El modo de gestionar el avance del virus no está en nuestra mano, más allá de seguir las restricciones que se nos impongan, o nos impongamos. Que se reduzca la tensión política, económica o social, no está en nuestra mano, más allá de procurar estar tranquilos, no echar más leña al fuego, hacer nuestros números o procurar tener cuidado de no dañar nuestras relaciones familiares y sociales cercanas con discusiones insidiosas y cansinas que no conducen a nada.

 

Sin embargo, lo que sí está en nuestra mano es ahondar en la percepción de proceso, que será la herramienta que nos permitirá aguantar y ser más pacientes. Es decir, la pandemia es un virus antes desconocido que se ha extendido por el mundo haciendo un enorme daño humanitario, sanitario, social, político y económico. El que se resuelva y volvamos a llevar nuestra vida anterior inevitablemente será un proceso de duración indeterminada, que dependerá mucho de que la ciencia de con una vacuna que nos inmunice. Eso llevará tiempo, se podrá acortar, pero hay que estar mentalmente preparados para que ese tiempo se alargue más de lo que deseamos o surjan inconvenientes durante el proceso que lo puedan entorpecer.

 

Permanecer lo más calmados posible e intentar tener perspectiva nos será muy útil para no decaer anímicamente o agotarnos antes de que todo esto se resuelva positivamente, como así será. Tener una perspectiva bien ajustada a la realidad, será una gran cosa, si no la más importante a tener en consideración.

 

¿Qué consejos o pautas pueden seguir las personas?

  • Procurar regularizar el sueño, bien con técnicas de higiene de sueño o bien farmacopea, sea esta natural o química. Lo que funcione. Este aspecto me parece fundamental, además de restringir todo tipo de información acerca de la pandemia o la tensión económica, social o política 2 o 3 horas antes de ir a la cama. Si va a acostarse a las 23:00, para las 20:00 ya ha recibido bastante información. Su cerebro necesita bajar el ritmo de procesamiento de información antes de encaminarse a descansar de un modo efectivo mediante un sueño reparador. De ese modo el día siguiente se sentirá más “encajado” o “reparado” o “preparado” para afrontar lo que queda.

 

  • Procurar mantener en la medida de lo posible hábitos alimenticios más menos saludables, de cara a fortalecer nuestro sistema inmune, así como hacer algo de ejercicio aérobico o anaeróbico moderado y sin brusquedades. Siempre escuchando al cuerpo y sin forzar en exceso. Evitar lesiones y en definitiva hacernos el menor daño posible es una manera en que podemos ayudar a gestionar el colapso de los hospitales y no poner en riesgo nuestra salud.

 

  • Procurar estar en espacios ventilados, con distancia de 2-3 metros entre personas  (tres siempre mejor que dos) y cuidar nuestra higiene de manos, así como usar mascarilla donde se recomiende. Así mismo, buscar espacios donde no haya gente alrededor y pueda usted respirar sin mascarilla será muy útil de cara a oxigenar su cerebro adecuadamente. Parques, montes y pantanos le dará un aporte de energía extra altamente interesante. Oxigenar el cerebro adecuadamente es muy importante para sentirse uno mejor.

 

  • Restringir lo más posible la cantidad de información vía televisión, Internet, periódicos o radio acerca de la pandemia que podamos. Siempre y cuando observemos que nos saturamos o nos siente mal, lo cual será frecuente. Este es un aspecto para tener muy en cuenta y que a medida que el tiempo pasa, observo que tiene cada vez más y más peso. Nuestro cerebro se agota de procesar toneladas de información, las más de las veces desordenada, confusa, difícil de entender y poco clara.

 

  • Mantener la calma y trasmitir positividad a las personas de alrededor y no únicamente quejas, críticas y preocupaciones, que en definitiva son “energía negativa”. Conviene que cada uno procure gestionar su malestar. Si nota que se desborda o descompensa, hágase cargo de su malestar y no lo vuelque en sus relaciones cercanas salvo de vez en cuando y nunca de un modo crónico. Recuerde que puede solicitar ayuda, para eso estamos los profesionales tanto de psiquiatría como de psicología clínica. Somos expertos y a nosotros se nos puede exigir lo que no se puede exigir a parejas, familiares, hijos, amigos…

 

  • Percibir que las vías de solución están en camino. Son los científicos los que van a salvar al mundo esta vez, y podemos confiar en que todo va a ir bien, pero debemos mantener la calma y tener percepción de proceso. Permitir que las cosas vayan como únicamente pueden ir. Lo que tenga que suceder, sucederá cuando tenga que suceder, no cuando usted desee, por más frustrado, nervioso e iracundo que se sienta.

 

  • Canalizar la ira en su debido momento y democráticamente. Si no está a gusto con como se están llevando las cosas, espere con calma, manifiéstese si puede, y ya llegará el momento de expresar su malestar colocando un voto en una u otra urna, o en ninguna. Cualquier otra actitud difícilmente va a redundar en un beneficio para usted mismo o sus allegados, si bien expresar su opinión o como se siente al respecto en algún medio pudiera ser de ayuda, tanto para usted como para otros que se sientan como usted. Si entiende que la actitud de la gobernanza en esta pandemia se puede tildar de negligente criminal,  de imprudencia temeraria, o de impericia,  eso es algo que debe tener cauce en los tribunales, y cargar las tintas más de lo necesario sólo redundará en una cronificación o sostenimiento de la frustración en el tiempo, lo cual le terminará agotando, sin que nada cambie. No olvide que el clima de alta tensión en este tipo de situaciones sucede siempre que suceden, y esta no es una excepción.

 

  • Permisividad con las emociones que sienta en cada momento, pero responsabilidad con la gestión de estas para no hacernos daño más allá de lo normal o necesario, ni a nosotros ni a los de nuestro alrededor. Tenemos que intentar ser apoyos unos para otros y no cargas.

 

  • Organizar unas rutinas con las que se sienta cómodo, dominar el día. Sabrá que lo tiene más menos dominado cuando no sienta señales de cansancio todo el tiempo y sólo sea en ocasiones. Hasta entonces procure ahondar en ver como puede organizar el día de una manera satisfactoria y con la que se sienta cómodo, pues este problema que nos afecta a todos puede durar 6 meses, 9, o alargarse más aún. Si vive en una posición cómoda no le preocupará tanto, pues ya se ha ocupado de qué hacer en ese caso. Si persiste en mantenerse en una posición incómoda y no se hace cargo, puede que desfallezca en algún momento. En ese caso acuda a los profesionales de su red local de salud mental, y le ayudarán a recomponerse.

 

  • Para finalizar procure evitar “polarizarse”. Cuando en nuestras sociedades y en nuestra historia vienen crisis de este tipo, pudiéramos verlas como una oportunidad de crecimiento como sociedad desde nuestra bienintencionada inocencia. Paradójicamente, lo que suele suceder es que hay personas avispadas, que aprovechando el desconcierto usan estas crisis como una oportunidad para satisfacer determinados deseos, instrumentalizando su malestar e intentando llevarlo a extremos donde usted no estaba, y vendiéndoselo como una oportunidad para que crezcamos como una sociedad mejor, librándonos del mal, amen. Se le llama oportunismo, o el arte de aprovechar la oportunidad instrumentalizando a los demás para satisfacer determinados caprichos, que únicamente suelen redundar en beneficio del que los instrumentaliza a costa del perjuicio de la mayoría. Procure ser consciente de esto, aléjese del tumulto e intenté ver con claridad y espíritu crítico los acontecimientos que están sucediendo, huyendo de la “información opinada” e intentando no perder su moderación, temple y saber estar, antes de que empiece a ver gigantes donde sólo hay molinos de viento. Ver gigantes asusta, intimida, pone a las personas a la defensiva y definitivamente les sienta mal. La realidad nunca es sencilla, es siempre compleja, se puede ver desde muchos puntos de vista, y reducirla únicamente a dos polos suele ser un trabajo que la propaganda realiza eficazmente. No deje que usen y acrecienten su malestar, sepárese un poco de todo y verá como enseguida se da cuenta de que no había más que molinos de viento. Entonces, se sentirá mejor y podrá observar las cosas con más perspectiva y espíritu crítico.

 

  • Según pase el tiempo, las fuentes de presión sigan estables y las fuentes de evasión no se vuelvan a activar para que podamos compensarnos como lo hacemos habitualmente, hemos de tener mucho cuidado con las tensiones familiares y de pareja, pues vengo observando desde hace 2 semanas un alto incremento de la conflictividad intrafamiliar. Si las personas estamos cada vez un poco más presionadas por lo que se alarga la situación, que surjan conflictos intrafamiliares de relación será algo sobre lo que prestar mucha atención e intentar ser todos mucho más pacientes de lo que somos habitualmente con los demás. A este respecto, insisto en que si las cosas se desbordan, acudir a un psicoterapeuta de confianza puede ser tremendamente útil y evitar males mayores.

Por Jose Luis Torres Cuesta
Psicología

Jose Luis Torres Cuesta es especialista en Psicología clínica. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la profesión y una extensa formación en distintos ámbitos de la especialidad. En concreto, es experto en depresión, ansiedad, estrés, trastornos de la personalidad, neuropsicología clínica, hipnosis y relajación, terapia de pareja y terapia familiar, entre otros.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Deusto, tiene un Máster en Psicología clínica y de la salud, así como un Postgrado en Neuropsicología clínica y un Postgrado en Psicoterapia cognitivo-conductual. En la actualidad, ejerce su profesión en su consulta  de Bilbao Jose Torres Psicología.

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