Depresión y ansiedad en adolescentes: diferencias y causas

Escrito por: Lda. Andrea Pelegrín Santo
Publicado:
Editado por: Raúl Vara

 

¿Qué es la depresión?

 

La depresión, según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, es un trastorno mental que se caracteriza por un estado de ánimo deprimido acompañado de sentimientos de tristeza, de vacío o irritabilidad en los más jóvenes (niños y/o adolescentes), así como pérdida de interés o placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día o casi todos los días. Muchas veces, observamos que los síntomas depresivos vienen acompañados por problemas de insomnio, pérdida de peso o dificultad para ganar peso en los niños, así como agitación, fatiga o pérdida de energía, sentimiento de inutilidad, dificultad para concentrarse, para pensar o para tomar decisiones.

 

 

 

 

En muchos casos se acompaña de pensamientos de muerte recurrentes. La depresión afecta en la manera en la que la persona ya sea adulto, joven, adolescente o niño piensa, siente y actúa, provocando problemas emocionales, funcionales y físicos en la persona, y causando malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

 

 

 

¿Y la ansiedad?

 

Según la OMS, la ansiedad es una reacción emocional normal ante situaciones amenazantes para la persona. En este sentido la ansiedad normal es aquella que nos ayuda a funcionar mejor en la vida, nos prepara para actuar y/o responder a las exigencias del ambiente o ante situaciones donde tenemos que dar una respuesta para sobrevivir. Sería aquella que nos permite actuar rápido si vemos que un coche se acerca hacia nosotros, de esa forma reaccionaríamos apartándonos. Sin embargo, la ansiedad se convierte en patológica cuando nos impide actuar de forma adaptativa o nos causan malestar significativo.

 

Los trastornos de ansiedad se caracterizan por el sentimiento de miedo y preocupación excesivos, en forma de respuesta anticipatoria a una amenaza futura, así como alteraciones comportamentales que están asociadas a dicha amenaza, ya sea esta real o subjetiva. Los trastornos de ansiedad se diferencian entre sí según el tipo de objetos o situaciones que inducen el miedo, la ansiedad o las conductas evitativas, y según los pensamientos asociados a dichas situaciones.

 

Las personas que desarrollan un cuadro de ansiedad generalizado pueden tener problemas para dormir, dolores musculares producidos por la ansiedad constante. Pueden tener problemas o molestias en el aparato digestivo, así como boca seca, digestiones pesadas, gases, diarrea o estreñimiento. Además, puede notar taquicardia, sensación de ahogo, piernas débiles y temblores, entre otras cosas.

 

 

 

¿En qué se diferencian?

 

La diferencia entre ansiedad y depresión estriba no solo en los síntomas, sino también en el momento temporal, pues mientras que la ansiedad se caracteriza por excesiva preocupación y se relaciona con el miedo de la persona hacia el futuro, la depresión, tiene más que ver con un sentimiento de tristeza profunda en el momento presente. Ambos cuadros pueden ser compatibles, pues una persona puede presentar sintomatología más deprimida y, a su vez, un cuadro ansioso de preocupación y miedo por el futuro.

 

 

 

¿Cómo afectan a los adolescentes? ¿Son capaces de gestionarlo de la misma forma en la que lo haría un adulto?

 

Como sabemos los síntomas de la depresión son diferentes en la infancia que, en la edad adulta, pues mientras que los niños suelen presentar molestias más a nivel físico, así como temores y agitación, los adolescentes tienden a mostrar emociones relacionadas con irritabilidad y problemas de conducta, agresividad e inquietud. También pueden presentar un intenso sentimiento de tristeza, desesperanza y frustración que hacen que les sea difícil tener una vida normal. A todo ello se le suman los problemas para concentrarte y la falta de motivación. Por tanto, la gestión emocional es diferente en casos donde la irritabilidad se hace patente y donde la persona todavía no alcanza una madurez a nivel cerebral, pues todavía se encuentra en proceso de desarrollo madurativo.  

 

 

 

¿Por qué es importante un diagnóstico precoz de estos trastornos?

 

Actualmente nos encontramos que los trastornos mentales representan el 16% de los problemas en adolescentes, siendo el inicio de los síntomas en torno a los 14 años, o antes. Sin embargo, en la mayoría de estos casos ni se interviene. En este sentido, la depresión es una de las principales causas de discapacidad entre los adolescentes a nivel mundial y el suicidio es la tercera causa de muerte en los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años según informa el Consejo Español para la Defensa de las personas con Discapacidad y/o con Dependencia en la Jornada sobre salud mental “Detección precoz de los trastornos mentales en jóvenes”. Por tanto, cuando se sospecha de depresión en adolescentes es obligatorio actuar de inmediato, pues la detección temprana de los trastornos mentales es fundamental para prevenir el suicidio en este colectivo, así como para favorecer una calidad de vida y que los jóvenes puedan tener una vida adulta saludable.

 

 

 

¿Cuáles son las principales causas por las cuales los jóvenes padecen depresión y/o ansiedad?

 

Entre los numerosos factores que aumentan el riesgo a desarrollar depresión en adolescentes nos encontramos un pobre ajuste social con el grupo de iguales acompañado de escasas habilidades sociales y pobre autoconcepto, conflictos con compañeros, acoso escolar prolongado o los problemas académicos. También nos encontramos falta de habilidades de parentalidad y crianza en padres y madres, falta de comunicación en el ambiente familiar o problemas en las relaciones familiares.

 

En líneas generales, la depresión se produce por la interacción de determinados factores biológicos (cambios hormonales, alteraciones en los neurotransmisores cerebrales como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, componentes genéticos, etc.), con factores psicosociales (circunstancias estresantes en la vida afectiva, académica o de relación) y de personalidad (especialmente, sus mecanismos de defensa psicológicos).

 

Hemos observado en los últimos años que las expectativas académicas de los padres, las “sobre exigencias” y el autoritarismo en el ambiente familiar o un estilo más de “dejar hacer”, pueden ocasionar muchos altibajos en los adolescentes.

 

 

 

¿Cómo nos podemos dar cuenta de que algo va mal? ¿Qué tratamientos se recomiendan?

 

Dormir excesivamente, mucho más que por el cansancio usual, o pasar mucho tiempo en cama puede indicar depresión o abuso de sustancias; dificultad para dormir, insomnio y otros trastornos del sueño. Pérdida de autoestima. abandono o pérdida de interés en actividades placenteras. Bajo e inesperado cambio en el rendimiento académico.

Entre las "Señales de alerta” de problemas de salud mental a las que debemos estar atentos los padres y madres encontramos:

  • Dormir excesivamente, dificultad para dormir, insomnio y otros trastornos del sueño.
  • Pérdida de autoestima.
  • Bajo e inesperado cambio en el rendimiento académico.
  • Pérdida de peso y apetito.
  • Atracones alimentarios (signo de posible ansiedad).
  • Cambios bruscos como agresividad y exceso de irritabilidad
  • Llanto inesperado.
  • Abandono o pérdida de interés en actividades placenteras (Anhedonia).
  • Apatía.
  • Expresiones de desesperanza o inutilidad.
  • Aislamiento.
  • Signos de que se hace daño a sí mismo/a (Autolesiones).
  • Preocupación obsesiva por la imagen física.
  • Abandono de amigos y grupos sociales.
  • Estallidos.
  • No sentirse bien consigo mismo/a
  • Falta de confianza en él, ella misma o en los demás.
  • Ansiedad y/o nerviosismo.
Lda. Andrea Pelegrín Santo

Por Lda. Andrea Pelegrín Santo
Psicología

Andrea Pelegrín es Psicóloga General Sanitaria con especial dedicación a trastornos del neurodesarrollo, TDAH y atención temprana. Completó su formación con el Máster en Neuropsicología Clínica y Experto en intervención integral en TDAH y el Máster en Neuropsicología Clínica.

En la actualidad es responsable del Centro Psicopedagógico Gabaldón Alicante y dedica la mayor parte de su actividad asistencial a la evaluación e intervención de los trastornos del neurodesarrollo y problemas asociados, por lo que su actividad profesional se centra en el abordaje de los problemas y dificultades de la población infanto-juvenil y el apoyo a las familias.


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