El reto de abordar la dependencia emocional

Escrito por: Tomás López García
Publicado:
Editado por: Albert González

Cuando hablamos de dependencia emocional hablamos también, sea como sea, de dependencia afectiva: una problemática interpersonal en la que la persona se implica de una forma sumisa en una relación con otra persona, creándole al sujeto dependiente un malestar significativo pese al cual sigue permaneciendo en la relación.

 

Por todo ello, la situación se convierte en una especie de adicción hacia la persona de la que se depende, en una obsesión por ella que genera patrones inflexibles a la hora de relacionarse con otros individuos que también pudieran ser importantes en su vida. Se trata de patrones que se suelen manifestar en la pareja y generan, a medio y a largo plazo, problemas en la relación.

 

En suma, la dependencia emocional conlleva, al decir de Castelló, “un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas” (Castelló, 2000), lo que viene a ser, de cara al sujeto dependiente, un intento de satisfacer o compensar carencias pasadas o presentes a través de aquella persona con la que establecen el vínculo de dependencia.

 

Los individuos que presentan esta problemática suelen tener un pobre concepto de sí mismos, poca tolerancia a la soledad, una autoestima baja, necesidad excesiva de aprobación por parte de los demás y ansiedad por la separación.

 

Los pacientes suelen tener un pobre concepto de sí mismos.

 

Se llega a estas situaciones por múltiples factores que interactúan entre ellos. Posiblemente estamos ante personas que han tenido una crianza en la que se ha dado un tipo de apego ansioso, no seguro, una clase de relación que no les ha permitido satisfacer del todo las necesidades afectivas y físicas, o se han hecho de una forma ambivalente por parte de los progenitores. Por otro lado, al individuo se le ha premiado (aunque sea de una forma poco consciente por parte de los tutores) por conductas que venían dirigidas desde fuera, no por aquellas en las que el niño tomaba la iniciativa.

 

En la mayoría de las ocasiones, a la persona afectada por este tipo de problemática se le va a hacer difícil darse cuenta de la situación, pues una de las características sería precisamente la poca consciencia del problema.

 

El terapeuta, mediante las estrategias adecuadas, trata de hacer que quien viva una relación de dependencia se abra a la posibilidad de perder a esa figura de la que depende -y la fase previa pasa por validar sus sentimientos para alejarlos de la culpa- y pueda darse cuenta de que ya dispone de los recursos emocionales suficientes (en el caso de que no, se hará un trabajo en este sentido) para llegar a tener una vida satisfactoria.

 

Desde ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) se puede hacer una clarificación de valores, de cómo actuar siendo la mejor versión como pareja, así como la aceptación de emociones dolorosas, a la par que se potencia la flexibilidad psicológica para poder salir de patrones de comportamiento que nos están provocando sufrimiento. Desde FAP (Terapia Analítica Funcional), asimismo, se propone un fortalecimiento del Yo, dirigido a reconocer e identificar los eventos internos y a actuar desde ahí, lo que se traduce en una menor necesidad de dirección y aprobación por parte de los demás, sobre todo de la pareja, que es donde se suelen dar más este tipo de situaciones.

 

Para que haya un tratamiento con sentido se debería proceder a un buen análisis funcional del comportamiento de la persona y así trazar el plan terapéutico más adecuado para el caso.

Por Tomás López García
Psicología

El Sr. López García es un reputado especialista en Psicología. Cuenta con más de 10 años de experiencia en la profesión y una extensa formación en distintos campos de la especialidad. En concreto, es psicólogo sanitario y psicólogo de urgencias y emergencias sociales, así como experto en gestión de emociones, psicoterapia, mindfulness, autocompasión y terapia de aceptación y compromiso. Como psicólogo sanitario, se encarga de la evaluación y tratamiento de distintas problemáticas psicológicas en adultos, tales como la ansiedad, la depresión, el estrés o las fobias. Como psicólogo de urgencias y emergencias sociales, lleva a cabo una tarea esencial, delicada y comprometida en la valoración psicosocial, el apoyo psicológico en situaciones de emergencias, o la evaluación de recursos en personas en situación de vulnerabilidad. 

Considera que cada persona que entra en consulta es distinta y, por ello, ofrece un acompañamiento personalizado. La escucha compasiva, desde el no-juicio, es el paso más importante para devolver al paciente al centro de su existencia, y visibilizarla. Asimismo, el Sr. López trabaja sobre la aceptación, basándose en el sistema de valores del paciente. El objetivo es que el paciente tenga una vida plena a partir de lo anterior, intentando conseguir discernir entre lo que puede cambiarse y lo que no, y ver cómo afrontarlo para que la persona consiga autonomía y confianza.

 

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