Cómo se manifiesta el trauma

Escrito por: Dra. María Isabel Sánchez
Publicado:
Editado por: Margarita Marquès

El trauma es universal y está presente en todos y cada uno de nosotros. Así, no hay sujeto sin trauma. El primer traumatismo con el que todos debemos aprender a convivir es el de venir al mundo.

 

El ser humano viene a un mundo bañado por el lenguaje, pero en este tránsito se produce una pérdida, que es la pérdida del instinto. Y es que el ser que habla, a diferencia de los animales, cuenta con la pulsión, pero no con un instinto que lo guíe en el encuentro con lo sexual, por ejemplo. Un animal, en cambio, sabe bien cómo y cuándo debe dirigirse a una posible pareja sexual con el fin de reproducirse.

 

En este sentido, para Freud, el trauma tenía que ver con la manera en la cual cada sujeto asume la sexuación. La sexuación sería traumática, porque el cuerpo humano no está preparado para ello. Lo traumático en este caso no es la sexualidad en sí, sino la falta de saber acerca de la sexualidad. Justamente lo que produce el trauma es que hay algo ahí que no puede ser simbolizado.

 

Existen también otro tipo de traumas, como los que tienen que ver con los acontecimientos externos y están relacionados con las pulsiones de autoconservación, por ejemplo, guerras y accidentes, entre otros.

 

Cómo se manifiesta un trauma: la interpretación del sujeto

Una de las principales características del trauma es que deja unas secuelas, pero éstas no son automáticas, sino que se derivan de la lectura particular que cada sujeto hace del hecho en cuestión.

 

Se necesita una respuesta del sujeto para
que convierta un hecho en traumático

 

Así, lo que para una persona puede ser traumático, no tiene por qué serlo para otra. Entonces, no se trata de la magnitud del hecho en sí, sino de cómo el sujeto interpreta este hecho que se le ha presentado en la vida.

 

Para el psicoanálisis, no existe una causalidad psíquica directa entre el hecho traumático y la respuesta del sujeto, ya que entre el hecho y la respuesta, está la posición que este sujeto tome ante la circunstancias. Entonces, aunque la condición necesaria para que haya un trauma es que algo no fue simbolizado, no es suficiente, ya que se necesita una respuesta del sujeto que lo convierta en traumático.

 

Esto es muy importante, ya que la respuesta de cada uno es tributaria de su inconsciente. Es decir, tiene que ver con un saber no sabido por el sujeto, y la respuesta dependerá en gran parte de esto.

 

El papel de la represión en un trauma

En el trauma siempre hay represión. La represión es un mecanismo defensivo que separa el afecto de la representación. Las representaciones son palabras o frases, son significantes que quedan aislados, reprimidos y separados de sus correspondientes afectos. El afecto queda libre y aparece luego en diversas formas sintomáticas. En este sentido, el síntoma trata de defender al sujeto de aquello que él no pudo elaborar, pensar o simbolizar.

 

Pero esto que no se puede simbolizar, pensar o elaborar, aparece luego en formas diversas a través de la repetición. Justamente, es lo que suele ocurrir cuando se produce el trauma, que siempre viene acompañado de una repetición sintomática de aquello para lo que no existió un saber.

 

Las dos fases de la aparición del trauma

Otra peculiaridad que señaló Freud es que cuando se produce el trauma, éste no tiene por qué ser directo, sino que muchas veces aparece un tiempo después.

 

Freud descubrió que se podía producir en dos etapas. En la primera etapa, el acontecimiento es vivido sin sentido, y en la segunda es interpretado. Esto puede verse bien en los casos de abuso infantil, dónde en una primera etapa el niño no es capaz de simbolizar ni darle un sentido a lo que está ocurriendo, y más tarde en la pubertad, cuando sí puede interpretarlo de manera sexual, es cuando el acontecimiento se convierte en traumático.

 

El tratamiento para eliminar la repetición del trauma

Para que la repetición pueda ir cediendo, es muy importante realizar un tratamiento con el fin de poder localizar la dimensión subjetiva implicada, es decir, aquello que para esta persona no pudo ser simbolizado produciendo un vacío en la subjetividad.

 

Para ello, será necesario poder hacer un recorrido por su historia personal que lo ayude a situar la situación traumática. Es importante también, resaltar, que en un análisis, no hay que dar sentido a la situación traumática, ni forzar la represión, sino que hay que facilitar al sujeto un tiempo de comprender, un tiempo para que pueda ir poniendo alguna palabra a lo que en ese momento hizo agujero para él.

Por Dra. María Isabel Sánchez
Psicología

La psicóloga Maria Isabel Sánchez González está especializada en los tratamientos de la ansiedad, depresión, crisis vitales, relaciones, fobias y obsesiones, entre otros. Ha realizado un máster de Postgrado en Psicología Clínica por la prestigiosa Universidad de Deusto en Bilbao.

También es psicoanalista, con formación en Uruguay en 2008 que continúa en la actualidad, a través de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, adscrita a la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

Es coordinadora de algunos talleres de formación en el seminario del Campo Freudiano en Murcia, donde se realizan actividades de formación continúa para profesionales y también para el público en general, como charlas, talleres, conferencias, seminarios...

Actualmente, es psicóloga y psicoanalista en práctica privada en Murcia.

Ver perfil

Valoración general de sus pacientes


Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación..