10 consejos para evitar las conductas negativas de tu hijo

Escrito por: Dra. Pilar Gamazo Garrán
Publicado: | Actualizado: 06/03/2019
Editado por: Carlota Rincón Muñoz

Se tiene la creencia de que ignorar a un niño cuando tiene una rabieta, se queja o molesta al resto no es disciplina, pero ignorar no siempre es malo. La conducta de los niños puede mantenerse dependiendo de la atención que reciben. Una atención negativa, como chillarles o reñirles, puede significar una recompensa para ellos. Por el contrario, ignorarles es una técnica de manejo muy eficaz que puede llegar a eliminar problemas del día a día en la vida de los más pequeños. Si los padres se muestran constantes en esta técnica, el niño acabará entendiendo que actuando de esa manera no tiene ninguna recompensa, por lo que de manera paulatina se da cuenta de que no va a obtener ninguna recompensa y deja de actuar de esa manera. No obstante, al principio puede producirse un incremento de la frecuencia de la conducta que intentamos evitar. Esta estrategia es funciona en conductas inadecuadas que no son peligrosas y no requieren de una intervención inmediata, como por ejemplo, las rabietas, burlas, peleas menores, sacarse los mocos, etc. En el caso de que las conductas puedan suponer un daño para el niño, como por ejemplo golpearse la cabeza contra la pared, jugar con los fuegos de la cocina o con un cuchillo, asomarse a la ventana… ignorarlo puede suponer un problema.

 

Ignorar a nuestro hijo puede suponer un gran reto para los padres, no obstante, los resultados están garantizados en la mayor parte de los casos. Cuando empezamos a ignorar a nuestros hijos pueden empezar a surgir dudas y problemas, La Dra. Pilar Gamazo habla de los 10 consejos para evitar las conductas negativas de tu hijo.

 

1. Evitar contacto visual y discutir con tu hijo si vas a ignorar

Incluso cuando se piensa que se está ignorando al niño, en ocasiones puede que los padres continúen mirándole o haciendo gestos, lo que el niño entiende como atención. La expresión de los padres tiene que ser neutral y no hay que mantener contacto visual ni empezar ninguna discusión. Ignorar al pequeño supone alejarse físicamente de él, especialmente si cuando ha actuado mal los padres estaban cerca de él.

 

2. Ignorar con regularidad

Al ignorar, la mayoría de los niños reaccionan aumentando su conducta negativa y así ver si sus padres le prestan atención. Cuando los padres empiezan a ignorar las malas conductas, estas conductas pueden ir a peor. Por eso los padres tienen que estar preparados y mantener una actitud firme para que la conducta mejores. Si nos damos por vencidos, los más pequeños entienden que tener un mal comportamiento es la manera más fácil de conseguir lo que quieren. Si se utiliza esta técnica, hay que estar preparado y esperar un tiempo hasta que el niño cambie su comportamiento.

La conducta de los niños puede mantenerse dependiendo de la atención que reciben

3. Distrae al niño

Ignorar no significa que no haya algo positivo. Además, si no se busca una distracción o una opción diferente a lo que el niño quiere hacer, puede crear conflictos entre los padres y el hijo y este continuará con un mal comportamiento. No obstante, si la distracción supone otra vez un mal comportamiento, entonces hay que comenzar a ignorarle de nuevo. Otra manera de ignorarlos es el uso de la distracción de uno mismo. Si estás ignorando a un niño que está pasando por una rabieta, puedes ir a otra habitación y hacer comentarios de cosas que están sucediendo fuera de casa. En ese momento puede que cese su mal comportamiento, pero es necesario estar controlando al niño y reforzar las conductas positivas. Salir de la habitación puede funcionar cuando el niño pide atención física.

 

4. Ignorar para trabajar el autocontrol

Algunos padres sienten que ignorar a sus hijos puede ser una falta de respeto a su autoestima. Otros pueden pensar que algunas conductas necesitan disciplina. Estudios demuestran que ignorar es una manera de disciplina ya que se mantiene una relación muy positiva entre el padre y el niño que se basa en el respeto, no en el miedo. Al ignorar al niño, se demuestra que se puede mantener un autocontrol, incluso si hay conflicto. Si no te enfadas por este tipo de conductas, el niño entenderá que no hay recompensa y que no merece la pena seguir con ese comportamiento.

 

5. Limitar el número de conductas a ignorar

Algunos padres ignoran con poca frecuencia, mientras que otros lo hacen demasiado. Ignorar las malas conductas de los niños está bien, pero hay que darles atención, apoyo y aprobación cuando estas conductas se pasen. En el caso de ignorar varias conductas a la vez, los niños pueden llegar a sentirse abandonados, por lo que es importante concretar las conductas a ignorar. Esto será más fácil para ambos.

 

6. ¿Qué conductas se pueden ignorar?

Hay que elegir con cuidado las preguntas a ignorar y donde. No estaría bien hacerlo en un lugar donde recibe atención de otras personas… Tampoco se deben ignorar conductas como mentir, robar o no obedecer. Las conductas a ignorar deberían ser lloros, gritos, enfados etc. Es decir que las conductas agresivas o peligrosas no deberían ser ignoradas. En los casos más graves sería necesario una consecuencia más fuerte como su tiempo libre o la pérdida de un privilegio en casa.

 

7. La importancia de dar la atención a las conductas positivas

Algunos padres se involucran demasiado en sus actividades y no hacen caso a las actividades de sus hijos. Es decir, que nuestro hijo se porte bien, comparta sus juguetes o juegue en paz son conductas que no tienen que ser ignoradas, ya que si lo son tienden a desaparecer. Los padres suelen reaccionar solo cuando el niño actúa de manera negativa y se ignora cuando se porta bien, lo que favorece las actitudes negativas.

Cuando el niño deje de comportarse mal hay que prestarle atención de nuevo y elogiarlo por lo que hace bien

8. Préstale atención cuando sea posible

Hay momentos en que algunos padres se sienten cansados por las malas conductas de sus hijos, por lo que no se fijan en lo que hacen bien. Es de vital importancia que cuando el niño deje de comportarse mal, se le preste atención de nuevo y se le elogie por lo que hace bien. La combinación de ambas actitudes es lo que cambiará el ciclo de conductas negativas.

 

9. Ignorar con sutileza

En ocasiones los padres pueden actuar de manera dramática cuando ignoran a sus hijos. Si el niño tiene una mala conducta y se exageran los gestos o la manera de salir de la habitación puede tener un efecto que refuerce su mala conducta, ya que lo que ha hecho ha tenido una respuesta emocional por parte de los padres que ha sido muy intensa.

 

10. Mantente el control de la situación

Imagínate que llegas tarde a trabajar y tu hijo no quiere ponerse los zapatos. Le dices que si no se da prisa se quedará en casa con todas las consecuencias que eso conlleva. El sigue perdiendo el tiempo y ella sale a la calle y lo espera. Las amenazas a los niños tienen que ir acompañadas por una consecuencia real, de lo contrario, el niño responderá ya que sabe que no lo vas a hacer. En este momento el padre pierde el control. Además, este tipo de amenazas pueden crear un problema de autoestima, produciendo inseguridad. Las estrategias mencionadas anteriormente son mejores ya que están basadas en el respeto mutuo en vez de en el miedo al abandono.

La técnica de ignorar no va a mejorar la conducta a no ser que se haya establecido una relación de confianza y positiva. No obstante, ignorar conductas negativas no va a aumentar las positivas, para esto es necesario reforzar las conductas positivas cuando el niño las realiza. Como ya se ha comentado, al ignorar es importante evitar el contacto visual, alejarse físicamente, aunque si es posible quedarse en la misma habitación. Además, ser sutil, estar preparado para que el niño te pruebe e ignorar con regularidad. Elegir conductas concretas para ignorar y asegurarse que se puedan ignorar, limitar el número de conductas a ignorar y dar atención por las conductas positivas.

Por Dra. Pilar Gamazo Garrán
Psiquiatría Infantil y Adolescente

La Dra. Pilar Gamazo es experta en Psiquiatría Infantil y Adolescente, con más de diez años de experiencia. Es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid, realizó la especialidad de Psiquiatría en la Clínica Universidad de Navarra. Posteriormente, complementó su formación en psiquiatría infantil y adolescente con una estancia de dos años en varios centros hospitalarios de Gran Bretaña.

Actualmente trabaja en el Instituto de Neurociencias Aplicadas a la Educación (INAE). Además, también es reconocida por su excelencia en Psiquiatría para adultos.

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