¿Qué son los inhibidores de PARP?
Los inhibidores de PARP son un grupo de fármacos utilizados en Oncología Médica para tratar determinados tipos de cáncer. Actúan bloqueando la enzima PARP (poli ADP-ribosa polimerasa), una proteína implicada en la reparación del ADN dañado de las células.
Cuando esta enzima se inhibe, las células tumorales con alteraciones en otros mecanismos de reparación genética, como las mutaciones en los genes BRCA1 o BRCA2, tienen más dificultades para sobrevivir y proliferar. Como consecuencia, se favorece la muerte de las células cancerosas mientras se limita el daño sobre los tejidos sanos.
Entre los inhibidores de PARP aprobados para diferentes indicaciones se encuentran olaparib, niraparib, rucaparib y talazoparib.
Es importante señalar que los inhibidores de PARP constituyen un tratamiento farmacológico y no una intervención quirúrgica. Por este motivo, no requieren ningún tipo de anestesia, ya sea local, regional o general.
¿Por qué se utilizan?
El tratamiento con inhibidores de PARP se indica en determinados pacientes con tumores que presentan alteraciones específicas en los mecanismos de reparación del ADN.
Actualmente, estos medicamentos se utilizan principalmente en algunos casos de:
- Cáncer de ovario.
- Cáncer de mama HER2 negativo asociado a mutaciones BRCA.
- Cáncer de próstata metastásico con determinadas alteraciones genéticas.
- Cáncer de páncreas con mutaciones específicas.
La indicación depende de múltiples factores, entre ellos el tipo de tumor, su estadio, los tratamientos previos recibidos y los resultados de estudios moleculares o genéticos realizados sobre el tumor o sobre el paciente.
¿En qué consisten?
Los inhibidores de PARP se administran habitualmente por vía oral, en forma de comprimidos o cápsulas que el paciente toma en su domicilio siguiendo la pauta prescrita por el oncólogo médico.
Durante el tratamiento se realizan controles periódicos para evaluar la respuesta tumoral y detectar posibles efectos adversos. Entre las pruebas de seguimiento pueden incluirse análisis de sangre, estudios de imagen y consultas de revisión.
Los efectos secundarios más frecuentes pueden incluir:
- Fatiga o cansancio.
- Náuseas.
- Disminución del apetito.
- Anemia.
- Descenso de plaquetas o glóbulos blancos.
- Alteraciones digestivas.
La mayoría son manejables mediante seguimiento médico y tratamiento de soporte.
Preparación para el tratamiento con inhibidores de PARP
Antes de iniciar el tratamiento suele realizarse una evaluación clínica completa que puede incluir:
- Historia clínica y exploración física.
- Analítica sanguínea.
- Estudios de imagen.
- Pruebas genéticas o moleculares para identificar alteraciones susceptibles de beneficiarse de estos fármacos.
Además, es importante informar al especialista sobre otros medicamentos que se estén tomando, así como sobre antecedentes médicos relevantes.
Cuidados tras el inicio del tratamiento
Una vez iniciado el tratamiento, se recomienda:
- Seguir estrictamente la pauta prescrita.
- Acudir a las revisiones programadas.
- Comunicar cualquier efecto secundario o síntoma nuevo.
- Mantener una hidratación y alimentación adecuadas.
- No suspender la medicación sin indicación médica.
El seguimiento continuado permite ajustar las dosis cuando sea necesario y optimizar la eficacia del tratamiento.
Alternativas a este tratamiento
La elección terapéutica depende del tipo de cáncer y de las características individuales de cada paciente. Entre las alternativas o estrategias complementarias pueden encontrarse:
- Quimioterapia convencional.
- Hormonoterapia, cuando está indicada.
- Inmunoterapia.
- Terapias dirigidas frente a otras alteraciones moleculares específicas.
- Combinaciones de tratamientos sistémicos.
- Participación en ensayos clínicos con nuevas terapias dirigidas.
En la actualidad, el desarrollo de la medicina de precisión y de nuevas terapias dirigidas está ampliando las opciones disponibles para muchos pacientes oncológicos, permitiendo tratamientos cada vez más personalizados según las características biológicas de cada tumor.

