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Anticuerpos conjugados (ADC)

¿Qué son los anticuerpos conjugados?

Los anticuerpos conjugados, también conocidos como antibody-drug conjugates (ADCs), son un tipo de tratamiento de la oncología médica que combina la especificidad de los anticuerpos monoclonales con la potencia de los fármacos citotóxicos (quimioterapia).

Su objetivo es dirigir el tratamiento de forma más selectiva hacia las células tumorales, reduciendo el daño a las células sanas. Para ello, el anticuerpo actúa como “vehículo” que reconoce una diana concreta en la superficie del tumor y transporta el fármaco quimioterápico directamente a la célula cancerosa.

No requieren anestesia, ya que se administran habitualmente por vía intravenosa en el ámbito hospitalario, como parte de un tratamiento sistémico.

¿Por qué se realiza este tratamiento?

Los anticuerpos conjugados se utilizan en determinados tipos de cáncer cuando las células tumorales expresan una diana específica (antígeno) que puede ser reconocida por el anticuerpo.

Se emplean con el objetivo de:

  • Mejorar la eficacia del tratamiento oncológico.
  • Reducir efectos secundarios frente a la quimioterapia convencional.
  • Tratar enfermedad avanzada o metastásica en ciertos tumores.
  • En algunos casos, actuar tras la progresión a otras líneas de tratamiento.


En España, su uso está indicado en varios tumores como cáncer de mama HER2 positivo, algunos linfomas o tumores uroteliales, entre otros, siempre bajo valoración del oncólogo médico.

¿En qué consiste el tratamiento?

El tratamiento con anticuerpos conjugados consiste en una infusión intravenosa administrada en un hospital de día oncológico.

El fármaco está formado por tres componentes:

  1. Un anticuerpo monoclonal (dirigido a la célula tumoral).
  2. Un agente citotóxico (quimioterápico potente).
  3. Un enlazador químico que une ambos componentes.

Una vez en el organismo, el anticuerpo se une a la célula tumoral, es internalizado y libera el fármaco en su interior, produciendo la destrucción celular.

La administración puede durar entre 30 minutos y varias horas, dependiendo del fármaco específico. Se realiza con monitorización clínica, sin necesidad de anestesia ni ingreso hospitalario prolongado en la mayoría de los casos.

Preparación para los anticuerpos conjugados

Antes de iniciar el tratamiento, el equipo de oncología médica realiza una evaluación completa que puede incluir:

  • Analítica de sangre.
  • Pruebas de imagen (TAC, PET-TAC, RM).
  • Estudio de biomarcadores tumorales.
  • Evaluación de la función cardíaca o hepática, según el fármaco.


El paciente debe informar sobre otros tratamientos, alergias o enfermedades previas. En general, no se requiere preparación especial, aunque puede recomendarse acudir bien hidratado y con acceso venoso adecuado.

Cuidados tras el tratamiento

Tras la administración, el paciente puede volver a su domicilio el mismo día en la mayoría de los casos.

Es importante:

  • Vigilar posibles efectos secundarios como fatiga, náuseas, diarrea o alteraciones hematológicas.
  • Acudir a las revisiones programadas.
  • Mantener una adecuada hidratación y alimentación.
  • Informar de fiebre, tos persistente u otros síntomas relevantes.


El seguimiento estrecho permite ajustar dosis o pautas si es necesario.

Alternativas a los anticuerpos conjugados

Las alternativas dependen del tipo de tumor y estadio de la enfermedad. Entre ellas se incluyen:

  • Quimioterapia convencional
  • Terapias dirigidas (targeted therapy)
  • Inmunoterapia
  • Hormonoterapia (en tumores hormonodependientes)
  • Ensayos clínicos con fármacos más avanzados


La elección del tratamiento se realiza de forma individualizada por el oncólogo médico, valorando la biología del tumor, la situación clínica del paciente y la evidencia científica disponible.

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