Lesiones más frecuentes en los toreros

Escrito por: Dr. Enrique Crespo Rubio
Publicado: | Actualizado: 15/11/2018
Editado por: Top Doctors®

Las lesiones osteoarticulares en los profesionales del toreo afectan fundamentalmente -según mi experiencia- al miembro superior, y de éstos, al derecho, que es el dominante en la mayoría de todas las personas. Esto es así porque en la suerte de matar todo el peso de dicha suerte, biomecanicamente, recae en el miembro superior derecho. De esta zona, hay dos articulaciones muy implicadas: la primera metacarpo-falángica de la mano (que sujeta y aprieta la empuñadura del estoque) y la gleno-humeral en el hombro, en el que confrontan dos fuerzas (por una parte la del matador empujando la espada y por otra la del toro que embiste al toque/cite de la muleta).

Las lesiones resultantes son una inestabilidad en ambas, bien por traumatismos repetidos (crónicas) o bien por un único trauma (agudas), cuya consecuencia final serán: en el pulgar, una rotura del sistema cápsulo-ligamentoso metacarpo-falángico, afectando fundamentalmente al ligamento colateral cubital;y en el hombro, una rotura/desunión, parcial o total, del labrum glenoideo y de la cápsula ventral (asociadas a una fractura por comprensión de la parte posterior de la cabeza humeral).

Por descontado, los toreros pueden sufrir o padecer cualquiera de las lesiones osteoarticulares que soportan aquellos profesionales o amateur en actividades deportivas de contacto y que asientan en el miembro inferior.

torero español

Preparación física de un torero

Para torear hay que disponer de una preparación física y mental significativas. La situación física es vital en un torero, aunque todos hemos visto en las plazas de toros ejemplos que demuestran lo contrario, pero son las excepciones que confirman la naturaleza de estos hombres… Porque durante una corrida de toros el matador sí, tiene que quedarse parado la mayor parte de la lidia, pero también tiene que moverse, sujetar “los trastos” (capote, muleta, espada), soportar las embestidas, los choques con el toro y, además, aguantar, vencer al miedo que este impone. Y el miedo también desgasta, y mucho, físicamente.

Todo esto debilita en gran medida la capacidad física del torero, por lo que una buena preparación física es la mejor forma de evitar, en alguna medida, estas lesiones. De hecho, muchos profesionales del toreo cuentan ya con el apoyo de fisioterapeutas y preparadores durante todo el año, que no solo les ayudan a recuperar sus lesiones sino que les orientan en su preparación física.

 

Tratamiento de las lesiones en un torero

Hay una consideración previa: tradicionalmente, los toreros no han dado la importancia que supone una lesión traumatológica en comparación a la que sí le muestran a las cornadas. Afortunadamente -para ellos y para sus trayectorias como profesionales del toreo- este concepto tan erróneo está pasando a la historia.

No obstante, existe otra cuestión muy ligada a la idiosincrasia del torero: si la lesión se produce en plena temporada y el torero tiene muchos contratos firmados, la mayoría prefiere no resolverla de forma definitiva -es decir, operarse- hasta finalizar su temporada. Todo esto no haría más que agravar su lesión y, por tanto, su recuperación.

Si nos centramos en las lesiones antes descritas, pensamos que las lesiones del pulgar deben ser tratadas por traumatólogos expertos en cirugía de la mano, mientras que la inestabilidad del hombro puede ser resuelta por cualquier especialista en cirugía ortopédica a través de la artroscopia.

El problema viene a continuación: el torero debe ser consciente de que su recuperación necesitará un periodo inexcusable de inmovilización, en uno y otro caso, y posteriormente una rehabilitación específica.

 

Cogidas más peligrosas para el torero

Si obviamos las muy raras en cuantos se visten de luces -heridas por asta de toro que afectan a cuello, cavidad torácica y abdomen- las cornadas que pueden poner en trance la vida de un torero en la plaza de toros son aquellas que afectan a los vasos femorales e incluso iliacos.

En la retina de los aficionados que lo hayan presenciado, quedan grabadas, estarán presentes siempre, esas imágenes… con el torero caído en la arena, tras ser alcanzado por el toro, y la sangre brotando, imponente, de la taleguilla desgarrada empapando el albero. Y también quedan grabadas en los cirujanos y médicos que lo contemplamos, en esos momentos, cuando abandonamos nuestro burladero para llegar afanosamente a nuestra enfermería.

Son heridas que ponen a prueba la serenidad y el saber hacer de un equipo médico que no solo necesita una sólida formación médico-quirúrgica en la atención a estas cornadas (y que se adquiere solo con la experiencia precisamente en las enfermerías), también un orden y una entereza enorme dentro de la enfermería en cada miembro del equipo.

Como hemos dicho en más de una ocasión, las heridas vasculares son el “miura” con el que los cirujanos taurinos tenemos que lidiar en algún momento de nuestra trayectoria profesional.

Por Dr. Enrique Crespo Rubio
Traumatología

El Dr. Crespo Rubio es especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología y ejerce como traumatólogo en el Hospital Quirón Ruber Juan Bravo, atendiendo pacientes en Consulta y derivados de la Urgencia; además es experto en Cirugía Taurina, siendo Jefe del Equipo Médico y Enfermería de diferentes plazas de toros como Zamora, Huesca, Ciudad Rodrigo, entre otras muchas. Ha sido y es organizador de diferentes congresos nacionales e internacionales de Cirugía Taurina y es secretario de la Sociedad Española de Cirugía Taurina.

Ver perfil

Valoración general de sus pacientes