Crecimiento personal a través del duelo

Escrito por: Dra. Ana Isabel Sanz García
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Editado por: Top Doctors®

La pérdida de un ser querido es algo duro que pasar, pero no se puede evitar. La muerte es la ruptura más significativa a la que nos exponemos como personas, pero no es la única. La Dra. Sanz García, experta en Psiquiatría, habla de la importancia del duelo y su contribución en el crecimiento personal.

 

El duelo, referente a la pérdida de algo muy significativo para la persona, es otro tipo de fracturas vitales a las que nos exponemos y que nos conmocionan. Los duelos tienen algunos aspectos comunes: separaciones físicas con seres amados, rotura de una relación sentimental, emigración elegida o exilio forzado, pérdida del trabajo o estatus económico, deterioro de la salud física, retos existenciales propios del crecimiento vital, experimentar un desastre natural,…

 

Manifestaciones del duelo

Las pérdidas dejan un vacío en el ser que afectan a la intensidad del funcionamiento corporal y emocional. Lo habitual es que los días, semanas o meses posteriores al hecho, la conmoción provoque fenómenos físicos como náuseas, opresión en la garganta, nudos en el estómago, palpitaciones, insomnio, fatiga,… Otras formas en las que se puede manifestar el duelo son el llanto, suspiros, tendencia al aislamiento, aturdimiento o la falta de atención, que se acompañan con estados de ánimos e ideas de culpabilidad, incredulidad ante lo sucedido, sensación de que la persona sigue estando y que se puede sentir incluso oír.

 

Este período intenso en diferentes ámbitos vitales se refleja en la expresión “trabajo de duelo”, que incide en el papel activo de la persona ante la experiencia y los cambios que se experimentan durante la vivencia y el paso del tiempo.

 

Importancia de darle tiempo al dolor

En la sociedad contemporánea, la reacción a la muerte no se considera enfermiza, sino que se exige un tiempo para sentir la tristeza y emociones negativas que pueden incluir el enfado o la ira. A pesar de ello, los tiempos actuales no facilitan la experimentación del dolor, ya que nosotros mismos carecemos de capacidad para tolerar y dejar que aflore la tristeza. Años atrás existía la “cultura del luto”, basada en ritos que facilitaban exteriorizar la pena.

 

Actualmente el “doliente” detecta que las manifestaciones emocionales pueden incomodar a su entorno, lo que conlleva que la gente se esconda para llorar o mostrar su conduelo, sin angustiar a sus personas más afines. Si sumamos esto a que cada vez hay menos tolerancia de la tristeza, se entiende que cada vez se acuda más a profesionales sanitarios para encontrar respuestas químicas que acallen las emociones dolorosas y alivien los síntomas físicos y anímicos.

 

Cuándo el duelo se convierte en una vivencia patológica

El duelo suele tener un proceso limitado en el tiempo y con una intensidad asumible, pero hay veces que se torna en un “duelo complicado” y que requiere su detección. Este tipo de duelo no es benigno y puede conllevar sufrimiento.

El duelo es un tipo de fractura vital a la que nos exponemos y que nos conmociona.

En un encuentro del Colegio Oficial de Enfermería de Guipúzcoa en 2015, plantearon que tras la muerte de una persona hay un mínimo de cinco personas cercanas que pasan por un proceso de duelo, de los cuales uno de cada diez puede desarrollar en severas complicaciones físicas y emocionales. La complicación del duelo se puede relacionar con la edad de la persona fallecida, el modo en el que ha fallecido, las experiencias previas y la personalidad de quien experimenta la pérdida o la relación con el que se ha ido.

 

El duelo es patológico cuando:

 

- La duración supera un tiempo de entre seis meses y el año.

 

- Las manifestaciones físicas o emocionales son lo suficiente relevantes como para comprometer el bienestar físico, psíquico y social.

 

Las fronteras entre reacciones normales y patológicas son difíciles de establecer. La supervisión de personas cercanas es fundamental para evitar que el doliente entre en un camino de autodestrucción del que sea complicado retornar. La red familiar y social son determinantes para sujetos que no saben tomar iniciativas eficaces, que normalmente son niños, adolescentes y ancianos. Debido a esto, lo importante es que se sepa el momento en el que se requiere de ayuda profesional y no enquistar el duelo. El dolor no puede impedir que se siga con el ritmo normal de vida y se altere la salud física y emocional, así como la integración social.

 

Cada individuo vive el duelo de forma diferente, por lo que es más difícil determinar los procesos que transcurrirán a lo largo del duelo. Lo importante es evitar el aislamiento y la soledad, conectando con grupos de apoyo que permitan recibir y ofrecer ayuda activa y constructiva para no caer en depresiones. En la interacción se puede lograr una respuesta resiliente que ayude a mantener una vida plena a pesar de la perdida en la que, recordando al ser querido, se siga avanzando en el desarrollo personal sin rencor.

 

Intervención psicosocial para prevenir la cronificación del duelo

En el duelo es importante madurar con la adversidad, permitiendo una elaboración resiliente del duelo que implique:

 

- Fomentar la interacción personal sincera.

 

- Confiar en que las experiencias y la escucha de otras personas nos pueden aportar.

 

- Estimular la verbalización de las emociones suscitadas por la pérdida y avanzar hacia la superación tanto oralmente ante un grupo, como por escrito como explicitación consciente del mundo interior.

 

- Reconocer y reforzar la capacidad para hacer frente a la adversidad mediante el trabajo personal de autoevaluación o escucha a otras personas, mejorando la autopercepción y estima personal.

 

- Lograr una visión desapasionada y más real del que se ha ido, así como de los vínculos con él o ella y estableciendo un equilibrio entre los aspectos positivos y negativos de los lazos.

 

- Sentirse parte de un grupo humano acogedor, que acepta el dolor y la forma de ser, que se siente dispuesto a comentar con sinceridad y respeto los aspectos que son susceptibles de mejora.

Por Dra. Ana Isabel Sanz García
Psiquiatría

La Dra. Ana Isabel Sanz es una reputada experta en Psiquiatria, especializada en trastornos afectivos, ansiedad, trastornos de personalidad y psicosis. Con más de 20 años de experiencia, Ana Isabel Sanz ha basado su profesión en el ámbito de la psiquiatría de adultos, la atención infanto-juvenil y la psiquiatría forense. La psiquiatra combina su actividad clínica con la docencia, así como con publicaciones y ponencias en congresos especializados de Psiquiatría, Educación y diversos foros de divulgación. Actualmente, la Dra. Sanz ejerce como psiquiatra y directora médica del Instituto Psiquiátrico Ipsias, en el que ha implementado diversos programas específicos dentro de la atención ambulatoria a la Salud Mental, como el de rehabilitación de patologías psíquicas severas o el de neurorehabilitación en trastornos cognitivos. Otro ámbito destacado de su ejercicio profesional es el de perito forense -tanto en casos civiles como penales- en los juzgados de Madrid y de otras ciudades.

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