La terapia neural en medicina antiaging

Written by: Dr. Javier Torrijos Gil
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Edited by: Lucía Ramírez

Cada vez vivimos más años, por lo que necesitaríamos conseguir una mayor calidad de vida a nivel de salud. Dependiendo del entorno socioeconómico en el que nos encontremos, esa calidad de vida es diferente y, lo que se pretende no es la inmortalidad, sino que esos últimos años de nuestra vida sean lo más saludables para toda la población.

 

Cuando hablamos de envejecimiento, con el paso del tiempo nuestras células dejan de funcionar apropiadamente, por lo que sería interesante restaurarlas o rejuvenecerlas.

Para ello, es importante analizar cómo vivimos, cómo nos alimentamos, si vivimos en una gran ciudad con mucha contaminación, nuestro nivel de estrés, actividad laboral, ausencia de descanso, sedentarismo, aislamiento social y la presencia de otros factores externos que pueden influir en nuestro genoma (epigenética). Todo ello, conlleva la aparición de diversas enfermedades asociadas al envejecimiento.

 

La terapia neural actúa en el eje mente, sistema nervioso y sistema inmune

 

Envejecer saludablemente sería el objetivo de la medicina moderna y de los especialistas en Nefrología y Medicina Integrativa, así como retrasarlo o enlentecerlo.

 

¿En qué consiste la terapia neural en medicina antienvejecimiento?

La terapia neural es un proceso que actúa directamente en el eje mente, sistema nervioso y sistema inmune, recuperando el estado bioenergético de la membrana celular. En ella se utiliza un anestésico local, normalmente la procaína en puntos estratégicos y a concentraciones muy pequeñas, repolarizando la membrana celular, logrando así una condición bioeléctrica normal y una normalización fisiológica, por lo que es una terapia antiaging de primer orden, para luchar contra los efectos derivados del paso de los años.

 

Con esta terapia también pueden tratarse dolores en el sistema osteomuscular, problemas digestivos y odontológicos, problemas neurológicos/psiquiátricos como estados de ansiedad, depresión, enfermedad de Parkinson, cefaleas y vértigo, entre muchas otras condiciones patológicas.

 

Numerosos estudios clínicos han demostrado la importancia de la procaína en la mejora de trastornos distróficos ligados a la edad, donde los pacientes tratados con terapia neural mejoraban su función circulatoria, la flexibilidad cutánea, las úlceras, los síntomas de la enfermedad de Parkinson, la artritis, la pérdida de memoria, la cognición, la potencia muscular, la capacidad pulmonar, la depresión, etc.

 

Retardar el proceso de envejecimiento previniendo la invalidez y la aparición de enfermedades es el objetivo de la terapia neural, mediante el uso de procaína, una sustancia que actúa como si fuera una vitamina a nivel celular, pero sin serlo.

 

¿Qué es la medicina antiaging?

El gran reto de la Medicina de Antienvejecimiento en el campo de la senescencia sería entender cómo las células senescentes (nuestras células viejas y dañadas) se esconden del sistema inmune. Si entendiéramos eso, podríamos reactivar el sistema inmune para que pueda acabar con ellas.

 

La incidencia de enfermedades como el Alzheimer ha aumentado porque estaba oculta, ya que cuando la esperanza de vida era de cuarenta o cincuenta años a nadie le daba tiempo de desarrollar Alzheimer. Gracias a que se vive más se pone de manifiesto una enfermedad que antes era minoritaria y ahora es muy común porque tarda muchos años en aparecer. Por otro lado, las enfermedades cardiovasculares son ya una causa importante de muerte, y las enfermedades neurodegenerativas lo serán conforme vivamos más, ya que las demencias empiezan a partir de los 70 años, y cuando todo el mundo alcance esa edad aumentará su prevalencia.

 

Hay factores asociados a un menor número de enfermedades y a un envejecimiento más saludable: tener una dieta moderada, hacer ejercicio moderado y tener una vida social rica; es decir, estar feliz y contento.

 

La medicina de la longevidad pretende aplicar mecanismos de protección de las células contra el envejecimiento. Aunque también se trata de contrarrestar los efectos degradantes de la vejez y sus enfermedades degenerativas, por eso se investigan las posibilidades de cambiar las mitocondrias (las pequeñas centrales energéticas de las células) y la regeneración del sistema inmunológico.

 

¿Cómo se lleva a cabo?

La medicina antienvejecimiento (o antiaging) ya dispone de numerosas herramientas diagnósticas que nos permiten conocer en qué estado de evolución se encuentran estas enfermedades en nuestro organismo, así como recursos terapéuticos para el mantenimiento de la salud. La regeneración facial es un ejemplo terapéutico de este tipo de medicina en evolución.

 

Como marcador de edad biológica disponemos de los telómeros, que son cadenas de ADN y proteínas. Cada célula humana contiene 23 pares de cromosomas que tienen nuestro código genético, en sus extremos se encuentran los telómeros que, pese a no contener información genética, son vitales para la estabilidad e integridad de los cromosomas y son un marcador del envejecimiento biológico a nivel celular. Conforme cumplimos años nuestros telómeros se van acortando espontáneamente debido a la división celular. Sin embargo, puede haber factores, como la alimentación, que pueden acelerar la reducción de su longitud y, por consiguiente, el envejecimiento.

 

¿La alimentación influye en el envejecimiento?

Ahora sabemos que existe cierta alimentación que favorece el envejecimiento celular mientras que otra es capaz de enlentecerlo.

Un estudio publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition revela que las personas que consumen mucha comida basura procesada industrialmente tienen más probabilidades de mostrar un cambio en sus cromosomas relacionado con el envejecimiento.

 

Es más, existe evidencia científica de la correlación entre los alimentos ultraprocesados ​​y la hipertensión, la obesidad, la depresión, la diabetes mellitus tipo 2 y algunas formas de cáncer; todas ellas asociadas a la edad, el estrés oxidativo y la inflamación.  Además, también están relacionadas con la longitud de los telómeros.

 

Muchos estudios clínicos, demuestran lo dañino de los hidratos de carbono y el azúcar para las células. Por lo que se trata de evitar alimentos con un alto índice glucémico (postres, dulces, patatas, arroz, pan, pasta, etc.).

 

Nuevas investigaciones demuestran que las bacterias intestinales relacionadas con el envejecimiento saludable se ven favorecidas con el cumplimiento de una dieta mediterránea. Esta es rica en frutas, verduras, nueces, legumbres, aceitunas, aceite y pescado, pero bastante baja en carnes rojas y grasas saturadas, ideal para personas de tercera edad.

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By Dr. Javier Torrijos Gil
Nephrology

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