

La preeclampsia es una complicación que ocurre durante el embarazo. Guarda relación con la hipertensión inducida durante el embarazo y se asocia a niveles altos de proteína en la orina, o proteinuria.
La preeclampsia puede darse hasta en el 10% de los embarazos y normalmente ocurre en el segundo y tercer trimestre, a partir de la semana 32. Es más común en madres primerizas y disminuye en el segundo embarazo. El riesgo es mayor en mujeres en cuyas familias ha habido previamente preeclampsia. Sin embargo, el riesgo mayor en la aparición de preeclampsia es haber tenido preeclampsia en un embarazo previo. Es más frecuente en mujeres con hipertensión y diabetes previas al embarazo, embarazos en pacientes con enfermedades autoinmunes como lupus eritematoso, en pacientes con trombofilias, insuficiencia renal, obesidad y embarazos múltiples. Asimismo, es casi el doble de frecuente en mujeres de raza negra.
La preeclampsia es más que una hipertensión arterial durante la gestación, que daña los riñones, y hace perder proteínas por la orina. Sin embargo, no únicamente daña los riñones durante sino que también se afectan otros órganos tales como el hígado, el cerebro y la sangre. Es una complicación que debe controlarse, ya que, de lo contrario, puede estar en peligro la vida del bebé y de la madre. Aunque hoy en día la mortalidad y complicaciones derivadas de la preeclampsia no son tan frecuentes, es imprescindible un buen control médico y un tratamiento adecuado y a tiempo.
Normalmente, una mujer embarazada con preeclampsia no se siente enferma, pero puede tener síntomas como:
Si la preeclampsia es grave, puede presentar los siguientes síntomas:
Los chequeos prenatales periódicos con el especialista en Ginecología y Obstetricia ayudarán a controlar la presión arterial y los niveles de orina. Además, los análisis de sangre pueden demostrar si la paciente sufre preeclampsia. Otras pruebas son los chequeos de la función renal y de la coagulación de la sangre, así como una ecografía para valorar que la salud del bebé sea la correcta y un ultrasonido Doppler para establecer la eficiencia del flujo sanguíneo a la placenta.
Existen una serie de factores de riesgo que pueden predisponer a sufrir preeclampsia en el embarazo:
Factores de riesgo relacionados con la genética:
Factores de riesgo relacionados con la madre:
Factores de riesgo relacionados con el embarazo:
La mejor manera de prevenir la preeclampsia es que toda mujer embarazada haga controles del embarazo de forma precoz y adecuada. Además, se debe:
La única solución para acabar con la preeclampsia es el parto, que suele ser por inducción o por cesárea, comúnmente. Antes del embarazo, es importante hacer un buen seguimiento. Si la preeclampsia es leve, se puede hacer desde casa tomando las siguientes medidas:
En casos más graves, puede ser necesario hospitalizar a la paciente para vigilar a ella y al bebé de más cerca. Esto puede incluir:
El especialista que trata la preeclampsia es el experto en Ginecología y Obstetricia, quien realiza periódicamente controles prenatales para detectarla cuanto antes y establecer un tratamiento adecuado.

