

La infiltración caudal es uno de los procedimientos más habituales para el tratamiento del dolor crónico lumbar y para aliviar el dolor producido por la inflamación de los elementos nerviosos del canal espinal.
Generalmente, estos nervios se comprimen como consecuencia del desplazamiento de vértebras, que da lugar a patologías como la espondilolistesis, las hernias de disco o la estenosis de canal por artrosis. Además, esta técnica puede ser usada en pacientes con fibrosis postoperatorias y con una finalidad diagnóstica, para conocer la causa del dolor.
La infiltración caudal es un tratamiento indicado por especialistas en Traumatología para diferentes tipos de funciones. Entre ellas, cabe mencionar:
Esta técnica consiste en la infiltración a través de una inyección de una mezcla de anestésicos locales y corticoides en el espacio epidural en la parte baja del canal raquídeo (último hueso de la columna vertebral).
La función de los fármacos inyectados es bloquear la sensación de dolor que los nervios transmiten al cerbero, por lo que algunos pacientes pueden notar cómo disminuye la inflamación de manera casi inmediata. No obstante, la mayoría nota el efecto beneficioso pasados unos días.
El procedimiento es rápido (entre 20-30 minutos) y en general poco molesto, aunque en ocasiones el paciente puede experimentar dolor.
En la patología vertebral, las infiltraciones epidurales no tienen un papel principal como tratamiento, sino que se recurre a ellas cuando otras técnicas menos agresivas fracasan. Tras la infiltración, el paciente debe permanecer durante 15-20 minutos en reposo y bajo control.
Aunque, por lo general, la infiltración caudal es un procedimiento rápido y seguro, existen algunos factores que a los que atender tras ser intervenidos con este método:

