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¿Qué impacto tiene el dolor crónico infantil?

El dolor crónico impacta de forma sustancial sobre la calidad de vida de los niños y adolescentes que lo experimentan, afectando a múltiples dimensiones de su vida: biológica, psicológica, social y familiar.

  • La dimensión biológica se centra en todo aquello que se corresponde con la afección física ocasionada por el dolor, así́ como el propio padecimiento del dolor. Sin embargo, el dolor en sí mismo no es el peor problema al que se enfrentan los niños y adolescentes, sino que la gravedad del problema la generan las consecuencias que este provoca en las restantes dimensiones.
  • La

  • dimensión psicológica integra aquellas consecuencias emocionales desencadenadas por la experiencia dolorosa persistente como angustia, insomnio, fatiga, inquietud, sentimiento de desesperanza o cambios de humor, tales como irritabilidad, enfado o una actitud negativa frente al dolor. Los problemas mentales a raíz del dolor crónico pueden ser los más devastadores, siendo muy comunes la depresión y la ansiedad.
  • La dimensión social incluye las afecciones que el dolor crónico provoca al niño o adolescente en el ámbito escolar, tanto cuestiones académicas como relacionales. La dimensión escolar de un niño puede verse afectada de múltiples formas por el dolor crónico, como absentismo escolar, falta de atención y participación en clase, dificultad para realizar las tareas exigidas y deterioro del rendimiento escolar o detrimento de su capacidad social (sensación de aislamiento, menor simpatía, o evitación de amigos.
  • En cuanto al ámbito familiar, destaca el hecho de que el dolor trasciende los limites individuales del niño o adolescente que lo padece, afectando inevitablemente a los familiares o cuidadores que le rodean, en tanto que su vida sufre alteraciones (cuidados especiales del niño, cambio de hábitos, diferencias en la relación, entre otras). En concreto, el impacto del dolor crónico del niño o adolescente sobre sus familiares suele materializarse en síntomas de malestar psicológico como estrés, ansiedad o depresión.

Además, el dolor crónico también tiene una importante repercusión económica en la familia del niño o adolescente que lo sufre (por alteraciones en las condiciones laborales de los padres o cuidadores del menor, así́ como por los gastos extras en los que deben incurrir para dotar a su hijo de los medios apropiados para el tratamiento del dolor crónico), así́ como en la sostenibilidad del sistema sanitario.

Como conclusión, puede afirmarse que el dolor crónico tiene un grave efecto perjudicial sobre el propio niño o adolescente, así́ como sobre su entorno social y familiar, pudiendo deteriorarse todos los ámbitos de su vida. 



¿Cómo se evalúa el dolor en los niños?

La evaluación del dolor en niños, en particular en los de edad preverbal, entraña un problema particularmente difícil. Constituye un reto para el profesional el hallar instrumentos que permitan evaluar el dolor de forma apropiada. A diferencia de la mayoría de adultos, los niños (en especial los más jóvenes) carecen de competencia cognitiva y conductual para comprender las preguntas sobre el dolor y para describirlo.

Se describen diversos métodos para valorar el dolor en la edad pediátrica:

  • Autovaloración.
  • Escalas conductuales.
  • Valoración fisiológica.

Ninguno de estos instrumentos suministra por sí sólo información suficiente para usarlo como medida estándar de dolor en los niños.

La dificultad de valorar el dolor aumenta cuanto menor es el desarrollo del niño, y se basa, como ya se ha mencionado, en el análisis de la intensidad del llanto, de la expresión facial, de las respuestas vegetativas, de la actividad motora y de la expresión verbal. En ocasiones es complicado distinguir si el comportamiento se debe al dolor o si depende de otros estímulos previos (hambre, sueño, etc.), especialmente en los muy pequeños.

Existen numerosas clasificaciones, aunque básicamente puede diferenciarse entre dolor agudo y crónico; y a su vez ambos pueden ser moderados o graves.


Niños en etapa no verbal

Se utilizan escalas conductuales y fisiológicas.

La expresión facial es el indicador más válido de dolor en neonatos y lactantes. Desde los seis meses ocurre la conducta anticipatoria manifestada por la postura y el movimiento protector de la extremidad. Los padres, pediatras y otros trabajadores de salud son constantemente desafiados a interpretar cuándo las manifestaciones de molestia, en niños que aún no hablan, representan dolor, miedo, hambre, disconfort o un rango de otras emociones o percepciones debidas a una experiencia negativa no asociada a dolor.

Con estos datos se han establecido escalas como la de CHEOPS (Children ́s Hospital of Eastern Pain Scale) diseñada para evaluar el dolor postoperatorio en niños; o muy parecida la de FLACC aplicable a niños hasta cuatro años o a niños mayores que no colaboran, en la que se miden la expresión facial, la posibilidad de consolar al niño, el llanto, la actividad y la movilidad de las piernas.

Hay otras variaciones que tiene en cuenta estos cambios del comportamiento, como la Neonatal Facial Coding System, con la que se intenta medir el dolor en el recién nacido que valora nueve elementos: hacer pucheros, cerrar los ojos con fuerza, el abombamiento de las cejas, estiramiento vertical y horizontal con la boca, apertura de los labios, contracción de la lengua, temblores del mentón y del pliegue naso labial.

Cuando el dolor sea recurrente, nos interesará sobre todo comprobar cómo repercute en la actividad habitual del niño, como por ejemplo en sus hábitos o juegos. 


Niños en etapa no verbal

  • Valoración por autorrepresentación, en la que el niño señala o colorea las zonas dolorosas en una silueta del cuerpo humano.
  • Escalas de autovaloración: (para un buen uso de estas escalas el niño/a debe tener un desarrollo adecuado y entender conceptos de mucho y poco)
  • Escalas numéricas verbales: “Escala numérica del dolor” (línea con intervalos numerados del 0 al 10 siendo la 0 ausencia de dolor y el 10 el máximo de dolor) y el “Termómetro del dolor”.
  • Escalas visuales analógicas: su ventaja es que no hace falta que los niños comprendan bien los números o las palabras unidas al dolor.
  • Escalas de dibujos faciales: seis caras con expresiones de la sonrisa al llanto.
  • Escala de Oucher: seis fotografías de niños con expresiones de creciente dolor, se combina con escala numérica.
  • Escala visual analógica: línea en la que en cada extremo se indica desde “nada de dolor” a “el peor dolor imaginable”.