¿Cómo debería abordarse el dolor crónico infantil?
En los últimos años se han producido en España notables avances en la investigación y el desarrollo del campo del dolor en la población adulta. No obstante, no se ha prestado la misma atención al dolor que experimenta la población infantil, pese a la
gran vulnerabilidad que presenta este colectivo, lo cual hace que actualmente el tratamiento del dolor en niños y adolescentes sea concebido en la comunidad científica como una problemática no resuelta que se acentúa aún más si se trata de dolor crónico, por las graves consecuencias que este acarrea.
¿Cómo se caracteriza el dolor crónico infantil?
Se entiende por dolor crónico infantil aquel dolor experimentado por niños y adolescentes que persiste más allá del tiempo de curación esperado (> 3 meses), y se manifiesta de forma continua o recurrente en dicho periodo. Este dolor no resulta fácilmente tratable con los métodos tradicionales aplicados para el manejo del dolor, así como tampoco resulta fácilmente curable. De hecho, el dolor crónico genera repercusiones cuyo impacto se desarrolla en el largo plazo, y en ocasiones puede llevar a que estos niños y adolescentes desarrollen discapacidades relacionadas con dicho dolor, así como problemas mentales en el futuro, representando una amenaza real para la calidad de vida relacionada con la salud.
Los estudios epidemiológicos analizados demuestran que el dolor crónico es muy común en la población pediátrica, habiendo aumentado su tasa de prevalencia en los últimos años, y convirtiéndose, por tanto, en un importante problema de salud pública. El único estudio epidemiológico publicado sobre el dolor crónico infantil que se ha realizado hasta la fecha en España, determina una tasa de prevalencia del dolor crónico en niños y adolescentes del 37%.
Por lo general, el dolor crónico suele ser reconocido como síntoma de otras enfermedades subyacentes como el cáncer, en lugar de una patología con entidad propia. Además, el dolor crónico recibe una mayor atención si se manifiesta en población adulta, quedando relegado a un segundo plano el dolor crónico infantil.
El dolor crónico y recurrente en menores tienen una distribución diferente a los adultos, son menos frecuentes la dorsalgia y dolor de cuello; en cambio con frecuencia aparecen dolores repetitivos en cabeza, tórax, abdomen y extremidades. El dolor en el niño es causa frecuente de absentismo escolar y determinados dolores condicionan en los padres y en adolescentes temor de padecer enfermedades potencialmente mortales que nos obliga a valorar posibles diagnósticos diferenciales.
¿Cómo se trata el dolor crónico infantil en España?
A pesar de que el abordaje del dolor crónico infantil haya mejorado gracias a la investigación y a los avances tecnológicos, la realidad es que muchos niños y adolescentes con dolor crónico en España no están siendo suficientemente tratados, lo cual puede deberse a motivos diversos como falta de formación o escasez de recursos materiales y organizativos.
El tratamiento adecuado del dolor crónico resulta en sí mismo un fenómeno complejo, aumentado dicha dificultad en caso de la población infantil, para la que entran en juego factores como la variabilidad clínica que suponen los cambios cronobiológicos, las causas y el propio curso de la enfermedad en una población tan heterogénea (desde lactante hasta adolescente).
Además de lo anterior, la evidencia demuestra que el tratamiento inadecuado del dolor infantil acarrea perjuicios como recuperaciones más lentas, mayores complicaciones y un mayor uso de los servicios de salud. Para ello, se han identificado cinco claves en torno al abordaje del dolor, de forma que se puedan visualizar las limitaciones del sistema actual:
Actividad asistencial. Es habitual que el paciente con dolor crónico haga frente a un proceso lento y tedioso hasta que recibe el tratamiento adecuado, en parte porque a veces se necesita que los distintos especialistas se coordinen. En este sentido, la falta de coordinación actual es un problema relevante. Entre las dificultades que hacen que la coordinación no sea óptima, se incluyen:
- La falta de un protocolo de derivación/seguimiento que se ejecute de forma sistemática para lograr la coordinación óptima.
- La inexistencia de una vía de contacto institucionalizada entre los profesionales de Atención Primaria y especializada.
- Insuficiencia de información en relación al tratamiento del paciente con dolor crónico pautado en Atención Especializada, así como desconocimiento del manejo del dolor por parte de los profesionales de Atención Primaria.
Falta de sistemas de información que enlacen debidamente a los médicos de Atención Primaria de referencia de los pacientes con los especialistas que les estén tratando. Respecto a la población infantil, a la falta de coordinación se le añade la inexistencia de unidades del dolor específicas para la población pediátrica.
Protocolización clínica.
- Protocolos y guías de práctica: apenas existen protocolos específicos para el dolor crónico infantil.
- La escasez de protocolos da muchos tipos de abordaje, por lo que se produce desigualdad en la calidad asistencia.
- Existen pocos tratamientos y ensayos clínicos.
- Es habitual que los tratamientos se extrapolen de adultos, por lo que puede acarrear riesgos.
Evaluación del dolor infantil. Si ya es complicado valorar el dolor en un adulto, en niños es todavía más complicado, debido a sus limitaciones verbales.
Formación de profesionales. Al contrario que en otras especialidades, la formación en dolor es escasa y secundaria, especialmente en edad pediátrica.
Atención multidisciplinar.
- Dado que el dolor es complejo y de múltiples dimensiones, debe tratarse con enfoques multidisciplinares para garantizar un correcto diagnóstico y tratamiento del dolor.
- A nivel organizativo, las unidades del dolor son los espacios ideales para desarrollar esta atención multidisciplinar.
- El dolor crónico debe tratarse con enfoques multidisciplinares
- Los niños deberían ser tratados desde unidades del dolor específicas.
- Frente a las 188 unidades del dolor para adultos, solo existen dos en España específicas para el abordaje del dolor de adolescentes y niños.