Zona para profesionales

Trauma complejo en adultos: qué es, cómo se manifiesta y cómo se trabaja en terapia

Hay personas que llegan a consulta sin un recuerdo concreto que explique lo que les pasa. No hubo un accidente ni un acontecimiento puntual, sino algo repetido en el tiempo: años de tensión en casa, críticas constantes, cuidados que no llegaban o vínculos en los que no era seguro mostrarse tal y como eras.


Cuando algo así se repite durante mucho tiempo, la mente y el cuerpo se adaptan para poder sobrellevarlo. Esa adaptación, que en su momento fue necesaria, puede seguir activa en la vida adulta aunque el contexto ya sea otro. A esto nos referimos cuando hablamos de trauma complejo.



¿Qué es el trauma complejo?

Se habla de trauma complejo cuando las experiencias dolorosas no ocurren una sola vez, sino de forma repetida o prolongada, y normalmente dentro de relaciones de las que se dependía: la familia durante la infancia, una pareja o un entorno del que no era fácil salir.


La CIE-11 recoge el trastorno de estrés postraumático complejo. Además de los síntomas propios del estrés postraumático, como revivir lo ocurrido, evitar aquello que lo recuerda o sentir una amenaza persistente, describe dificultades que pueden mantenerse en diferentes áreas:

  • Regulación emocional: emociones muy intensas o, por el contrario, desconexión emocional.
  • Imagen de uno mismo: culpa, vergüenza o una sensación profunda de no valer.
  • Relaciones: dificultad para confiar y para sentirse cerca de otras personas.


Reconocerse en alguna de estas situaciones no significa tener un diagnóstico. Solo una evaluación profesional puede determinarlo. Sin embargo, conocer este marco puede ayudar a entender que algunas reacciones que sentimos como “defectos” tienen una explicación.


Cuando las emociones se desbordan o desaparecen

Si durante años tuviste que estar pendiente de lo que podía pasar, tu sistema nervioso aprendió a reaccionar rápido. En la vida adulta, esto puede notarse como una alarma que se activa ante situaciones que, vistas desde fuera, no parecen tan graves: un mensaje sin responder, un cambio en el tono de voz o una pequeña crítica.


Otras veces ocurre lo contrario: sientes poco, te cuesta identificar qué te pasa o notas cierta distancia respecto a lo que estás viviendo. También puede ser una forma de protección. Si sentir era demasiado, desconectar de las emociones pudo convertirse en una manera de sobrellevarlo.


Algunas señales frecuentes son:

  • Te cuesta mucho volver a la calma después de un conflicto.
  • Reaccionas con una intensidad que después te sorprende o te hace sentir culpa.
  • Vives en alerta y anticipas constantemente lo que puede salir mal.
  • A veces notas cierta desconexión, como si estuvieras viendo lo que ocurre desde fuera.
  • Te resulta difícil descansar incluso cuando todo está bien.


“Hay algo mal en mí”: el impacto en la autoestima

Cuando los mensajes que recibiste durante años fueron de crítica, desprecio o indiferencia, es habitual acabar interiorizándolos. Lo que empezó siendo algo que te decían o te hacían puede terminar convirtiéndose en algo que piensas de ti: “soy demasiado”, “no soy suficiente” o “siempre molesto”.


Esto refleja que el trauma complejo y la baja autoestima pueden estar estrechamente relacionados. Por eso, en algunos casos, trabajar únicamente la autoestima sin mirar la historia que hay detrás puede quedarse corto.


Cómo puede afectar a las relaciones

Si los vínculos que debían protegerte fueron también los que te hacían daño, es comprensible que la cercanía pueda despertar sentimientos contradictorios: ganas de conectar y, al mismo tiempo, miedo.


Esto puede aparecer como necesidad de agradar, dificultad para poner límites, miedo al abandono o tendencia a mantener cierta distancia para evitar sufrir. Algunas personas incluso pasan de un extremo a otro dependiendo de la relación o del momento.


No significa que no sepas relacionarte, sino que aprendiste a hacerlo en un contexto en el que la seguridad no estaba garantizada.


¿Cómo se trabaja el trauma complejo en terapia?

El trauma complejo puede trabajarse en la edad adulta, pero requiere un proceso cuidadoso, por fases y adaptado al ritmo de cada persona.


En mi consulta trabajo desde un enfoque integrador que combina EMDR, terapia cognitivo-conductual y recursos personalizados. A grandes rasgos, el proceso puede incluir:

  1. Evaluación y comprensión de tu historia: qué te ocurre actualmente y qué relación puede tener con lo que viviste.
  2. Estabilización: antes de abordar los recuerdos difíciles, construimos recursos para regular las emociones y desarrollar una mayor sensación de seguridad. En el trauma complejo, esta fase puede necesitar más tiempo.
  3. Procesamiento: cuando existe una base suficiente, trabajamos los recuerdos y las creencias que siguen generando malestar.
  4. Integración: llevamos lo trabajado a la vida diaria, incluyendo las relaciones, los límites y la forma en la que te hablas.


La terapia EMDR está recomendada por la OMS para el tratamiento del estrés postraumático en adultos. En el trauma complejo no se aplica necesariamente desde la primera sesión: se integra dentro de un plan más amplio y cuando la persona está preparada. El objetivo es que esas experiencias dejen de tener tanto peso en el presente.


Lo que aprendiste para protegerte también puede transformarse

Las reacciones que hoy te pesan no son un fallo de carácter. Fueron respuestas que tuvieron sentido ante una situación que no elegiste.


Entenderlo no borra lo ocurrido, pero puede cambiar la manera en la que te miras. Y ese puede ser un primer paso para construir una forma diferente de relacionarte contigo, con los demás y con tu historia.