La salud y la enfermedad: de los dioses a los robots

Escrito por: Dr. Alberto García Valdés
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Editado por: Carlota Rincón Muñoz

Las primeras creencias organizadas sobre la salud y la enfermedad en grupos humanos, al margen de la propia medicina instintiva como en el resto de los animales, debieron aparecer entorno a medio o un millón de años atrás y no debían de ser muy diferentes a las de los actuales pueblos que viven más o menos aislados y en condiciones similares. Toda la naturaleza es sagrada y todos los fenómenos del mundo material están influidos por seres espirituales que controlan todo lo existente.

La salud y la enfermedad, en este concepto animista religioso, serian la consecuencia de estar o no de acuerdo con estas fuerzas superiores, divinidades todopoderosas. Estas ideas evolucionaron con lentitud hasta unos diez mil años A.C con el desarrollo de las culturas agrarias, sobre todo en torno a los ríos, viéndose, con mayor claridad el concepto religioso de enfermedad como pecado, al desobedecer las normas impuestas por los dioses y seguir las pautas de los demonios.

En el pasado, la salud era la consecuencia de estar o no de acuerdo con estas fuerzas divinas

Una de las culturas más avanzadas es la mesopotámica. Al final de su evolución hacia el 2000-1500 A.C mostraba ya, sin embargo, atisbos de una medicina más racional, basándose en las variaciones del estado de salud con las estaciones, la temperatura y un estudio muy detallado de los astros.

En otras culturas, como la egipcia, persa, las precolombinas o las israelitas ocurrió algo parecido, entendiendo todas ellas a la salud y a la enfermedad de una forma religiosa, aunque con el tiempo cada vez más filosófica.

En la India si se elaboró una medicina filosófica, dentro de la religión, pero también independiente de ella. Es la medicina de los Vedas, o mejor del Ayurveda, que significaba conocimiento de la vida y en relación con ellos estaba el yoga y el budismo.

Una parte importante de estas teorías filosóficas parten de una idea de la vida negativa, de que está llena de dolor y sufrimiento y su objetivo supremo es adquirir una superior conciencia que permita evadirse de la vida sobre la tierra y conseguir un placer total a través de la fusión con “lo absoluto”.Existe otra visión más optimista del yoga para la cual la vida no es tan rechazable y la actuación terrenal es necesaria, sirviendo el yoga para obtener el equilibrio y serenidad necesaria para afrontar la realidad de la existencia.

Una cosmología racional se describe con más precisión en la cultura china. En el tratado I Ching se describe con claridad las relaciones entre el macro y el micro cosmos. Todo debe de estar de acuerdo con el Tao, el equilibrio, que se regula por sus opuestos, el Yin y el Yan.

A partir de estas ideas, los conceptos de salud y enfermedad, que también sirvieron como base a la filosofía de Confucio, se fueron estableciendo con arreglo a las teorías de los elementos, creencias existentes también en otras culturas como la India. Uno de los primeros objetivos del Taoismo era llevar una vida sencilla y natural para conseguir la salud y longevidad. El principio básico para ello era conservar la energía vital.

Estos conceptos constituyeron la base de la medicina china que, con múltiples, vicisitudes, ha llegado hasta nuestro tiempo con interés renovado. Así, todas estas civilizaciones habían avanzado mucho hacia una desconexión del papel de las divinidades en la aparición de enfermedades, pero el gran paso adelante tuvo lugar a partir del 500 A.C en la Grecia clásica. Allí, los filósofos de la naturaleza, llenos de libertad y fuerza, excluyeron a los dioses como causa de enfermedades y afirmaron que es la Naturaleza en sí misma la que influye para bien o para mal en su aparición.

Al margen de esta desconexión, las ideas de médicos filósofos, como Tales de Mileto o Alcmeón de Crotona, la nueva medicina pasó de ser filosófica a fisiológica. Por lo demás, sus ideas eran próximas a las de otras grandes culturas ya citadas, equiparando a la salud con el equilibrio y a la enfermedad con su contrario. También relacionaban los elementos del macrocosmos, el agua, el aire, el fuego y la tierra con los del cuerpo, la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra.

En el tratado médico básico en la medicina racional griega el Corpus Hippocraticum, se decía con claridad “a propósito de la enfermedad sagrada, he aquí lo que ocurre: a mí me parece que no es, en modo alguno más divina y más sagrada que las demás enfermedades, sino que tiene un origen natural”

En la medicina griega se dio el paso de gigante de descubrir que es la propia naturaleza la que al desequilibrarse enferma, y al considerar la naturaleza humana como diferente de las demás por su capacidad racional. Después vendrían épocas de regresión y oscuridad, que durarían largo tiempo.

La época romana, con su gran sentido práctico unido al rechazo de ideas especulativas, encaminó a la medicina hacia la investigación y el estudio anatómico, manteniendo actitudes eclécticas sobre el origen de la enfermedad que combinaban las ideas hipocráticas con otras de orden materialista y también divino, hasta su decadencia cuando se produjo un rebote de las practicas mágicas y el ocultismo.

Con las ideas de los nuevos filósofos, la nueva medicina pasó de ser filosófica a fisiológica

A pesar de todo, el concepto de enfermedad romano puede representarse en Galeno, que vivió en el siglo II D.C quién afirmaba con rotundidad “la ira de los dioses nunca es causas de dolencias”. Con el agotamiento y la decadencia de Roma, la influencia de los cultos místicos y ocultistas creció mucho y algo parecido ocurrió con el cristianismo en sus primeros tiempos del siglo I D.C. Era una religión de origen oriental, a la vez mística y práctica, apoyada en la revelación divina y la promesa de la salvación eterna, pero que también quería restaurar en la tierra una vida nueva llena de amor a los hombres y de virtud, “ya no hay últimos ni primeros, griegos ni judíos, bárbaros ni esclavos” dijo Jesucristo. Además, el Cristianismo, igual que los paganos, consideraba al hombre como el ser más noble por estar hecho a imagen de semejanza de Dios, quién además se hizo hombre para demostrarlo.

Pero, por otro lado, el pensamiento ilustrado grecorromano basaba el conocimiento de las cosas en el uso de la razón, mientras que para los cristianos el único método valido de conocimiento era la fe ciega en Dios. Además, a diferencia del optimismo vital de los griegos y los romanos que veían la existencia sobre la Tierra como el único paraíso posible, con su exaltación del concepto de naturaleza, los cristianos creían que la vida terrena era solo una dolorosa prueba que los seres humanos tenían que superar para alcanzar la verdadera felicidad en el otro mundo. Algo similar ocurrió también entre los árabes, que hasta Mahoma, tenían cultos divinos de tipo naturalista, pero después del profeta, quién rechazaba los cultos idólatras y solo admitía cumplir con los deseos de un solo Dios, Alá, cuya voluntad debía de ser rígidamente aceptada y las enfermedades eran el castigo de ese único Dios. La doctrina, contenía en el Corán, llevaría a través de la fe a imponer la justicia sobre la Tierra y a alcanzar después una vida feliz en el paraíso eternamente. Inmediatamente después de la muerte de Mahoma empezó la Guerra Santa y los árabes, apoyados en su fe llegaron hasta la India y el decadente Imperio de Bizancio, conquistando Siria, Persia y Egipto. Luego el norte de África y España, hasta los Pirineos, donde fueron derrotados más por la climatología que por la resistencia de los franceses. En la época del esplendor árabe, a partir del s.IX, su concepto de salud y enfermedad fue religioso, pero también aceptaron muchas de las ideas racionales de los griegos, fuera de todo dogmatismo.

Los árabes fueron quienes conservaron durante la oscura Edad Media de Occidente el legado de la sabiduría hipocrática, en tiempos de pesimismo en Occidente, como avisó ya en las proximidades del s.V San Ambrosio “nos acercamos hacia la disolución de los tiempos y ciertas enfermedades no hacen sino anunciar el fin que se aproxima”. La medicina de los monjes, dentro de un ambiente destructor de todo lo pagano, conservó en sus bibliotecas los grandes tratados clásicos, y aunque tuvo un carácter religioso lo suavizo con criterios racionales y naturalistas.

Después, a partir del inicio de la alta Edad Media a finales del s.XI se inició la decadencia de la medicina monástica siendo poco a poco sustituidos los monasterios por las grandes catedrales que expresaban la crisis del orden medieval. Hacia finales del s.XIII Occidente empezaba a despertar y a suavizar, en parte, las duras concepciones religiosas previas, al conocer las costumbres de los árabes y su en muchos aspectos mayor tolerancia junto con el auge de la burguesía y la vida en las ciudades, donde se acentuaba la confianza en el mundo y en el hombre. En las escuelas de traductores de Salerno, Toledo, París, Oxford o Bolonia, muchos filósofos y médicos adaptaban las ideas naturalistas, no sin grandes dificultades, por las barreras eclesiásticas. Al final de la Edad Media, el carácter laico de las universidades se había asentado mucho frente a la intolerancia, presagiando el inicio de la Edad Moderna.

Después de catástrofes naturales, epidemias y guerras, la población de Europa no pasaba de 40 millones de personas y la esperanza de vida de los 30-40 años. Después, en el s.XV y sobre todo en Italia, la confianza en el ser humano va aumentando y muchos artistas, filósofos y humanistas se apoyan en la sabiduría antigua para avanzar en el conocimiento. Ya entonces, en el Renacimiento, empezaron a destacar dos tendencias, una más especulativa, relacionaba al universo y el hombre en un todo orgánico en el que cada parte influía en el resto y otra, cada vez más dominante que se refería a lo concreto, de donde partirá toda la ciencia moderna, a través de la experiencia racional y organizada por esquemas de carácter matemático.

El concepto renacentista de la salud consistía para muchos en recuperar las ideas hipocráticas y el humanismo imperante se conformaba sin ir más allá, pero otros en una vía menos explorada a partir de que la filosofía era muy importante afirmaban como Fracastoro que “las sustancias y cuerpos como el cielo y los vivientes, tienen una certeza que no es pequeña y son casi infinitas las cosas que pueden conocerse”. Estas eran las ideas que preparaban la ya próxima demolición de todo el edificio escolástico medieval preparando un camino diferente de ver el mundo lo que tendría lugar en los años siguientes. La ciencia del s. XVII supondrá una forma muy diferente de aproximación a lo real, muy distinta de la clásica grecolatina. La gran innovación del método experimental se convirtió en el instrumento apropiado para conocer la realidad de las cosas y explorar el mundo. Esto es lo que creía Francis Bacon, el principal partidario del empirismo, que fue el primero en imaginar una sociedad humana dirigida por la tecnología. El método partía de la inducción, comparando sistemáticamente observaciones concretas para establecer las leyes científicas, sin introducir especulaciones previas. La ciencia se concebía en términos solo biológicos, concretos, por completo separados de ideas teológicas o metafísicas.El conocimiento científico estará unido a la transformación técnica de la naturaleza. Estas nuevas consideraciones tuvieron su apoyo en Descartes quién propuso un método mecánico matemático para comprender el cuerpo humano. A pesar de los avances racionalistas, la fuerza eclesiástica era poderosa como se comprobó con el juicio a Galileo por la Inquisición por sus ideas matemáticas que eran “un artilugio demoniaco”.

Los paradigmas estaban cambiando, pero el concepto de salud y enfermedad se podía entender en la práctica de muy diferentes formas y los magos, la alquimia y el ocultismo o todo tipo de actuaciones similares siguieron muy presentes dentro de un contexto muy general dominado por ideas religiosas. El criterio científico tuvo un gran desarrollo en el s.XVIII con los Ilustrados y a través del experimento y en base a lo concreto, los matemáticos, mecánicos, físicos y químicos objetivaban cada vez más a la realidad y anunciaban poco a poco las leyes exactas a que obedecen los fenómenos. Pero no todos pensaban igual y algunos, como Rousseau, reclamaban la vuelta al equilibrio de la naturaleza y al rechazo de todo lo artificioso.

Estos profundos cambios fueron estimulados hacia finales del XVIII con el desarrollo del maquinismo en Inglaterra y la nueva sociedad industrial, que tuvo una mayor repercusión en el XIX. A partir de las penurias existentes, desde finales del XVII y en el XIX, los avances tecnológicos e higiénicos dieron lugar a un gran aumento de la población europea, pasando de unos 100 a unos 200 millones de habitantes.

En el s.XIX aparecen oleadas epidémicas con muchas decenas de miles de muertos y las condiciones de vida mejoraron, pero con situaciones nuevas como consecuencia del cambio de vida desde el campo a las urbes industriales, con agotadoras horas laborales, contaminación extensa, frustraciones personales, convirtiéndose los obreros en una pieza más del engranaje mecánico. El hacinamiento, la mortalidad infantil, el alcoholismo, la prostitución y la mendicidad fueron el resultado de unas deplorables formas de vida para mucha gente que debía encontrarse muy desesperanzada. Barrios sucios, poca luz, mala alimentación y viviendas inhumabas poblaban los nuevos núcleos industriales, convirtiéndose la tuberculosis en una plaga del XIX.

 

Todo esto se tradujo en que las autoridades empezaron a tomar medidas para enfrentarse a tantos problemas que amenazaban con convertir las ciudades en auténticos focos de enfermedades. Por otra parte, la medicina positiva y los avances científico-técnicos condujeron a un notable crecimiento demográfico en los países industrializados en relación con los preindustriales. El panorama europeo era muy cambiante, con grandes movimientos migratorios del campo a la ciudad y también a otros países como Estados Unidos a donde más de 20 millones de europeos llegaron hasta 1900. Por parte de la clase media, quizá asombrada por el proceso técnico, ocurrió una pérdida de confianza en la fuerza sanadora de la naturaleza, diciendo algún médico que ella dejada en libertad, solo producía cicatrices y actitudes viciosas, pero continuó habiendo gente más sensata y menos dogmática.

Los avances de la técnica médica ayudan en todos los órdenes del organismo humano

Durante la primera mitad del s.XX tuvieron lugar las mayores catástrofes bélicas la historia de la humanidad, pero también un despliegue de la ciencia y la técnica hasta entonces desconocido que, en una parte importante, fue consecuencia de la acción estimulante de las situaciones de guerra. Por otro lado, a principio del s.XX hubo un cambio en las ideas, empezándose a rechazar los excesos materialistas. La influencia de Albert Einstein y su teoría de la relatividad fueron enormes y algunos científicos llegaron a decir que sus ideas eran una vuelta atrás a los métodos escolásticos de la Edad Media. Pero las mismas investigaciones posteriores fueron constatando la genialidad y realidad de las ideas de Einstein. Muchas ideas de la ciencia actual pueden tener relación, salvando las distancias con el animismo con los pueblos primitivos y su concepto energético de la vida. El propio Einstein afirmaba que había dos formas de conocimiento,  una filosófica intuitiva y otra científico-positiva, más utilitaria a través del control de los objetos.

 

El optimismo después de la Segunda Guerra Mundial condujo a un grado de prosperidad a muchas partes del mundo muy importante, aunque siguieron existiendo muchas poblaciones en situaciones mínimas de subsistencia, calculándose al inicio del s.XXI en 800 millones las personas sin la alimentación suficiente para una vida activa y saludable. En la última parte del s.XX y hasta la época actual los progresos técnicos en todos los órdenes incluyendo la Medicina, fueron enormes, cambiando favorablemente la vida de muchas personas y creciendo la población actual hasta 7. 500 millones de personas que es el doble desde 1970. Los avances de la técnica médica ayudan en todos los órdenes para el conocimiento “mecánico” del organismo humano. Existe una tecnología muy avanzada que descubre lesiones en las partes más insospechadas del cuerpo con sustancias que informan de las células alteradas, PET-TAC, RMM, Ecografías, analíticas sofisticadas, estudios genéticos, nuevas máquinas robóticas…y otras muchas valoraciones y pruebas ayudan para el conocimiento de muchas enfermedades. Pero el criterio “filosófico” del que participaron todas las sociedades humanas desde su inicio entendiendo a la salud y a la enfermedad como formas de manifestarse la relación entre los seres vivos y el medio que les rodea está en un plano más oscuro.

 

Y dentro de estos criterios, no se valora suficientemente el mayor de ellos, el que establecieron los médicos hipocráticos. La salud y la enfermedad son respuestas a un estado de armonía o desarmonía con nosotros mismos y el medio en el que vivimos, entre el micro y el macro cosmos. Si alteramos el equilibrio natural nos alteramos nosotros mismos, porque como dice el Código Hipocrático, la Naturaleza es la única divinidad a la que debemos de obedecer.

Por Dr. Alberto García Valdés
Endocrinología

El prestigioso Dr. García Valdés es el Jefe de Endocrinología y Nutrición Hospital San Francisco de Asis. Doctorado "Cum Laude" por la Universidad Complutense de Madrid, cuenta con más de dos décadas de experiencia. Durante su trayectoria profesional ha ejercido como Jefe de Servicio en el Hospital Central de la Defensa así como en el Hospital Central del Aire, entre otros.  

El doctor también se dedica a la docencia, impartiendo clases en la Universidad Complutense y en la Universidad CEU San Pablo. Finalmente, también destacar que es autor de varios libros de su especialidad y colaborador en distintas revistas médicas. 

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