La ansiedad de autoexigirse demasiado

Escrito por: Neus García Guerra
Publicado: | Actualizado: 17/07/2018
Editado por: Patricia Pujante Crespo

Autoexigirse demasiado no es bueno, aunque la mayoría de personas lo hagamos. Es algo que, además, se acentúa en el caso de las madres trabajadoras, que se ven en la tesitura de tener que "cargar" con todo y demostrar su valía constantemente. La Sra. Neus García, especialista en Psicología, explica cuándo debemos preocuparnos por sufrir estrés o ansiedad, y cómo evitarlo.

 

Se considera que una persona sufre de estrés y ansiedad cuando nota que se preocupa demasiado por las cosas cotidianas o empieza a tener pensamientos recurrentes. Para la persona que sufre ansiedad cualquier acontecimiento puede generar miedo, pensamientos negativos, ataques de pánico y síntomas físicos persistentes.

Cuando sufre síntomas similares a los del miedo. Pero mientras en el miedo la causa es conocida, en la ansiedad la causa queda oculta. El miedo se origina como respuesta a una amenaza exterior, mientras que la ansiedad está relacionada con la experiencia de una amenaza interiorizada.

Cuando se presentan manifestaciones somáticas: taquicardia, ahogo, mareo, náuseas, temblores, sudoración, etc. podemos hablar de ansiedad. También se puede manifestar a través de un estado de tensión mediante contracturas, calambres, cansancio, cefaleas, etc., así como, por constricción torácica y opresión cardíaca.

Cuando algo que disfrutábamos deja de ser fuente de bienestar. Por ejemplo, una paciente me explicaba que siempre le ha gustado mucho bailar, pero últimamente en lugar de disfrutar lo pasaba mal y acababa dejando de bailar. Sentía que era porque estaba mal y no podía disfrutar nada. La paciente empezaba a bailar y entraba en un bucle de auto-exigencias e imposiciones sin darse cuenta, lo que la acababa agobiando, por lo que lo acababa dejando, sin comprender lo que le ocurría y se quedaba con la idea de que ella estaba mal y ya no disfrutaba con nada.

Las situaciones de peligro que dan lugar a la ansiedad como alarma son:

  • La pérdida de la estimación del otro
  • Temor a la incapacidad
  • Temor a la censura y crítica de uno mismo

La función de la ansiedad es anunciar al “YO” la proximidad de un peligro, tanto si éste existe realmente en el mundo externo, como si solo tiene vigencia en el psiquismo del sujeto.

 

Qué consecuencias puede conllevar el “querer llegar a todo” y no poder

Primero de todo, es útil diferenciar la exigencia positiva de la exigencia negativa. En la primera nos exigimos algo que podemos hacer, algo realista, lo llevamos a cabo y nos proporciona satisfacción y, por tanto, bienestar. En la segunda lo que nos exigimos no es posible y, entonces, por mucho que hagamos, nunca llegamos, lo que genera insatisfacción y, por tanto, malestar.

Cuando la exigencia negativa se convierte en la forma de funcionar frecuente, el malestar se va internalizando y comienzan a aparecen los síntomas del estrés y la ansiedad.

Siempre que la persona se enfrenta a presiones y demandas que no puede afrontar por falta de recursos o de tiempo, experimenta un estado de ansiedad, tensión, fatiga. Esta desestabilización de la salud con los síntomas que la acompañan se identifica como estrés. Se establece una relación interna en la que predominan las imposiciones de todo lo que se ha de hacer y las recriminaciones de lo que no ha sido posible o no se ha hecho suficientemente bien.

Si se consigue llegar a todo, tampoco es la solución, ya que, implica sacrificar la vida de la persona.

Funcionar a toque de pito implica no tener en cuenta tus necesidades, ya que no hay tiempo para ello. Se va demasiado deprisa, lo que hace que la persona no se vea y acabe sin saber cuál es el verdadero deseo, actuando y haciendo suyo el que en realidad es el deseo del otro.

Cuando no dirigimos nuestra vida en función de nuestros deseos más profundos recibimos mensajes que nos avisan de que alguna cosa no va bien y estos mensajes se comunican a través de enfermar, física y/o anímicamente.

Autoexigirse demasiado nunca puede ser bueno.
En las mujeres es más frecuente, y puede tener consecuencias en la salud.

 

¿Por qué nos exigimos tanto? ¿Es la sociedad la que nos condiciona así?

La presión socio-cultural, transmitida y potenciada por los medios de comunicación y la publicidad “educa” a la población. La publicidad a la que nos vemos expuestos cada día muestra como si tuviéramos que tener una vida ideal, perfecta. Este tipo de publicidad tiene graves consecuencias.

Esto se ve muy claro en la incorporación de la mujer al mercado laboral sin haberse dado, paralelamente, un reparto equilibrado de las cargas familiares. Ha hecho que aparezcan unos problemas de salud físicos y mentales específicos de mujeres derivados de estas condiciones de vida y trabajo.

Al mismo tiempo, es frecuente que la mujer sienta que tiene que demostrar que posee más habilidades que sus compañeros, hombres, para acceder a un puesto determinado. Aún pasa que la mujer debe demostrar, y en cambio, al hombre se le supone capacitado. Esto implica un grado más elevado de exigencia.

Se enfrentan a un problema motivado por la expectativa social que se tiene de sus responsabilidades. Existe la “exigencia” de que cumplan sus obligaciones como madres, como amas de casa, sin bajar su rendimiento laboral.

Cuando esta doble carga hace que no lleguen, sienten que no cumplen con lo esperado, aparece la insatisfacción que lleva a un estado de estrés y ansiedad. Entonces aparece la idea de “superwoman”, es decir, la mujer que no solo se encarga del hogar y del cuidado de los hijos, sino que tiene una vida laboral exitosa y, además, tiempo para poder cuidar su imagen.

La mujer entra en un estado de irritabilidad, se encuentra y vive agotada por tantas jornadas de actividad y responsabilidades excesivas sin pedir ayuda para no molestar.

El síndrome de la mujer perfecta es más frecuente de lo que parece. Existen muchas mujeres que quieren ser madres ideales, amas de casa perfectas y hacer una carrera profesional exitosa.

Quienes desarrollan este síndrome son personas que son muy exigentes, perfeccionistas y con rasgos obsesivos. Les cuesta delegar, poner límites y decir que no. Se sienten culpables por no cumplir con las expectativas que creen que los demás tienen de ellas. No se plantean si la vida que llevan les satisface, pendientes de cumplir con todo, con listas interminables.

Esta organización de vida conduce a la ansiedad en sus diversas manifestaciones (dolores, contracturas, ahogos, trastornos digestivos, etc.). Con un sentimiento de culpa constante, con la sensación de no llegar, de fallar, acompañado de estado de ánimo triste, combinado con un estado tenso e hiperactivo.

 

Cómo conseguir que no nos supere la presión diaria

Si pensamos en las mujeres que son madres y trabajan tendremos en cuenta que el trabajo puede ser fuente de satisfacción o de agobio dependiendo de la actitud que tenga la mujer. Si se plantea que el cuidado de los hijos y las tareas de la casa se han de compartir con el marido, en una igualdad de roles. Si puede ser consciente de que la perfección no existe, que no es una máquina. Que somos personas imperfectas y eso es lo que nos hace únicas. Por lo que, en muchos momentos, sobre todo cuando los hijos son pequeños, necesitará ayuda y deberá poder pedirla.

Las mujeres que ocupan cargos de responsabilidad, cuando son madres, se encuentran con el dilema de que tanto una cosa como la otra requiere dedicación exclusiva. No hay más remedio que tomar una decisión al respecto: o se reduce el tiempo de dedicación al trabajo o se reduce el tiempo de dedicación a los hijos.

Al cansancio acumulado durante la jornada laboral debe añadirse la fatiga causada por las tareas familiares y no acaba de haber tiempo para la recuperación física. La insuficiente recuperación física y la escasa atención a los primeros síntomas del estrés pueden conducir en muchos casos a la aparición de dolores crónicos.

Es esencial atender los primeros síntomas que se presenten para que no se agraven. Se puede resumir en que es esencial que la mujer se mire con atención e interés, que pueda darse cuenta de cómo se encuentra para darse lo que necesite, así como también es esencial reconocer que no llega y buscar ayuda. Si pierde la conexión consigo misma se dirige hacia el peligro.

 

Terapia adecuada para la ansiedad y el estrés

La psicoterapia psicodinámica es la terapia que consigue resolver el problema inmediato y prevenir que se repita en el futuro. Es una técnica que busca comprender la relación de la ansiedad con lo que está pasando en el interior de la persona, cómo le están afectando internamente los acontecimientos de su vida.

La persona aprende a mirarse, a estar conectada consigo misma, a saber cuáles son sus deseos más profundos. Esto le permitirá dirigir su vida en función de sus necesidades reales, no las impuestas por los cánones de la sociedad.

La psicoterapia psicodinámica facilita que la persona pueda tratar sus problemas de una manera diferente a como lo haya hecho hasta el momento. El psicólogo intenta comprender de una manera objetiva, sin juicios, ni alabanzas, y esto hace que se despierte la esperanza de poder comprender lo que a uno le ocurre y modificarlo.

Desde el atentado del 17 de agosto, en las Ramblas de Barcelona, han aumentado los trastornos de ansiedad. En realidad cuando nos presionamos a nosotros mismos, sin tener en cuenta nuestras necesidades, nuestros verdaderos deseos es una forma de atentar contra uno mismo.

Cuando observamos en la realidad externa lo que estamos sufriendo en nuestro interior, sin ser conscientes, entonces nos identificamos y aquél sufrimiento se amplifica. Parece que es el atentado lo único que provoca ansiedad y, en realidad, es lo que está pasando dentro de uno mismo, pero no nos damos cuenta.

La psicoterapia psicodinámica se dedica a explorar, relacionar y comprender para que la persona se pueda liberar de lo que le genera sufrimiento.

Por Neus García Guerra
Psicología

Reputada especialista en psicología, con más de 30 años de experiencia. La Señora García Guerra es experta en Psicoterapia por la European Federation ooo Psychologists Associations (EFPA) y Máster en Psicoterapia Psicoanalítica por el CEEP. Por otra parte, es miembro de Pleno Derecho de la Asociación Catalana de Psicoterapia Psicoanalítica (ACPP). En la actualidad compagina su actividad privada en el Centre Sarrià, del que es cofundadora, con su actividad profesional como psicoterapeuta y responsable de docencia de la Institución Pública Sant Pere Claver.

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