El respeto entre padres e hijos: 10 consejos para padres

Escrito por: Amelia Fuentes Valenzuela
Publicado:
Editado por: Yoel Domínguez Boan

Es habitual escuchar sobre los niños que “ya no tienen respeto” ante algunas personas y figuras, como pueden ser padres o profesores. De hecho, es difícil definir qué causa esta dificultad para mostrar respeto ante las figuras de autoridad, aunque cierta permisividad, una elevada preocupación por evitar sufrimiento y el papel que desempeña el niño en la sociedad actual parecen formar parte de este problema.

 

El respeto se antoja un aspecto fundamental para el desarrollo de una persona, tanto para uno mismo como para los demás, siendo la familia además el lugar más importante para desarrollarlo de forma correcta.

 

Es en demasiadas ocasiones cuando los padres cometen el error de tratar de evitar por todos los medios el sufrimiento de sus hijos, cuando se les intenta proteger del fracaso y de la frustración, entre otras. De todas formas, fracasar y frustrarse es necesario para crecer sanos. Y es que las frustraciones y los fracasos nos enseñan que no siempre se puede conseguir lo que uno desea, ayudándonos además a controlar nuestras emociones.

 

Y es que la frustración de un niño suele ser pequeña, y si evitamos que se “entrene” a la hora de tolerar la frustración cuando esta es manejable, al crecer no será capaz de afrontar estas situaciones (rupturas, suspensos…) y su conducta y emoción que se desencadenen pueden ser inadecuadas.

 

 

Diez consejos para que los hijos aprendan a respetar

  1. Predicar con el ejemplo. El niño aprende imitando modelos. Si queremos un hijo respetuoso, deberá ver que sus padres lo son tanto con él como con personas del entorno y con las que se interactúa día a día.

     
  2. Practicar la escucha activa. Interesarse en conocer sus opiniones y problemas.

     
  3. Ser honestos con las interacciones de los hijos. No está bien mentir a un hijo, ya que puede generar desconfianza. En el caso de que la información o sea adecuada para su edad, siempre se puede decir que hay cosas que los niños no tienen por qué saber, que son responsabilidades del adulto. Una mentira mina la confianza del niño, esto no lo hace.

     
  4. Ser amable con el hijo. Las palabras utilizadas tienen un gran valor: dar las gracias o disculparse marcan la diferencia.
     
    El respeto por las figuras de autoridad, como pueden ser los padres o los profesores
     es básico para el desarrollo de un niño

     

     
  5. Evitar dar todo lo que piden o quieren en el momento en el que lo hacen. Una gratificación debería darse en un momento oportuno, cuando el niño se lo ha ganado. La espera por el premio enseña a mejorar la demora de la recompensa.

     
  6. Hablar en un tono adecuado. El tono calmado a la hora de corregir y no los gritos son los que refuerzan la autoridad.

     
  7. Corregir las protestas o contestaciones. Si el hijo contesta inadecuadamente, se puede aprovechar el momento para enseñarle la respuesta correcta.

     
  8. Clarificar las normas de la casa. Si las normas de funcionamiento están bien definidas y son claras todo funciona mejor.

     
  9. Ser conscientes. En muchas ocasiones las personas cambiamos nuestra forma de actuar en función de la engría o del estado de ánimo. Si una norma está establecida, no debe saltarse aunque las circunstancias sean distintas. Es mejor que haya pocas normas, pero que estas sean claras y estén siempre presentes.

     
  10. Poner límites. Los niños deben saber que pueden y qué no pueden hacer, y esto lo aprenden progresivamente a medida que se les pone límites. Esto ayuda a que su entorno sea percibido como tranquilo y seguro.
     

Si se siguen estos consejos, se conseguirá que el respeto forme parte de la vida del niño y que entienda que se debe respetar la autoridad de algunas personas, y que esto se relaciona con la cordialidad. Para más información, consulte con un especialista en Psicología.

Por Amelia Fuentes Valenzuela
Psicología

La Sra. Fuentes es licenciada en Psicología y ha obtenido diversos másteres en la práctica clínica y la salud mental, especializándose en trastornos de ansiedad y depresión en adultos, así trastornos de la infancia y la adolescencia. Con una experiencia de más diez años, ha combinado su labor asistencial con la docente, habiendo dirigido másteres en las áreas de Terapias Contextuales y de Tercera Generación, Psicología Infantil, en Trastornos del Espectro del Autismo, y en Neuropsicología.

Actualmente trabaja de forma autónoma y es copropietaria del centro de Psicología Mentium, donde atiende a pacientes adultos con problemas de ansiedad, trastornos del estado de ánimo, acompañamiento en Duelo, TLP..., así como con niños y adolescentes, trabajando diferentes perfiles y problemáticas (entrenamiento en manejo emocional, Síndrome de Asperger, ansiedad, depresión infantil, problemas de aprendizaje, TDAH...).

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