Cómo influye la dieta en nuestro envejecimiento

Escrito por: Dr. Alberto García Valdés
Publicado:
Editado por: Anna Raventós Rodríguez

Se viven más años en todo el mundo.

 

En la actualidad, una gran parte de la población llega o supera los 60 años y es muy probable que el número de personas de esa edad se duplique dentro de 30 años.

 

Desde el punto de vista biológico, el envejecimiento es un deterioro progresivo que lleva al agotamiento y a la muerte de los organismos vivos.

 

Llama la atención que, en las culturas tradicionales consideradas como primitivas y en las primeras civilizaciones, la vida y la muerte estaban relacionadas con una fuerza vital, que se iba consumiendo durante la vejez hasta la muerte.

 

En cada cultura tenía nombre propio. Para los egipcios era el Ka, Prana para los hindúes, para los chinos Chi, que se relacionaba con el Ying y en la mitología griega Nous, el espíritu.

 

Estas ideas de energía vital se han mantenido en todas las épocas históricas hasta la actualidad y parece que con mayor fuerza en los últimos tiempos.

 

En la época hipocrática se produjo un cambio decisivo. Esa energía es real, no es especulativa ni mística, es la energía natural. Y esto, que parece una simpleza, fue lo que abrió la puerta para todo el progreso científico posterior.

 

Así, Francis Bacon, después de la fase oscura medieval, decía en el s. XVI, que el deterioro orgánico podía ser superado si los sistemas de reparación del deterioro en el envejecimiento pudieran ser duraderos más tiempo.

 

Basándose en medidas sencillas, sentido común y la propia medicina instintiva, muchos médicos en los siglos posteriores daban consejos saludables para “llegar a viejo”, referentes a la calidad del aire, las aguas, la temperatura, la actividad física o a la alimentación.

 

Más adelante, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, el enfoque genético consideró al envejecimiento como resultado de la expresión de los genes en su interacción con el entorno. Las mutaciones genéticas pueden ser favorables o no, y serían un factor importante en los fenómenos del envejecimiento y la longevidad.

 

La genética de la longevidad se refiere a los genes que influyen controlando la estabilidad del ADN, cuya alteración conduce a la muerte celular. Unos genes muy importantes son los que controlan la longitud de los Telómeros, que son los extremos de los cromosomas. El acortamiento de los Telómeros produce defectos, activando la apoptosis o muerte celular programada.

 

En sentido opuesto, una enzima, la telomerasa, permite el alargamiento de los Telómeros.

 

También es conocida la interacción de los genes con el ambiente, mediante la inhibición de la telomerasa y el acortamiento de los cromosomas.

 

Otras teorías, muy próximas a estas y desarrolladas en los últimos 25 años, explican el envejecimiento por la existencia de especies reactivas de oxígeno, que son radicales libres producto de una reducción parcial del oxígeno, un desequilibrio entre el consumo del oxígeno celular generando energía y agua y la producción de otras moléculas residuales, las especies reactivas del oxígeno o radicales libres.

 

El estrés oxidativo ocurre al romperse el equilibrio entre la oxidación y los mecanismos de defensa antioxidantes, lo que lleva a cambios metabólicos y al deterioro y muerte celular, es decir, a enfermedades y envejecimiento.

 

La genética de la longevidad se refiere a los genes que influyen controlando la estabilidad del ADN

 

Un sistema que se ve muy afectado es el inmunitario, lo que da lugar a errores en su respuesta, que son la base de todas las enfermedades autoinmunes.

 

Todo esto parece paradójico. El oxígeno, que da la vida, también la destruye.

 

Y al final volvemos al principio. Como decían las filosofías médicas antiguas, la salud y la enfermedad son un equilibrio entre opuestos: Dioses y Demonios, el Ying y el Yang, el Micro y el Macrocosmos...

 

Las culturas tradicionales más avanzadas llevaron estas ideas hasta aproximarse al concepto material de Naturaleza, pero no llegaron a la clarificación realizada en la Grecia clásica por los filósofos y médicos hipocráticos.

 

El envejecimiento es la pérdida de la armonía saludable, una desarmonía necesaria dentro del orden natural, pero que puede adelantarse o retrasarse.

 

Los avances científicos de las últimas décadas han conseguido logros espectaculares en la lucha contra la enfermedad y el envejecimiento, pero durante muchos años han dejado en segundo plano las ideas de equilibrio y armonía naturales tan repetidos en otras épocas.

 

A partir del siglo pasado, con el inicio y posterior auge del ecologismo, estos conceptos han recuperado mucha de su importancia.

 

Para envejecer mejor y vivir más años hay que respetar las normas naturales, o dicho con palabras actuales, evitar la oxidación del organismo, disminuir las acciones tóxicas de los radicales libre y las alteraciones del ADN que conduzcan a la muerte celular.

 

Para envejecer mejor y vivir más años hay que respetar las normas naturales

 

 

Y esto se hace con medidas dietéticas, utilizando el sentido original griego del término dieta como modo de vida (no solo referido a la alimentación).

 

En primer lugar, cuidar los elementos naturales del medio ambiente, el agua, el aire, el fuego y la tierra.

 

Control y tratamiento de aguas, de la calidad del aire, gestión de residuos, conservación de los bosques y reforestación, prevención de incendios…

 

Además, todos y cada uno tenemos que ayudar a nuestra salud con la alimentación justa y adecuada, el ejercicio y sueño correctos y una actitud positiva e ilusionada por la vida.

 

El primer objetivo de salud es reducir el estrés, ese excesivo gasto de tensión que favorece y causa muchos problemas médicos por el agotamiento neuroendocrino e inmunológico, favorecedor del daño celular.

 

Por último, el médico no solo debe prescribir pruebas y tratamientos, tiene que insistir en, por ejemplo, que la comida es necesaria, pero también un indicador de salud de primer nivel es mantener el peso adecuado; que es mejor, para prolongar la vida, tener el peso correcto y comer menos, como ya recomendaban muchos médicos de la antigüedad y confirman los nuevos experimentos.

Por Dr. Alberto García Valdés
Endocrinología

El prestigioso Dr. García Valdés es el Jefe de Endocrinología y Nutrición Hospital San Francisco de Asis. Doctorado "Cum Laude" por la Universidad Complutense de Madrid, cuenta con más de dos décadas de experiencia. Durante su trayectoria profesional ha ejercido como Jefe de Servicio en el Hospital Central de la Defensa así como en el Hospital Central del Aire, entre otros.  

El doctor también se dedica a la docencia, impartiendo clases en la Universidad Complutense y en la Universidad CEU San Pablo. Finalmente, también destacar que es autor de varios libros de su especialidad y colaborador en distintas revistas médicas. 

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