Tratamiento para la fibromialgia

Escrito por: Dra. Eulalia Gil González
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Editado por: Top Doctors®

La fibromialgia es una enfermedad desconocida cuyo síntoma más característico es el dolor crónico generalizado.  

 

¿Cómo se trata la fibromialgia?

El tratamiento con medidas físicas, psicosociales y farmacológicas puede controlar la mayoría de los casos, aunque no existe un tratamiento curativo, por lo que las expectativas van dirigidas a mejorar la situación general de los pacientes y evitar que la enfermedad progrese con el tiempo.

Los pasos a seguir para el correcto tratamiento de la fibromialgia son:

  • Información: explicar a los pacientes qué es la fibromialgia. En este caso estarán mejor preparados para afrontar su enfermedad, clínica y emocionalmente, y podrán minimizar sus consecuencias. Propiciar la manifestación de miedos, dudas y necesidades por parte del paciente y darle las herramientas para que lo resuelva.
  • Aliviar los síntomas: el uso de fármacos que aumenten la tolerancia al dolor de la enfermedad. Tratamiento de alteraciones psicológicas y psiquiátricas asociadas, si las hay.
  • Entorno: identificar todos los recursos personales, familiares y sociales, reforzarlos y ampliarlos.
  • Educación: para evitar los factores agravantes y propiciar los factores que alivian.
  • Ejercicio físico.
  • Técnicas de relajación: procurar reservar 10 o 20 minutos a lo largo del día para escuchar música relajante y aprender a realizar ejercicios de relajación.
  • Cambio de comportamiento: existe una fuerte evidencia sobre el efecto beneficioso de la Terapia Cognitivo Conductual sobre el control del dolor, del malestar físico y del estado de ánimo en pacientes con fibromialgia.

 

Tratamiento con fármacos para la fibromialgia

El tratamiento farmacológico va dirigido actúa sobre el sistema nervioso, especialmente mediante el uso de antidepresivos y anticonvulsivantes. Estos fármacos actúan simultáneamente sobre los diferentes síntomas. Además de mejorar el estado de ánimo y de calmar la ansiedad, producen sueño y reducen el cansancio y la intensidad del dolor, entre otras cosas.

Los fármacos para tratar las alteraciones del sueño no resultan eficaces a largo plazo, ya que con el tiempo pierden su capacidad para mejorar el sueño pero sus efectos secundarios permanecen. El principal es que se crea una adicción al fármaco que produce un síndrome de abstinencia cuando el paciente deja de tomarlo.

No existe ningún medicamento para mejorar el cansancio, por lo que la única forma de tratarlo es a través del tratamiento sobre el resto de las manifestaciones clínicas. Se procura además reforzar la forma física del paciente, para que se note el cansancio lo más tarde posible en el curso del día.

Los analgésicos como el paracetamol mejoran el dolor y deben utilizarse al comienzo del cuadro clínico. Aunque al tratarse de una enfermedad que produce brotes durante el transcurso de su evolución, es conveniente retirar parte de la medicación en las épocas de mejoría.

 

Tratamiento psicológico para la fibromialgia

Dentro de los diferentes enfoques psicológicos, se trabajará siempre para generar patrones más adaptativos que ayuden al paciente a mejorar su calidad de vida. Algunas de las técnicas que le ayudarán especialmente tienen que ver con la relación entre ansiedad y dolor, con el efecto negativo de la inhibición emocional en sus síntomas y con el hecho de ayudarle a mantener una pauta constante y saludable de ejercicio físico.

 

Ejercicio físico para combatir la fibromialgia

En las personas con fibromialgia, la práctica de actividad física produce mejorías en muchos de los síntomas de la enfermedad, como el dolor, el grado de ansiedad, la salud mental en términos generales y el impacto global de la fibromialgia en la vida del paciente.

Lo importante es buscar un equilibrio en la actividad diaria, de forma que no se sea totalmente sedentaria, ni tampoco se lleve un ritmo de vida excesivamente ajetreado que empeore algunos de los síntomas. Este equilibrio es específico de cada persona, y poco a poco se irá descubriendo cuál es el propio de cada paciente.

En general, se recomienda:

  • Realizar ejercicios aeróbicos de intensidad moderada al menos 30 minutos diarios entre 3 y 5 días a la semana. Se trata de realizar ejercicios de bajo impacto osteoarticular como caminar, practicar aerobic o danza de bajo impacto, pedalear en bicicleta estática o hacer ejercicio en el agua. Estos ejercicios deben implicar a grandes grupos musculares.
  • Realizar actividades de fortalecimiento muscular y equilibrio al menos 2 veces por semana. Se recomienda empezar por una serie de 6 ejercicios (alternando brazos y piernas) y 8-12 repeticiones, utilizando el propio peso del cuerpo como carga, de uno a tres minutos de recuperación activa entre serie (caminar), e ir incrementando progresivamente el número de series en función de cómo se vaya adaptando el paciente al ejercicio. Taichí, yoga y pilates pueden ser buenos recursos para trabajar la fuerza y el equilibrio, pero se debe intentar minimizar los ejercicios con los brazos por encima de la cabeza y las contracciones musculares mantenidas.
  • Ejercicios de flexibilidad mediante estiramientos estáticos diariamente. Durante la realización de los estiramientos se debe evitar llegar al punto de dolor agudo, y se tiene que realizar al menos una serie manteniendo el estiramiento durante 10 segundos al principio, para ir incrementando gradualmente el tiempo hasta 30 segundos.

 

Tratamientos alternativos para la fibromialgia

El uso de terapias alternativas como acupuntura, homeopatía, quiropraxia, productos de herbolario, ondas electromagnéticas, ozono, y otras muchas más, raramente las van a aconsejar los médicos, debido fundamentalmente a que después de numerosas investigaciones no han sido capaces de demostrar su eficacia en la mejoría de los síntomas de la fibromialgia.

 

Impacto de la fibromialgia

Una de las primeras cosas que se va a preguntar el paciente es si la enfermedad va a progresar hasta el punto de limitar su vida.

La fibromialgia no es una enfermedad degenerativa que vaya agravándose con el tiempo. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad crónica, existe la posibilidad de que se produzcan un conjunto de consecuencias negativas sobre diferentes aspectos de la vida, tanto en lo que respecta a la salud (ansiedad, sobrepeso, alteraciones metabólicas), como en otras esferas de la vida, como la vida familiar o la vida laboral.

La fibromialgia es una enfermedad desconocida cuyo síntoma
más característico es el dolor crónico generalizado

Una mención especial requiere el enfoque sociolaboral. El mantenimiento de una actividad laboral compatible con la evolución de la fibromialgia es de gran ayuda en el curso del proceso, evita el aislamiento social y puede reducir el impacto de la enfermedad en su calidad de vida. La conservación del vínculo con la vida laboral activa requiere de una estrecha coordinación de los servicios asistenciales con los servicios de salud laboral y los servicios de recursos humanos de las empresas, para evitar que una falta de comunicación origine un prematuro e inadecuado cese en la actividad que, lejos de facilitar la evolución de la fibromialgia, empeore su pronóstico. Un ajuste a tiempo y la consecuente adecuación de la actividad pueden contribuir decisivamente a una mejoría en el pronóstico.

Cuando a pesar de las intervenciones terapéuticas el paciente no mejora, en la medida en que no se puede demostrar deterioro objetivo muscular o neurológico, ni hallazgos de gravedad en pruebas complementarias, teniendo en cuenta que estos son criterios básicos en los protocolos de valoración de la Seguridad Social, sus posibilidades de obtener el reconocimiento de un grado de minusvalía elevado que les permita una pensión no contributiva son bajas. De ahí, el reto de desarrollar instrumentos validados que permitan medir las limitaciones laborales en la fibromialgia.

Por Dra. Eulalia Gil González
Reumatología

La Dra. Gil González es una reputada médico especialista en Reumatología experta en el tratamiento de artritis, artrosis, fibromialgia, entre otras patologías. Además, también es especialista en Análisis Clínico y tiene un máster en Dietética y Nutrición. Durante su larga trayectoria, ha sido médico general y del trabajo en varios centros de Sevilla, incluyendo la Consejería de Salud y Servicios Sociales de Andalucía, aparte de especialista en Reumatología y en Análisis Cínicos en las provincias de Sevilla y de Cádiz. Además, ha participado en numerosos congresos con ponencias y comunicaciones, aparte de haber publicado numerosos capítulos de libros y artículos de revistas de la especialidad. En la actualidad, compagina su labor como reumatóloga en el Centro Médico Guadaira en Alcalá de Guadaira (Sevilla), del cual es la directora, en el Hospital Quirón Sevilla y en la Clínica Santa Isabel de Sevilla, con la investigación en proyectos de investigación de la Unidad de Gestión Clínica de Reumatología del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla.

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