Síndrome del nido vacío: ¿cómo gestionar la tristeza?

Escrito por: María Gallego Blanco
Publicado:
Editado por: Sofía Berrón

La expresión “nido vacío” hace referencia al sentimiento de soledad y abandono que pueden experimentar algunos padres y madres cuando sus hijos se van de casa al hacerse mayores. Cuando un niño crece y deja el hogar, ya sea por la universidad, la vida en pareja o un trabajo, es normal que los padres presenten sentimientos de tristeza, dolor o, incluso, depresión.

Las mujeres suelen ser más propensas a sufrir el síndrome del “nido vacío”, sobre todo si sus proyectos de vida se han centrado única y exclusivamente en la crianza de sus hijos. Sin embargo, los padres también suelen experimentar sentimientos de pérdida con la partida de los hijos y pueden llegar a padecerlo significativamente.

Los especialistas recomiendan redefinir el rol como padres

¿Cuáles son los síntomas del nido vacío?

En primer lugar, es importante saber que es normal y saludable llorar o sentirse triste cuando un hijo se va de casa, ya que se trata de un gran cambio. Incluso si se lo percibe como un cambio positivo, es necesario un proceso de adaptación, para lo cual se necesita tiempo. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y los síntomas se cronifican, o empeoran, ocurre un problema.

Los signos que suelen aparecer durante el síndrome del “nido vacío” dependen de la persona, pero generalmente quien lo padece no quiere salir de casa, no le encuentra sentido a la vida y se siente vacía. Además, hay personas que somatizan, se sientes inútiles, no duermen bien o están más irritables.

Para saber que estamos padeciendo este síndrome es clave diferenciarlo de otras problemáticas, como la menopausia, que en muchos casos se presenta al mismo tiempo.

 

¿Cómo debo actuar ante la partida de un hijo?

Una cosa que parece básica, pero que es necesario plantearse, es que la relación con los hijos no se termina cuando se van de casa, sino que se modifica, lo cual nos brinda la oportunidad de redefinir nuestro rol como padres. Es decir, como consecuencia de su partida, la relación con los hijos suele cambiar y ya no está tan ligada a la supervisión y el control.

Por otra parte, y en otro orden de cosas, es conveniente fomentar que los hermanos mantengan entre ellos el contacto, ya sea mediante el móvil, correo electrónico o visitas. 

También es el momento para que los padres reevalúen su matrimonio y potencien la relación entre ellos. Es decir, es clave concentrarse en la pareja, llenarla de cariño y diálogo, hablar de los sentimientos por los que es posible que el otro también esté pasando. El nido vacío puede ser el principio de una etapa de más libertad, o de menos responsabilidades, que puede interpretarse como un “premio” al esfuerzo realizado durante años.

Por último, una cosa que es de gran ayuda es ocupar el tiempo que antes se dedicaba a los hijos: retomar encuentros con amistades que quedaron descuidadas y conocer gente nueva en actividades deportivas o de ocio. De hecho, suele ser en este momento cuando las personas retoman aficiones que durante años no pudieron realizar.

 

¿Cuándo acudir a un profesional?

Es importante saber qué es el síndrome del nido vacío, ya que nos ayuda a reconocer sus síntomas en caso de padecerlo. En ese sentido, si bien es normal sentirnos algo tristes en esas situaciones, si notamos que pasa el tiempo y los síntomas persisten se debe recurrir a un profesional de la salud, ya que estos entienden que a muchas personas no les resulta fácil redefinir los objetivos de vida y pueden orientarlas a hacerlo.

Un especialista en Psicología puede enseñarnos a modificar las creencias o pensamientos equivocados que nos pueden estar afectando, como la sensación de inutilidad o de que no se volverá a disfrutar del tiempo libre. Además, están capacitados para ayudar al paciente a encarrilar una nueva etapa, realizando algún cambio en el comportamiento diario.

 

¿Cómo se puede evitar el síndrome del nido vacío?

Es fundamental tener en cuenta el grado de dependencia que se establece entre hijos y padres, ya que aquellos que hayan fomentado la autonomía a lo largo de los años mejor se podrán adecuar a la nueva situación. Es decir, a mayor dependencia emocional, más puede costar la adaptación.

 

En relación a eso, algunas de las recomendaciones básicas para los padres son:

  • Dejar poco a poco que los hijos vayan valiéndose por si mismos a medida que crecen, acostumbrándose a que no pueden controlarlo todo.
  • Evitar la sobreprotección: sobreproteger es, muchas veces, proteger cuando no es necesario.
  • Mejorar la relación y la comunicación familiar: los estudios demuestran que los padres que han desarrollado y mantenido buena comunicación y relación con sus hijos lo llevan mucho mejor, ya que los hijos mantendrían el contacto de manera natural.
  • Desarrollar otros proyectos, laborales o no, compatibles con el rol de ser padres.
  • Dar cuenta de la importancia de la pareja y dedicarle tiempo: tras la partida de los hijos, muchos padres suelen encontrarse con un extraño a su lado.

 

¿Cómo puedo ayudar como hijo?

Los hijos que se van de casa tienen un rol importante en la mejora del paciente. Una de las cosas que se recomienda es realizar visitas espontáneas y regulares, aunque no hayan sido invitados. Además, mantener el contacto es fundamental, aunque sea mediante vía telefónica, por correo o por WhatsApp.

Por María Gallego Blanco
Psicología

María Gallego Blanco es licenciada en Psicología, con amplia experiencia en edad pediátrica y adultos.

Durante sus años de formación y colaboración en el Departamento de Pediatría del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, su actividad en la Unidad de Paidopsiquiatría se desarrolló en el área de consulta, hospitalización, elaboración de informes psicológicos jurídico–periciales y asesoramiento clínico y psicopedagógico a varias unidades y servicios del Departamento. Fundamentalmente en el Servicio de Neuropsicología pediátrica, Unidad de endocrinología, crecimiento y nutrición pediátrica, Unidad de trastornos metabólicos, Unidad de Gastroenterología y Hepatología y Nutrición pediátrica, Unidad de Hematología y Oncología pediátrica y Pediatría general.

De este modo y, puesto que también trabaja con adultos al margen de la práctica psicoterapéutica en el área de pediatría, a lo largo de los últimos 20 años ha realizado la evaluación e intervención de casos que engloban los problemas y trastornos más frecuentes en psicoterapia: de ansiedad, depresivos, de personalidad, patología específica pediátrica, terapia de pareja, trastornos de alimentación, patología ligada a enfermedades crónicas (oncología, diabetes...).

Colabora todos los lunes a las 12:30 en el  programa de EsRadio Galicia, donde tiene el 'Espacio de psicología con María Gallego'.

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