

La malformación de la pared torácica más frecuente es el “tórax en embudo”, “excavado”, “hundido” o “Pectus Excavatum”, que consiste en una depresión de la pared torácica anterior.
Según la profundidad y extensión del defecto, podemos encontrar pectus leves, que sólo condicionan una alteración estética leve, o pectus graves, que condicionan una compresión del sistema respiratorio y cardiovascular.
Esta patología puede estar presente desde el nacimiento, aunque lo más frecuente es que la deformidad se haga presente durante la fase de crecimiento rápido de la preadolescencia y la adolescencia, momento en el que normalmente acuden a la consulta.
Lo primero en la evaluación del Pectus es realizar una buena exploración física en la consulta con un especialista en Pediatría, ya que esta nos puede aproximar al tipo de malformación que tiene el paciente.
Además, es necesario comprobar, mediante pruebas de imagen y funcionales, cómo afecta al sistema respiratorio y al sistema cardiovascular. Todo esto nos permitirá individualizar el tratamiento a cada paciente.
Existen dos tipos de tratamiento: el conservador, mediante el uso de la campana de vacío, es un tratamiento nuevo que nos permite en ocasiones evitar la cirugía, y el tratamiento quirúrgico.
Lo más importante durante el postoperatorio es controlar el dolor. Por ello se han establecido diferentes estrategias como la crionalagesia, mediante la cual se congelan los nervios para mantenerlos “dormidos” durante un tiempo. También se utilizan catéteres de analgesia epidural y medicación intravenosa y oral. El alta del paciente estará determinada por el control analgésico.