Mindfulness para soportar el confinamiento

Escrito por: Roberto Somavilla Olivera
Publicado:
Editado por: Cristina Mateo

Después de todo este tiempo en cuarentena puede que estés empezando a sentir que tu cabeza no para de pensar, dándole vueltas a mil cosas como si fuera una lavadora, saltando de un pensamiento a otro, sin poder concentrarte o descansar o, quizás te estés sintiendo inquieto, como con la necesidad de hacer algo sin saber bien qué.

 

En estos momentos, nuestra cabeza puede convertirse en un duro enemigo, pero vamos a ver qué podemos hacer para gestionar nuestra mente durante el aislamiento.

 

Si te quedas conmigo unos minutos, te cuento un consejo para gestionar tu mente durante el aislamiento.

 

Después de las fases iniciales, de shock y de adaptación al confinamiento, donde todo era nuevo y teníamos mucho en lo que poner nuestra atención, ahora empiezan a aflorar con fuerza las dificultades emocionales.

 

Por un lado, con la bajada de la tensión adaptativa y de la adrenalina, con la habituación a la situación y el aumento de la rutina y la monotonía, y por otro lado, con el miedo al contagio personal o ajeno, la inseguridad sobre el futuro laboral o económico y la incertidumbre sobre cuánto tiempo se va a prolongar el confinamiento, forman el caldo de cultivo ideal para que nuestra mente se hiperactive.

 

La ansiedad por la impotencia, la depresión por la desesperanza y las fricciones en las convivencias por la propia saturación, están empezando a cobrar seriamente la factura de la cuarentena.

 

Tómate un respiro y disfruta de cada momento sin pensar en lo que vendrá después.

 

Es importante entender algo básico. Nuestra corteza cerebral, la capa cerebral más extensa que tenemos y que más nos diferencia del resto de animales, es un instrumento extremadamente poderoso. Tan poderoso que, muy a menudo, se escapa a nuestro control.

 

Sin duda, a nivel fisiológico, el cerebro ha evolucionado mucho más rápido que nuestra comprensión de él.

 

Pues esa corteza cerebral se ha desarrollado así con una función básica: la de protegernos y defendernos para sobrevivir, usando su memoria para tratar de traer a la mente patrones, eventos y experiencias pasadas que se parezcan en algo a la amenaza que se nos pueda presentar y proyectando esos patrones hacia el futuro para tratar de predecir o de anticipar lo que podría ocurrir y buscar así la forma de evitarla.

 

Ese modo de funcionamiento de nuestro cerebro es su modo por defecto, aquello para lo que se ha desarrollado evolutivamente. Un modo orientado a la solución de problemas y que llamaremos el modo de hacer. Y hay que decir que, en general, el resultado conseguido es demoledor.

 

Somos extremadamente buenos solucionando problemas, principalmente problemas inmediatos. No hay más que ver la velocidad de expansión y desarrollo de la especie humana.

 

De hecho, somos tan buenos solucionando problemas que… ¡apenas podemos dejar de hacerlo! Es nuestra bendición y nuestra condena a la vez.

 

Y aquí hay un detalle importante. Somos súper efectivos, pero de piel hacia fuera, donde existen reglas estables que gobiernan el mundo de la materia, donde los eventos son predecibles. Pero, de piel hacia dentro la cosa cambia.

 

Activar el modo ser te permitirá reencontrarte con tu verdadera esencia. 

 

Aquí es donde empiezan las dificultades. Cuando los problemas que tratamos de solucionar están dentro de nosotros, cuando el propio modo de funcionamiento de nuestro cerebro es en sí mismo el problema, puede darse la paradoja de que, cuánto más intentemos solucionar un problema, más se agrave, y que, si nos sentimos estresados o nerviosos y lo consideramos un problema a solucionar, activemos con mayor intensidad el modo solución de problemas, el cual nos estresa y nos tensa para solucionar nuestro problema de estrés y tensión, cerrando así un perverso círculo vicioso.

 

Un ciclo retroalimentado que se convierte en el verdadero problema y que puede prolongarse hasta el agotamiento. Este modo mental de solución de problemas es, además, muy terco y persistente. Se lleva fatal con lo que no puede resolver. Se encasquilla y entra en bucle.

 

Tan mal se lleva nuestra mente con no saber o no poder resolver algo, que en ocasiones llega a transformar su percepción de la realidad, añadiendo o sublimando elementos de su memoria para hacer que una situación parezca más coherente o comprensible, como ya demostraron autores como Berger y Calabresse con su Teoría de la reducción de la incertidumbre o Festinger con la Teoría de la disonancia cognitiva.

 

El caso es que ese modo hacer exige muchos recursos de las personas. Es muy intenso. Y cuando se atasca y entra en barrena nos puede dejar completamente exhaustos.

 

Resumiendo, el modo hacer es un proceso mental muy intenso, que su tendencia es a estar siempre activado y a ser prácticamente automático, que agota nuestros recursos y que, al trabajar principalmente sobre el pasado o el futuro, se caracteriza por estar desconectado del presente.

 

 

Y entonces, ¿qué puedes hacer, verdad? ¿Te tienes que resignar y vivir siempre enredado en tus procesos mentales?

 

Existe otro modo de funcionamiento mental. Un modo en el que no hace falta solucionar nada y en el que todo, absolutamente todo, está perfecto como está en ese momento. Un modo que se encuentra totalmente centrado en el presente donde se fluye sin esfuerzo y donde existe una conexión incomparable con lo que eres y lo que te rodea.

 

Si algo caracteriza al modo ser es precisamente el no hacer. Se basa en simplemente sentir. Sentir lo que sea que esté sucediendo dentro o fuera de ti, sin tener que buscar la forma de cambiarlo.

 

Un modo ser donde no cabe la frustración. Donde puede aparecer el dolor, pero no el sufrimiento, que es el dolor por sentir dolor. Permitiéndonos por tanto observar, con especial interés y curiosidad, como el modo hacer trata de atraparnos y llevarnos a su terreno de ansiedad y de miedos.

 

En sí mismo, permanecer en el modo ser ya es un alivio, una liberación. Ese modo ser es lo que llamamos estar Mindfull o practicar Mindfullness.

 

 

La estabilidad casi nunca es un tema de todo o nada o de lo uno o lo otro

 

La importancia de activar con cierta frecuencia el modo ser está en tener la experiencia de vez en cuando de no tener que hacer nada. De parar, de contactar con tu existencia en lugar de con tu mundo mental virtual, de conectar contigo mismo.

 

En definitiva, de liberarte de las cadenas de tu mente y abrirte a la mágica experiencia de existir.

 

 

¿Y cómo activar ese modo ser?

 

No hay un solo camino para ello, pero posiblemente, la meditación sea uno de los más cortos y seguros. Y seguramente, la compasión sea el mejor compañero de viaje para ese objetivo, como se simboliza en las tradiciones orientales con el pájaro de la sabiduría que requiere de dos alas para volar.

 

Afortunadamente, muchas otras personas antes que cualquiera de nosotros, ya comenzaron el viaje de la autoconsciencia y, gracias a ellos, sabemos que hay una serie de claves que nos pueden ayudar a activar ese modo ser:

  1. Crear un “ancla” a nuestra experiencia presente. Algo que devuelva nuestra consciencia al “aquí y ahora” cuando nuestra mente comience a atraparnos y enredarnos en sus divagaciones. Un ancla típica es la respiración. Dirigir nuestra atención hacia las sensaciones que recorren nuestro cuerpo cuando respiramos, porque respiramos aquí y ahora, no ayer ni mañana.
  2. Tomar distancia de nuestros pensamientos y nuestras emociones. Partir de la base de que no somos nuestros pensamientos ni emociones, sino que ambos habitan en nosotros, ocurren en nuestra experiencia interior, pero podemos observarlos, con distancia, sin quedarnos atrapados en sus inseguridades, ampliar nuestra perspectiva más allá de nuestro propio ombligo.
  3. Dejar a un lado el juicio y el etiquetado sobre lo que experimentamos, porque catalogar como bueno o malo, positivo o negativo, es sólo una ilusión de nuestro ego, el producto de nuestros deseos y apegos.
  4. Mantener en todo momento la curiosidad de un niño para desear seguir aprendiendo y abrirte a lo que eres.
  5. Mantener siempre la ternura como la que hayas podido sentir por alguien indefenso o desvalido, para no ser demasiado crítico con lo que sea que suceda.

 

Este tipo de actitud vital, la de cultivar la conexión con nuestra experiencia, es un camino de largo recorrido, posiblemente sin final, donde la impaciencia no es una gran aliada, pero cuya recompensa no se hace esperar ni necesita llegar al destino para aparecer.

 

Cada segundo mindfull es un tesoro y, en cuanto lo pruebas, lo empiezas a cuidar como tal.

 

Y en tiempos como los que vivimos, en los que, por fuerza, tenemos tantísimo tiempo para estar con nosotros mismos, creo que vale, aún más si cabe la pena de hacer las paces con nuestra experiencia de vida.

 

Te animo a practicarlo y a hacer que tu vida sea cada día un poco más significativa.

 Roberto Somavilla Olivera

Por Roberto Somavilla Olivera
Psicología

El Sr. Somavilla Olivera es un prestigioso especialista en Psicología. Cuenta con más de 20 años de experiencia en la profesión y una extensa formación en distintos ámbitos de la especialidad. En concreto, es experto en ansiedad, depresión, conflictos de pareja, dependencia emocional, trastornos sexuales y trastornos de conducta, entre otros.

A lo largo de su trayectoria, ha combinado su labor profesional con la participación en algunos congresos y jornadas de Psicología a nivel nacional. En la actualidad, ejerce como psicólogo clínico en Psignosis Psicología.


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