

El Ligamento Cruzado Anterior es un ligamento que se encuentra dentro de la rodilla con una disposición diagonal, proporcionando la estabilidad anterior de la rodilla, y evitando el desplazamiento anterior de la tibia sobre el fémur. Además, provee la estabilidad rotacional de la rodilla.
Los atletas que participan en deportes de alta demanda como el fútbol, rugby, baloncesto o balonmano presentan una mayor incidencia de lesión del ligamento cruzado anterior, fundamentalmente por mecanismos como:
En algunos casos, la causa es la presencia de anomalías en la alineación o diferencia de longitud de miembros inferiores.

Las lesiones del LCA no pueden suturarse, por lo que es necesario reconstruirlo y, así, restablecer la función normal de la rodilla. La reconstrucción del ligamento lesionado se realiza mediante el empleo de injerto de tejido, como puede ser el tendón rotuliano, los tendones isquiotibiales (tendones que discurren por detrás del muslo), en ocasiones puede emplearse parte del tendón cuadricipital o un injerto de banco de tejidos (aloinjerto).
La reconstrucción del LCA la realiza el especialista en Traumatología con una técnica mínimamente invasiva, como es la artroscopia, donde se emplean pequeñas incisiones. Las ventajas de realizarlo por vía artroscópica son el de generar mínimo daño, permitiendo así una estancia hospitalaria muy corta (en ocasiones en el mismo día los pacientes pueden regresar a casa) y una recuperación más rápida.
El injerto empleado como nuevo ligamento cruzado anterior requiere tiempo para su integración o incorporación por el propio organismo, pudiendo ser 6 meses o más desde el procedimiento quirúrgico, antes que un paciente pueda regresar a su práctica deportiva.
Un protocolo estándar de recuperación requiere:
La incorporación a la actividad deportiva dependerá del deporte a realizar y de otras variables, como son la recuperación muscular y la sensación de estabilidad percibida por el paciente. Actividades deportivas durante la rehabilitación: