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Craving: definición, modelos teóricos y tratamiento

El término craving hace referencia al deseo intenso y persistente de consumir la sustancia de la cual una persona es dependiente. En otras palabras, se trata de una necesidad fuerte, recurrente y significativa de volver a ingerir una droga determinada.


Tal como plantean Jiménez, Graña y Rubio (2002), este concepto puede entenderse desde diferentes perspectivas. De forma general, puede describirse como la urgencia de consumir de nuevo una sustancia que ya se ha probado en el pasado. Según estos autores, el craving constituye una vivencia subjetiva reportada por muchas personas con adicciones que tratan de mantenerse abstinentes, y se concibe además como un estado motivacional.


Tipos de craving

Si partimos de la idea esencial —el deseo intenso de consumir— podemos distinguir distintas formas de craving en función de su origen (Chesa, Abadías, Fernández, Izquierdo y Sitjos, 2004):

  • Craving para aliviar la abstinencia: surge como mecanismo para reducir los síntomas derivados del síndrome de abstinencia.
  • Craving por anhedonia: aparece cuando la persona en abstinencia experimenta aburrimiento o falta de placer y encuentra como salida volver a consumir.
  • Craving condicionado: se produce como respuesta aprendida frente a estímulos asociados previamente con el consumo de la sustancia.
  • Craving por deseo hedónico: tiene que ver con la asociación entre el consumo y experiencias placenteras, lo que intensifica el impulso de repetir la conducta.



Modelos explicativos del craving

Modelos conductuales

Dentro de este enfoque encontramos dos vertientes: la que entiende el craving como un intento de evitar los síntomas de abstinencia, y la que lo interpreta como la búsqueda de los efectos positivos del consumo (Hervás et al., 2001). Tiffany (1990, citado en De Arce, De Quirós y Labrador, 1994) señaló que la mayoría de teorías coinciden en considerar el craving como un estado subjetivo, emocional y motivacional.


Así, se pueden clasificar los modelos en función de si lo explican por reforzamiento negativo (evitación de la abstinencia) o por reforzamiento positivo (búsqueda de placer).

 

Modelos cognitivos

Los enfoques cognitivos se dividen en dos grandes grupos: aquellos que se basan en los principios del aprendizaje social y los que provienen de la ciencia cognitiva. Los primeros ponen el acento en las expectativas que tiene el individuo sobre el consumo de drogas; los segundos analizan cómo procesa la información, su estilo cognitivo, la memoria y la toma de decisiones (Blasco, Martínez, Raga, Carrasco y Didia-Attas, 2008).


En general, los modelos cognitivos entienden el craving como el resultado de funciones mentales superiores. No sería un simple estado motivacional primitivo, sino un proceso complejo y multidimensional que refleja cómo la conducta adictiva regula el comportamiento (Jiménez et al., 2002).


Modelos neuroadaptativos

Los modelos neuroadaptativos ofrecen una explicación biológica del craving, explorando qué ocurre en el cerebro a nivel de neurotransmisores, estructuras neuronales y funcionamiento general que conduce a experimentar ese deseo intenso (Blasco et al., 2008).


Un aspecto clave en la dependencia es la neuroadaptación, es decir, la transformación progresiva y en ocasiones permanente que sufre el cerebro tras la exposición repetida a la droga. Esta sensibilización permite comprender fenómenos como la tolerancia, la abstinencia o la memoria de recompensa (Koob y Le Moal, 1997).


Las neuronas del núcleo accumbens proyectan hacia la amígdala y el córtex prefrontal. Una de las áreas implicadas es el córtex prefrontal dorsolateral, donde se almacenan recuerdos vinculados al uso de sustancias y sus efectos gratificantes. Cuando una persona se expone a estímulos asociados al consumo, esta región puede activarse junto con otras áreas relacionadas con emoción y recompensa, generando un fuerte deseo de consumir de nuevo (Chesa et al., 2004).

 

Manejo del craving con técnicas cognitivo-conductuales

González (2009) subraya que un enfoque multidisciplinar es esencial para que el tratamiento sea eficaz. Plantea que la combinación de psicofármacos y terapia cognitivo-conductual constituye la estrategia de intervención más efectiva.


Este autor destaca que las técnicas cognitivo-conductuales han mostrado mejores resultados que otros enfoques psicoterapéuticos. De hecho, Ávila (2002, citado en González, 2009) encontró que los tratamientos psicológicos más efectivos se apoyan en principios cognitivos, mientras que los métodos psicoanalíticos, la psicoterapia general y la terapia familiar resultan menos eficaces.


Ante cualquier duda, es esencial consultar con un especialista con experiencia.


BIBLIOGRAFÍA

Blasco, J; Martínez Rafa, J; Carrasco, E; Didia-Atlas, J. (2008). Adicción y Craving o Ganas Compulsivas. Adicciones, 4 (20), 365-376

Centeno Martín, A; Capilla Rojano, P (2001). Tratamiento farmacológico de los problemas por el alcohol. Medicina General, 31, 135-140.

Chesa Vela, D; Elías Abadías, M; Fernández Vidal, E; Izquierdo Munera, E; Sitjos Carvacho, M. (2004). El craving: un componente esencial en la adicción. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 24 (89), 93-112

De Arce, F; Bernaldo de Quirós, M; J.Labrador, F. (1994). El concepto de deseo de consumo por la droga. Psichotema, 6 (3), 367-374

González Salazar, I (2009). Estrategias cognitivo-conductuales para el manejo del craving. Revista De Toxicomanías, 57, 12-17