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¿Cómo afecta la ansiedad a las relaciones?

A estas alturas nadie quedará sorprendido si lee acerca de cómo la ansiedad puede manejarnos o cómo debemos aprender a manejarla cuando aparece, para eso existen una infinidad de artículos a estas alturas.

 

Sin embargo, es importante saber que no es solo una condición que nos afecta de manera individual, sino que puede llegarse a convertir en un problema a la hora de relacionarnos.

 

El enemigo no es la ansiedad

No nos confundamos, el enemigo no es la ansiedad, ni tampoco lo son las relaciones (permitidme no ahondar en claros ejemplos de excepciones como el chantaje o abuso), sino la manera en la que hacemos uso de esa ansiedad.

 

Y sí, hablamos de uso de ansiedad, ya que es un recurso del que disponemos para utilizarlo y regularlo en caso de que se nos dispare y deje de cumplir su misión principal: ayudarnos a responder a las demandas.

 

Para mitigar la ansiedad en las relaciones interpersonales conviene tener en cuenta que no siempre estamos obligados a responder a todas las demandas (la ansiedad te ayuda a hacerlo, pero también hay que seleccionar a cuántas respondemos y cuándo hacemos), así como también debemos saber que, aunque sintamos el miedo de no responder bien a estas demandas, o que se excedan por sí solas (personas muy cargantes, demandantes o compromisos sociales desbordantes, el problema es la manera de responder.

 

el enemigo no es la ansiedad, sino la manera
en la que hacemos uso de esa ansiedad

 

¿Qué impacto tiene la ansiedad en la calidad del sueño y cómo se puede mejorar el descanso nocturno?

Existe un grupo de personas que tiene estrés diario y luego duerme como un bebé, y creo que ese grupo de personas es tan afortunado como envidiado por los que están en el otro grupo. Y además es envidia de la mala, no tenemos que fingir que es de la buena.

 

El impacto natural que tiene la ansiedad es prepararnos para responder ante el entorno, y al acumularse durante el día, provocaría la preparación para una respuesta de lucha o de huida. ¿Luchar o huir de qué? Normalmente de nada, pero ese razonamiento no termina de tranquilizar al cerebro.

 

Una cuestión que suelo sugerir en consulta es que, todo lo que puedas manejar de ansiedad durante el día, tiene menos impacto por la noche. Haz los deberes durante el día y por la noche irá la cosa mejor probablemente.

 

¿Cómo se manifiestan los síntomas físicos de la ansiedad y por qué a menudo se malinterpretan?

Cada vez que una persona me cuenta que sufre ansiedad me describe síntomas bastante diferentes, aunque haya varios comunes. Esto me hace pensar que, bien sea por exceso o defecto de información no se sabe bien qué es la ansiedad, o que existen muchísimas formas de manifestarse.  Lo habitual es interpretar todas estas señales como peligrosas, ya que, como poco, son desagradables.

 

Algunos de estos síntomas son palpitaciones, sudores fríos, temblores, sequedad de boca, pensamiento acelerado, taquicardia, debilidad en el cuerpo, ganas de salir corriendo, falta de aire, sensación de no poder respirar e incluso algunas personas creen sufrir infartos cuando la ansiedad pasa a un pico muy elevado (lo cual solemos llamar ataque de pánico).

 

No es necesario tener todos estos síntomas ni tampoco tienen que ser muy llamativos, pero tampoco pretendo patologizar cualquier sensación relacionada con la ansiedad. Recordemos que la ansiedad no es en sí peligrosa ni una patología per se, sino una consecuencia natural del exceso de demandas o percepción de peligros.

 

¿Qué papel juegan los pensamientos intrusivos en la ansiedad y cómo se pueden gestionar?

La mente tiene una ingeniosa estrategia de adaptación a la ansiedad que consiste en pensar en exceso sobre un problema si no termina de digerir la sensación que provoca. Si tienes un problema de exceso de carga de trabajo, tu ansiedad se dirigirá probablemente a intentar predecir la siguiente carga laboral, la forma de cambiar de trabajo más prudente; pero también pueden acabar transformándose estos pensamientos en la necesidad de controlar muchas situaciones diarias, o focalizarse por temas que aparentemente no tengan que ver con el problema original con tal de desviar la atención.

 

Pero esto quizá sea una buena forma de abordar la ansiedad, saber que los pensamientos son un síntoma, es decir, un reflejo de que aquello que nos está afectando puede estar conectado de forma más o menos directa con lo que nos afecta.

 

¿Cómo puede la ansiedad influir en la toma de decisiones y el rendimiento en el trabajo o en los estudios?

Si nunca te has venido abajo por exceso de ansiedad en el trabajo o estudio, o nunca te ha bloqueado hasta el punto de no seguir rindiendo, enhorabuena: no has estudiado ni trabajado nunca entonces.

 

De hecho, necesitamos ansiedad para desempeñar estas tareas, como bien se dijo anteriormente, debido a que la necesitamos para cumplir con las demandas que percibimos (y más si estas son tan explícitas). Sin ansiedad, el estudiante se duerme con los apuntes delante, deja de temerle al suspenso y se confía. Sin ansiedad, el trabajador deja de rendir lo suficiente, no se concentra en sus tareas y, a menos que esté muy confiado en su estabilidad laboral, podría poner en riesgo su puesto.

 

Estas herramientas a veces no las conocemos, otras veces las conocemos y no las hemos estrenado, y otras puede que hayan quedado olvidadas, e incluso algunas pueden estar obsoletas para nuevas circunstancias vitales.

 

Afortunadamente estas herramientas pueden ser aprendidas y redescubiertas, y desde luego pedir ayuda profesional puede ser una de esas herramientas. Con la ansiedad no hay enemigos, sino estilos de afrontamiento.