

Hoy en día, los resultados finales son una de las principales preocupaciones en cirugía plástica, especialmente en el caso de la rinoplastia, en el que se cambia el aspecto de una parte fundamental del rostro, la nariz. Es habitual que muchas pacientes lleguen a nuestra consulta esperando un “milagro”, aunque en la consulta prequirúrgica se deja claro que los milagros y la perfección no existen, ni con cirugía. Es labor del cirujano que las expectativas del paciente sean realistas, conociendo sus ventajas y los potenciales riesgos.
En el momento en el que alguien decide someterse a una rinoplastia, su principal objetivo es que el resultado sea natural, es decir, que la “nueva” nariz no de la sensación de ser artificial. Es posible que antes fuesen más habituales este tipo de resultados poco naturales, tanto porque la propia rinoplastia estaba menos desarrollada como porque el paciente que se sometía a la intervención así lo deseaba.
Hoy en día, en la rinoplastia se busca principalmente armonía en las proporciones faciales con el suavizado de perfil nasal. En esta línea, la rinoplastia puede tener una serie de limitaciones por las propias características de cada paciente en la remodelación que se puede hacer, es decir, perfil, forma, tamaño…
Cada paciente tiene unas características propias y únicas: una piel más o menos sensible, más o menos gruesa, con más o menos tejido… así como una estructura cartilaginosa interna distinta. Es por esto, que el cirujano nunca te prometerá una nariz igual a la de otra persona, ya que su objetivo es conseguir los beneficios estéticos en función de las características y proporciones propias, y no copiando los rasgos de otra persona totalmente distinta.
Antes de hacer una rinoplastia o una rinoplastia ultrasónica, el cirujano plástico realiza un estudio pormenorizado de la nariz del paciente, desde todos los ángulos —de perfil, de frente, en escorzo, desde abajo o desde arriba— así como expresiones faciales como la sonrisa, relajación, gesticulación… Así, se pueden observar todos los condicionantes que pueden afectar a la rinoplastia, como su posición, el grosor, anchura, puente, asimetría en orificios, aletas o columela.
Como tal, la nariz está compuesta por dos zonas que se diferencian muy bien en composición y características. Existe una zona compuesta por tejido óseo, que se conoce como zona dura, y otra formada por tejido cartilaginoso, que es la zona blanda. La zona dura de la nariz se conoce también como dorso, que ocupan los dos tercios superiores de la nariz y la zona blanda, que se sitúa en el tercio inferior, es la denominada punta, que incluye los orificios nasales, las aletas que los conforman y la parte inferior del tabique nasal. Estudiando estas variables, se elabora un plan quirúrgico personalizado para la rinoplastia de cada paciente.
Una vez que se ha realizado el examen previo y se ha identificado el problema, el cirujano despejará las dudas al paciente de lo que sí se puede hacer en una rinoplastia. Es decir, qué cambios se harán en el tamaño, la orientación o la forma de la nariz, para poder así cumplir las expectativas sin tener un resultado natural en la rinoplastia. En función de donde se localice el problema estético, se abordará de una u otra forma.
En la zona blanda, tejido cartilaginoso
En la zona dura, tejido óseo
Que las partes de la nariz estén bien diferenciadas no implica que las partes se trabajen independientemente durante la rinoplastia. La nariz como tal es un conjunto, y las acciones afectan a toda la nariz para que esta tenga proporciones armónicas respecto a la estructura facial. Por otro lado, la rinoplastia ayuda también a mejorar la funcionalidad de la nariz, si fuese necesario.
Quizá ahora tengas más claros cuáles pueden ser los problemas estéticos que afectan a tu nariz. Para ello, lo más sencillo es que te pongas en manos de un cirujano experto en rinoplastia, como el Dr. Francisco Solesio, cirujano plástico en Alicante.
Cirugía Plástica, Estética y Reparadora en Alicante (Alacant)