

Se conoce como lumbago o lumbalgia aquel dolor situado en la zona baja de la espalda, glúteos o cadera. Es importante hacer distinción entre la lumbalgia aguda y la crónica. Y, lo más importante, el médico tiene que tener en cuenta los riesgos de que el dolor agudo se cronifique y se haga persistente.
La lumbalgia aguda es aquella que dura unas semanas (2-4) y remite con el tiempo. La lumbalgia crónica es aquella que permanece más de tres meses.
Puede aparecer por las siguientes razones:
Existen una serie de factores de riesgo que hacen más fácil la aparición de una lumbalgia:
La mayoría de las veces, el origen de la lumbalgia es inespecífico, sin una causa clara y el dolor suele estar limitado a una región de la columna vertebral (trastorno funcional). En un bajo porcentaje de las veces, el dolor es específico, pudiendo determinar su causa; suele ser irradiado a la pierna y estar asociado a radiculopatía y estenosis vertebral.
En los dos cuadros abajo indicados se muestran los tipos de dolor lumbar y sus características y las estructuras de la columna lumbar susceptibles de provocar una dolencia.
Se puede prevenir, especialmente las crisis de lumbago en pacientes con lumbalgia crónica, pero en general se recomienda:
Y en aquellos pacientes con factores de riesgos asociados como puedan ser los que tienen episodios frecuentes de lumbalgia o pacientes operados de espalda, se recomienda además de lo anterior:
El tratamiento de la lumbalgia es muy amplio y va desde un simple analgésico o antiinflamatorio a técnicas intervencionistas algo más agresivas.
En general, las lumbalgias agudas remiten en pocas semanas y se suelen tratar con fármacos tales como paracetamol, antiinflamatorios, tramadol y a veces corticoides sistémicos. Sin embargo, las lumbalgias crónicas, se suelen tratar con un abordaje multidisciplinar que consiste en rehabilitación (fisioterapia), tratamiento farmacológico y tratamiento intervencionista.
Para la lumbalgia aguda, el tratamiento se centra en la terapia física, estimulando al paciente a que se mueva lo antes posible. Las opciones son las siguientes:
El tratamiento de la lumbalgia crónica es más complejo y complicado. Quizás, lo más importante es ayudar a los pacientes a autocontrolar su enfermedad con el objetivo de reducir el dolor y su impacto en la calidad de vida.
A diferencia del dolor agudo y en general, el tratamiento de la lumbalgia crónica debería empezar por un tratamiento intervencionista, seguido de medicación y posteriormente por tratamiento no farmacológico.
Disponemos de las siguientes opciones:
O dicho de otra manera:
Nos centraremos en el tratamiento farmacológico y el intervencionista.
Dado que en la lumbalgia el dolor suele ser mixto, es decir, tiene varios mecanismos de producción de dolor, el tratamiento farmacológico deberá ir dirigido a dichos mecanismos. Por un lado se pautan analgésicos y antiinflamatorios, pero no es raro que un paciente con lumbalgia, reciba otro tipo de fármacos “raros”, como pregabalina, gabapentina... Estos últimos, se pautan a causa de la cronicidad de la lumbalgia.
En cuanto al tratamiento intervencionista, es muy amplio el espectro de técnicas para tratar la lumbalgia, pero a grandes rasgos, podríamos destacar la aplicación de radiofrecuencia térmica o pulsada en estructuras nerviosas y la administración de esteroides epidurales. A veces es necesario, complementar estas técnicas con bloqueos o infiltraciones en estructuras miofasciales (músculo piramidal, ligamento iliolumbar...).