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Causas de la pérdida del deseo sexual en la mujer

El nivel de deseo sexual tiene un origen multifactorial, con causas físicas, psicológicas y relacionales, sobre todo referentes a la relación de pareja, que vamos a analizar a continuación.


Algunas mujeres tienen un apetito sexual satisfactorio en una etapa de la vida, más frecuentemente en la juventud, que disminuye bruscamente tras algún evento adverso o gradualmente, a medida que las dificultades o responsabilidad vitales van mermando el tiempo disponible para el descanso, para las actividades lúdicas y para ellas mismas. Las preocupaciones y problemas de salud, económicas, laborales y de otras índoles pueden contribuir también al descenso de la libido.


En otros casos, la mujer no ha desarrollado suficientemente su capacidad erótica, ni en la infancia ni en la adolescencia, de forma que cuando inicia su vida sexual con pareja ya parte de un nivel de deseo sexual bajo.


En ambos casos, el resultado es un escaso interés en iniciar las relaciones sexuales y una dificultad para excitarse cuando su pareja las inicia. Puede ir acompañado de ausencia de orgasmos o de dificultad para alcanzarlos.



Causas físicas

Los niveles de estrógenos, gestágenos y de testosterona influyen en el deseo sexual. Estos niveles pueden ser estudiados por un médico especialista en Ginecología a través de una analítica de sangre. Si el método anticonceptivo es hormonal, ha de tenerse en cuenta y valorar su posible influencia y la conveniencia de ser sustituido por otro método. Solicitar una evaluación médica con Ginecología debería ser el primer paso a dar para encontrar una solución a la falta de deseo sexual en la mujer.


Hay otros medicamentos, además de la anticoncepción hormonal, que también pueden disminuir el deseo sexual, como los antidepresivos, antipsicóticos, antiepilépticos, antihistamínicos, anfetaminas, algunos analgésicos como la morfina, benzodiacepinas y agentes cardiovasculares, entre otros. La mujer puede consultar a un médico de atención primaria cuáles son los efectos sobre el deseo sexual de sus tratamientos o al especialista que los haya prescrito. La presencia de enfermedades y de dolor crónico también menoscaban el deseo sexual y la capacidad de disfrute en general.


La forma física influye enormemente en la calidad de la vida sexual. El deporte mejora el estado anímico y aumenta el deseo sexual. La realización de deporte es una de las maneras más rápidas de aumentar el deseo sexual. En concreto, los ejercicios que fortalecen la musculatura de suelo pélvico, también llamados ejercicios de Kegel, aumentan rápidamente el deseo sexual y la capacidad para llegar al orgasmo, ya que estos músculos intervienen en la respuesta de excitación y en el orgasmo.


Causas psicológicas

Las causas psicológicas son las que más a menudo afectan al deseo de la mujer, pero pueden ser más difíciles de identificar que las médico-físicas. Engloban los problemas en la relación de pareja, el estado psicológico y emocional de la mujer, su personalidad y el desarrollo erótico previo.


El distanciamiento de la pareja, los conflictos frecuentes, la pérdida de la confianza, la falta de espacios privados y de tiempo de intimidad durante la crianza o el cuidado de enfermos y ancianos pueden ser algunas de las causas del deterioro de la relación de pareja y pueden menoscabar el interés sexual de la mujer. Si se da esta situación, acudir a una terapia de pareja es la solución más recomendable.

El estado psicológico de la mujer es determinante para que el deseo sexual se mantenga alto. La ansiedad y el estado de ánimo bajo deterioran la vida sexual, especialmente en las mujeres. La ausencia de libido está considerada como un síntoma de la depresión. Los problemas de salud de familiares, las cargas domésticas y de cuidado de personas mayores o enfermas, los problemas laborales y económicos pueden requerir una inversión de tiempo, atención y energía tan elevada que hagan que la mujer pierda el interés en el disfrute sexual. El reparto de estas tareas y responsabilidades entre todos los miembros de la familia puede contribuir positivamente a la recuperación del disfrute -tanto vital como sexual- de la mujer.


En ocasiones, las mujeres se implican excesivamente en estas tareas y necesitan la ayuda de un psicólogo para aprender a delegar y a repartir las responsabilidades. Por otro lado, la psicoterapia puede también mejorar el estado anímico, la ansiedad y el estilo de afrontamiento de los problemas de la mujer.


Cuando ha habido experiencias sexuales negativas, desagradables o abusivas previas, tanto si se han dado en la infancia, en la adolescencia o en la adultez, es esencial asegurarse de que ya han sido realmente superadas y que ya no están interfiriendo en la vida sexual. La terapia psicológica con EMDR es especialmente eficaz para el tratamiento del trauma, sexual y no sexual.


En los casos en los que la capacidad de disfrute sexual ya era escasa desde un inicio, la terapia sexual facilita el desarrollo erótico de la mujer y ayuda a la pareja a desarrollar interacciones sexuales satisfactorias para ambos. Acudir a un especialista en Sexología puede mejorar decisivamente la vida sexual de la pareja.


Lo más importante es que ambos miembros de la pareja mantengan una actitud positiva, centrada en la búsqueda de soluciones y en la comprensión y apoyo mutuos, en lugar de acusarse mutuamente de los errores e insatisfacciones.


Los especialistas en Psicología y Sexología pueden ofrecer ayuda a las parejas para recuperar una vida sexual y relacional positiva y saludable.