

La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se caracteriza por el desgaste progresivo del cartílago que recubre los extremos de los huesos, provocando dolor, rigidez y pérdida de movilidad.
Aunque suele asociarse al envejecimiento, otros factores como el sobrepeso, la genética o el uso excesivo de las articulaciones pueden contribuir a su desarrollo.
El desgaste del cartílago articular es el principal desencadenante de la artrosis, pero existen diversas causas y factores de riesgo que influyen en su aparición:
Los síntomas pueden variar según la articulación afectada y el grado de progresión de la enfermedad, pero los más comunes incluyen:
El diagnóstico se basa en la evaluación médica, el historial clínico del paciente y pruebas complementarias como radiografías, que permiten visualizar el desgaste del cartílago y la formación de osteofitos (pequeños crecimientos óseos en los bordes de la articulación).
En algunos casos, se pueden realizar resonancias magnéticas o análisis de líquido sinovial para descartar otras patologías.
Si bien no siempre se puede prevenir, adoptar hábitos saludables puede reducir el riesgo de desarrollar artrosis o retrasar su progresión:
La artrosis es una enfermedad crónica que puede afectar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen. Sin embargo, con un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado, es posible controlar los síntomas y mantener una buena movilidad.
Consultar con un especialista ante los primeros signos es clave para evitar el avance de la enfermedad y encontrar la mejor estrategia terapéutica para cada paciente.