

El síndrome de Sjögren pertenece al grupo de enfermedades autoinmunes sistémicas, procesos que son de origen desconocido, en las que hay una alteración inmunitaria, con producción de anticuerpos que agreden a las propias estructuras del enfermo.
Esta enfermedad se describió por un oftalmólogo sueco en 1933, el Doctor Sjögren, en mujeres que padecían una artritis reumatoide. Desde entonces, los especialistas han ido avanzando en el conocimiento de esta enfermedad, que puede presentarse de forma aislada y la conocemos como síndrome de Sjögren primario, o puede estar asociada a otras enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso, artritis reumatoide, esclerodermia, dermatopolimiositis, hipotiroidismo por tiroiditis de Hashimoto, etc.
La enfermedad afecta más frecuentemente a mujeres en edad media de la vida, si bien se puede presentar en niños y personas de edad avanzada. Los síntomas más habituales son sequedad, más o menos intensa, en los ojos, en la boca, la nariz, la faringe, la piel y vagina.
Otras manifestaciones clínicas frecuentes serian:
También es posible, pero menos frecuente, que aparezcan otros síntomas como:
Asimismo, en el síndrome de Sjögren, existe la posibilidad de aparición de linfomas, generalmente de bajo grado de malignidad, pero que siempre hay que valorar en cada revisión.
De todos estos síntomas, los más constantes suelen ser los oculares, en forma de sequedad más o menos intensa, quemazón, picor, y la sensación de tener tierra o arenilla en los ojos. En ocasiones, se puede producir visión borrosa o aumento de la sensibilidad ante la luz intensa, más con la fluorescente.
La sequedad en la boca es otra manifestación muy molesta, con una sensación pastosa, como de tener tiza en la boca o como si estuviera llena de algodón, y necesidad de tener que tomar mucha agua para poder comer.
También puede presentarse dificultad para tragar, hablar o distinguir el sabor de los alimentos; y en algunas ocasiones, se pueden contraer infecciones bacterianas, virales o por hongos, apareciendo manchas blancas, rojas o sensación de ardor en la boca.
Otros síntomas que pueden aparecer, según los órganos que se hayan afectados, son:
Aún se desconoce la causa que origina el síndrome de Sjögren. Cómo ya se ha mencionado, se trata de un trastorno autoinmunitario, en el que el sistema inmunológico de la persona afectada lesiona, por error, al tejido sano.
Se cree que el síndrome aparece por la conjunción de unos factores genéticos y ambientales, entre los que se han involucrado a los virus, que, interaccionando entre ellos, provocarían un desorden inmunológico que conduce a una producción anormal de autoanticuerpos que reaccionan contra células del organismo.
En este sentido, la hepatitis C puede afectar a las glándulas salivares y parecerse clínicamente al síndrome de Sjögren, incluso ambas entidades pueden coexistir en una misma persona.
Es bueno, en general, si bien existen diferencias significativas, como en todas las enfermedades, entre unos pacientes y otros. Un denominador común en este síndrome, es una peor calidad de vida, dadas las molestias que generan la sequedad generalizada, así como el cansancio y los dolores musculoesqueléticos.
El pronóstico es peor si hay órganos importantes afectados, aunque hay diversos tratamientos, de menor o mayor potencia, que pueden modificar favorablemente el curso de estas posibles complicaciones.
Con respecto del linfoma, este puede aparecer con una ligera mayor posibilidad en enfermos con el síndrome de Sjögren, por lo que es necesario contemplar en cada revisión esta posibilidad, y valorar algunos síntomas frecuentes en estos tumores como:
El médico realizará la historia clínica completa y un examen físico ordenado, por órganos y aparatos, en los que se podrá detectar la sintomatología más relevante, y valorar los órganos afectados. En este se evaluará:
Conviene mencionar que muchas personas pueden padecer síndromes de sequedad, por otras causas además del síndrome de Sjögren, como menopausia, personas mayores, sequedad causada por psicofármacos, personas con depresión y ansiedad y otras patologías, por lo que son necesarios otros estudios, para establecer un diagnóstico correcto, y que detallamos a continuación.
En cuanto a los estudios complementarios a realizar es necesario incluir los siguientes:
Se podrán indicar otras pruebas, analíticas, de imagen o de electrofisiología, orientadas de acuerdo con los datos de la historia clínica y examen físico
El principal objetivo de los tratamientos de este síndrome es aliviar los síntomas, y todos los pacientes no tienen los mismos síntomas, y su intensidad también puede ser diferente, por lo que, como es habitual en medicina, el tratamiento debe ser individualizado, y lo más precoz posible.
Algunas recomendaciones generales serian:
En cuanto a los medicamentos, se pueden usar antiinflamatorios no esteroideos o hidroxicloroquina para los dolores osteomusculares y el cansancio, reservando los corticoides, inmunosupresores, plasmaféresis, inmunoglobulinas y terapias biológicas para cuando hay complicaciones de tipo neurológico o vasculitis, o afectación de algún órgano importante.
Los expertos en enfermedades autoinmunes son fundamentalmente los médicos internistas y los reumatólogos, con el imprescindible control evolutivo más cercano del médico de atención primaria, y siendo muy necesario, en bastantes ocasiones, el apoyo de especialistas como:

