

La agorafobia se define como el temor de encontrarse en situaciones de las que puede ser difícil escapar o que no se cuente con la ayuda necesaria en caso de que se produzca una crisis de pánico o a tener otros síntomas incapacitantes o que averguenzan.
Algunas de las situaciones más habituales que causan agorafobia son:
Los factores que influyen en el desarrollo de la agorafobia incluyen aspectos biológicos (incluyendo la enfermedad y la genética), el carácter, el estrés y las experiencias vitales.
Entre los factores de riesgo de la agorafobia se incluyen los siguientes:
Los signos y síntomas de un ataque de pánico pueden comprender:
En caso de que la agorafobia no sea tratada puede agravarse impidiendo a la persona salir de casa, haciéndola totalmente dependiente de los demás. Asimismo, la agorafobia puede desencadenar en otros problemas de salud como depresión, abuso de alcohol o drogas y otros trastornos mentales.
Por lo general, el tratamiento de la agorafobia efectivo incluye una combinación de estrategias psicoterapéuticas que permitan a la persona reconocer y superar los pensamientos que causan ansiedad. Entre estas técnicas destacan la relajación y la exposición gradual en la que la persona consigue enfrentarse gradualmente a las situaciones evitadas con las indicaciones del terapeuta.
Un cambio en estilo de vida también resulta beneficioso en el tratamiento de la agorafobia. Para ello, es recomendable evitar el alcohol, las drogas y la cafeína, llevar una dieta sana y equilibrada, hacer ejercicio con regularidad y practicar ejercicios de respiración.
Así mismo, en ocasiones, puede resultar útil combinar la psicoterapia con tratamiento farmacológico. Si desea más información, consulte con un especialista en Psicología.