

Las orejas prominentes, conocidas comúnmente como orejas de soplillo o en asa, representan una de las preocupaciones estéticas más comunes del rostro.
La otoplastia es la cirugía que se emplea para corregir las irregularidades estructurales de la oreja, proporcionando resultados altamente satisfactorios para los pacientes.
El malestar psicológico asociado a las orejas prominentes comúnmente comienza en la infancia, particularmente en los primeros años escolares, donde los niños a menudo lo utilizan como motivo de burla o insulto entre sí.
Este escenario puede originar complejos y dificultades de adaptación social que perduran desde la infancia hasta la adolescencia. Normalmente, se observa que las niñas prefieren no llevar el cabello recogido o coleta para ocultar sus orejas con el pelo o con diademas.
Los niños, por su parte, tienden a usar gorras o dejar crecer su cabello. En algunos casos, no hay una alteración morfológica real del pabellón auricular; el malestar es completamente psicológico.
Son orejas que presentan una distancia exagerada con respecto al cráneo y pueden exhibir las siguientes características:
Estas orejas se distinguen por ser visiblemente más prominentes desde una vista frontal, ya que tienden a estar orientadas más hacia adelante, lo que altera la armonía estética del rostro.
La otoplastia se enfoca en corregir la separación excesiva entre las orejas y las anomalías morfológicas causantes de dicha condición. Para lograr estos objetivos, se emplean diversas técnicas quirúrgicas adaptadas a cada situación específica:
En la cirugía de otoplastia, la cicatriz se sitúa en la parte trasera del pabellón auricular, exactamente en el pliegue donde este se une con la cabeza. Esto permite que la cicatriz sea prácticamente invisible, ya que todas las intervenciones quirúrgicas se realizan desde la parte posterior de la oreja, minimizando cualquier señal visible de la cirugía.
El procedimiento generalmente se realiza bajo anestesia local acompañada de sedación, eliminando la necesidad de anestesia general, aunque en el caso de niños pequeños, puede optarse por utilizar anestesia general.
La cirugía dura entre 45 minutos y una hora.
Se lleva a cabo en régimen de hospital de día, lo que significa que, después de un período de recuperación de 2 a 3 horas, el paciente puede ser dado de alta y continuar su recuperación en casa.
Generalmente, los resultados de la otoplastia son altamente satisfactorios, logrando una colocación del pabellón auricular más próxima a la cabeza, conforme a las expectativas del paciente. Es fundamental que el cirujano plástico informe sobre las posibles asimetrías o pequeñas diferencias morfológicas que son comunes entre las orejas, para establecer expectativas realistas de que es poco probable que ambas orejas queden exactamente idénticas.
El resultado tiende a ser muy natural, y, además, la cicatriz queda discretamente oculta detrás de la oreja, lo que contribuye a la satisfacción general con el procedimiento.
Como ya se mencionó, en la otoplastia se emplean diversas técnicas quirúrgicas diseñadas para posicionar adecuadamente el pabellón auricular, recrear pliegues y remover excesos de cartílago. Si las orejas vuelven a su posición anterior tras la operación, es crucial consultar primero al especialista que realizó la intervención para evaluar la situación adecuadamente.
Es posible que algunas suturas o puntos quirúrgicos hayan cedido o se hayan soltado, permitiendo que el cartílago, debido a su tendencia a "recordar" su forma original, regrese a su posición previa. Aunque es poco común, este fenómeno puede ser provocado por un traumatismo en la oreja, el uso excesivo de cascos de moto o similares, o en raras ocasiones, de manera espontánea.
En estos casos, generalmente basta con reajustar los puntos o suturas que se hayan soltado para corregir la posición de la oreja. Rara vez es necesario repetir la cirugía completa.
Cirugía Plástica, Estética y Reparadora en Málaga