

Cada año se diagnostican 160.000 nuevos casos de melanoma en todo el mundo, según datos de la Asociación Contra el Cáncer. En España se estima que afecta a 3.600 personas cada año. Es llamativo como, al contrario de otros tipos de cáncer, la incidencia de melanoma ha aumentado en las últimas décadas.
A contrario de hace unos años, la clasificación hoy en día más útil de cara a decidir el tratamiento es en función de las diferentes alteraciones moleculares del melanoma (análisis de genes BRAF, NRAS, ckit, GNAQ, GNA11, etc).
Clásicamente y desde un punto morfológico, los melanomas se clasificaban en:
Melanoma de extensión superficial. Aunque puede originarse en cualquier parte del cuerpo, es común en la espalda y en los miembros inferiores de las mujeres y en el tronco de los hombres. Respecto a la apariencia es plano o irregular en forma y en color y con sombras variables de negro y marrón.
Normalmente una inspección ocular no es suficiente para que el especialista en Oncología Médica diagnostique un melanoma. Frecuentemente se da que lesiones cutáneas benignas se confunden con este tipo de cáncer de piel y a la inversa, que lesiones malignas pueden tener un aspecto benigno.
Existen algunos signos que pueden hacer sospechar la aparición de cáncer de piel melanoma, como por ejemplo cambios de color, crecimiento, picor o sangrado de un lunar. El diagnóstico precoz, en fases poco avanzadas de la enfermedad, es curativo, y hoy en día es posible realizarlo mediante tecnología específica dermatológica. La recomendación que solemos hacer todos los expertos para prevenir el melanoma es evitar la exposición solar.