La medicina estética que entiendo: cuidar sin transformar
Durante mucho tiempo, la medicina estética se ha asociado casi exclusivamente a la imagen. A corregir una arruga. A recuperar volumen. A modificar un rasgo. A intentar detener el paso del tiempo.
Pero mi manera de entender la medicina estética es diferente. Para mí, la medicina estética no debería consistir en transformar a una persona para acercarla a un determinado ideal de belleza. Debería consistir en acompañarla para que pueda seguir reconociéndose en el espejo.
La estética también forma parte de la salud
Nuestra imagen influye en cómo nos sentimos, en nuestra autoestima y en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Por eso, cuidar el aspecto externo no está reñido con cuidar la salud.
La piel, el cabello, el rostro y la composición corporal forman parte de nuestro organismo y están profundamente relacionados con factores internos como las hormonas, el metabolismo, la
alimentación, el descanso, el estrés o el envejecimiento.
Cuando entendemos esas relaciones, la medicina estética deja de ser simplemente una cuestión de apariencia.
Se convierte en una parte más del cuidado integral de la persona.
No quiero cambiar quién eres
Uno de los principios que considero fundamentales en mi práctica es preservar la identidad.
No creo que el objetivo deba ser conseguir un rostro perfecto, idéntico a otros o completamente ajeno al paso del tiempo.
Creo en una estética que respete las proporciones, la anatomía y las características propias de cada persona.
A veces, el mejor resultado no es que los demás sepan que te has realizado un tratamiento. Es que te vean mejor y sigas siendo tú.
La importancia de individualizar
No todas las pieles envejecen igual. No todos los rostros tienen las mismas necesidades. No todas las personas buscan lo mismo.
Por eso, antes de indicar un tratamiento, considero necesario comprender quién tenemos delante.
Su edad, su anatomía, su estado de salud, sus hábitos, sus expectativas y también aquello que quiere conservar.
La medicina de precisión aplicada a la estética significa precisamente eso: no tratar una cara como si fuera una fotografía aislada, sino comprender a la persona que hay detrás.
Menos puede ser más
En medicina estética, creo profundamente en la prudencia.
No todo lo que se puede hacer necesita hacerse. A veces, un pequeño gesto puede aportar mucho. Y otras veces, la mejor decisión médica es esperar, no tratar o recomendar otra estrategia.
El objetivo no debería ser hacer más. Debería ser hacer lo necesario, en el momento adecuado y con un criterio médico.
Envejecer también puede ser una forma de salud
No entiendo el envejecimiento como una enfermedad que tengamos que combatir. Envejecer forma parte de la vida.
Lo que sí podemos hacer es acompañar ese proceso para conservar la salud, la función, la vitalidad y, cuando la persona lo desea, también la armonía de su apariencia.
Por eso, para mí, la medicina estética forma parte de una visión mucho más amplia: una medicina que busca cuidar tanto lo que somos por dentro como la forma en la que nos presentamos al mundo. Porque quizá la verdadera medicina estética no consista en parecer otra persona.
Consista en seguir pareciéndonos a nosotros mismos, pero en nuestra mejor versión.


