

En muchas ocasiones nos cuesta diferenciar entre el hambre física y el hambre emocional. Principalmente, el hambre emocional hace que ingiramos alimentos de forma inconsciente, condicionados por nuestro estado de ánimo bien de euforia o excitación o de tristeza, ansiedad, estrés, nervios, rabia, impotencia, soledad…
Algunos de los tips que nos ayudarían a diferenciar el hambre física vs del hambre emocional serían mediante las siguientes preguntas. Esto nos ayudará a diferenciar cuál es el disparador emocional en cada caso.
Se presenta gradualmente y se puede posponer durante la jornada. Además, se satisface con cualquier tipo de comida y una vez estás saciado dejas de comer. El hambre física no ocasiona sentimiento de culpa una vez has finalizado.
Por otro lado, el hambre emocional se presenta de forma súbita y está asociada a las emociones. Se trata de un hambre que aparece de manera repentina y requiere de urgencia.
La tendencia nos lleva a comer más cantidad de lo normal y continúas comiendo a pesar de sentirte lleno; asimismo, causa antojos de comida muy específica, generalmente dulces o hiper calóricos. Por lo que, después, genera sentimientos negativos y de culpa.
Nuestras circunstancias diarias promueven la convivencia de muchas emociones en nuestro interior. Las preocupaciones pueden ser multifactoriales: preocupaciones por nuestro trabajo, por nuestra salud o la de los nuestros, económicas, familiares.
Todos estos estresores diarios, que nos acompañan, nos complican la gestión emocional de nuestras emociones y por ello acudimos a la comida como una fuente de placer y/o bienestar. Aparentemente nos aportan calma y satisfacción inmediata, pero en el fondo no nos resuelven dichas inquietudes o preocupaciones base.
Nos damos cuenta de que esta hambre no es fisiológica cuando consiste en llenar una sensación de vacío interior. También cuando es una manera de mitigar emociones incómodas que estamos sintiendo. En estos casos estaríamos sufriendo ansiedad emocional, que nos impide llevar a cabo una alimentación saludable y consciente. Si notamos estos síntomas podemos acudir a un especialista en Psicología.
Algunas de las recomendaciones que pueden servir de ayuda serían las siguientes: