

Existen una serie de condicionantes y factores que pueden propiciar el desarrollo del cáncer de hígado.
El exceso de consumo de alcohol, la infección crónica por virus hepatitis B y C, el hígado graso de origen no alcohólico, la exposición a tóxicos como las aflatoxinas, la cirrosis y la diabetes son factores que pueden contribuir al desarrollo de cáncer de hígado.
Así mismo, la existencia de tumores en otras localizaciones como el colon, estómago, intestinos, pulmón, mama y tiroides entre otros, puede condicionar el asentamiento de células en el hígado que recibe el nombre de metástasis.
A día de hoy, el tratamiento de elección y más radical para los tumores del hígado sigue siendo la cirugía.
El cáncer de hígado puede diagnosticarse precozmente en los pacientes que tienen condiciones predisponentes, como por ejemplo el hígado graso, cirrosis, virus hepatitis B o C, consumo de alcohol, entre otros.
En estos pacientes se recomienda un seguimiento estricto con pruebas de imagen hepáticas cada 3-6 meses.
El cáncer de hígado no suele dar síntomas en sus etapas iniciales, sin embargo, en sus estadios más avanzados podemos encontrar sintomatología.
Los signos más habituales son la hinchazón abdominal, abombamiento del abdomen por debajo de las costillas en el lado derecho, pérdida de apetito, náuseas y vómitos, coloración amarillenta de la piel, heces más claras y orinas más oscuras, entre otros.
El cáncer de hígado dispone de un amplio abanico de posibilidades de tratamiento que han avanzado mucho los últimos años:
La valoración por un/a especialista experto es fundamental para orientar el mejor tratamiento en cada paciente. Si desea más información sobre el cáncer de hígado, consulte con un cirujano general.