

El deterioro cognitivo consiste en una disminución de capacidades como la memoria, la atención, el lenguaje o las funciones ejecutivas respecto a lo esperado para la edad y el nivel educativo. Leticia Pérez del Tío, psicóloga sanitaria especializada en Neuropsicología y Psicogerontología, destaca la importancia de valorar cada caso de forma individual, ya que no todo olvido implica una enfermedad neurodegenerativa.
Algunas señales son olvidar información reciente con mayor frecuencia, tener dificultades para encontrar palabras, mantener la atención, organizar actividades o resolver problemas que anteriormente se realizaban con facilidad. En España, un estudio poblacional publicado en 2024 encontró que el 31% de las personas mayores de 50 años encuestadas refería problemas de memoria (González García et al., 2024).
El deterioro cognitivo leve puede mantener la autonomía de la persona, mientras que la demencia implica una repercusión funcional más significativa.
El diagnóstico combina la historia clínica, la información aportada por la persona y su entorno, exploraciones médicas y pruebas cognitivas. La evaluación neuropsicológica permite analizar memoria, atención, lenguaje y funciones ejecutivas, además de considerar edad, escolaridad, estado emocional y medicación.
Las guías clínicas recomiendan descartar causas potencialmente reversibles, como determinados trastornos médicos, depresión o efectos de medicamentos, antes de establecer un diagnóstico definitivo.
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El tratamiento depende de la causa. Puede incluir intervención neuropsicológica, estimulación o entrenamiento cognitivo, actividad física y control de factores de riesgo cardiovascular. Revisiones recientes encuentran beneficios de programas de ejercicio, especialmente cuando combinan diferentes componentes, sobre determinadas funciones cognitivas en personas con deterioro cognitivo leve.
Consultar ante cambios persistentes permite determinar su origen y establecer un plan de intervención individualizado. La participación de la familia también facilita el seguimiento y la adaptación de las estrategias a la vida cotidiana.
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